La mata y la hornea por amor a su PlayStation

Hay madres que están para comérselas, algo que todo consumidor habitual de eroges sabrá, pero parece ser que este romántico muchacho de 16 años le dio una interpretación equivocada...

Hay madres que están para comérselas, algo que todo consumidor habitual de eroges sabrá, pero parece ser que este romántico muchacho de 16 años le dio una interpretación equivocada a la expresión, pues acabó metiendo a su madre en el horno, no sin antes darle unos cuantos martillazos mientras dormía.

Según declaraciones del joven hikikomori, residente de Philadelphia, había cometido este parricidio porque su madre le había quitado anteriormente su PlayStation. Un triángulo amoroso que ha acabado en tragedia.

Tras descubrirse el cadáver de la madre en la parte trasera de la casa, el chico confesó a la policía que “echaba mucho de menos a su madre” y que “no lo volvería a hacer” porque era la única persona que lo valoraba. En el momento del calentón no recordó que en la vida real no hay vidas extra ni partidas guardadas. Maldito Romanticismo.

Dejando atrás el humor negro, este tipo de actos sólo pueden ser llevados a cabo por personas desequilibradas que juegan a la PSX en lugar de la PS3, y que en ningún momento la videoconsola es la responsable de tal atrocidad, por mucho que los periódicos se empeñen en darle ese enfoque.

Para olvidar esta tragedia y restarle hierro al asunto os propongo, a escondidas de la casta Ministra Deculture, que me digáis a qué personaje del manganime o del videojuego desearíais tener como MILF o FILF. Se admiten cambios de sexo para personajes GAR.

Fundador, redactor jefe y editor de Deculture.es. Jugón desde la vieja escuela, amante de JRPGs y SRPGs, a poder ser de estilo clásico. Lector de cómics, amante del manga clásico.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.