Opinión: ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?

Tras leer la entrada dedicada a Ivrea y sus novedades en esta misma página -en la que se decía que pudiera ser causa de la actitud de las editoriales...

Tras leer la entrada dedicada a Ivrea y sus novedades en esta misma página -en la que se decía que pudiera ser causa de la actitud de las editoriales el comportamiento del otaku medio español- me surgieron ciertas dudas.

En primer lugar pensé en ciertas diferencias que he ido notado a lo largo de los años en el fandom:

En la década de los noventa, todo el mundo veía dibujos a la vuelta del colegio (Campeones, Caballeros del Zodíaco, Dos fuera de Serie, La Panda de Julia, Ranma ½, Los Gatos Samuráis, Bola del Dragón, Lupin III…) otaku se diferenciaba del resto porque era el que leía mangas, le apasionaba el anime y le gustaba estar informado, compraba revistas como Neko, Kame, Minami, Dokan ¡Hentype! (tuvieran o no internet) …

Algunos acudían a salones poco masificados cuyo precio de entrada era anecdótico, iban para ver las últimas novedades y obtener buenas ofertas, recoger firmas de, si había, ese mangaka invitado tan especial. Atender en las conferencias, presentaciones de editoriales ¡Estar a la última! El mas guay era el que mas conocía. Oh, sí, también recuerdo esos fansub en VHS (y los primeros en CD, con solo 3 capítulos a lo sumo, lo que ahora nos intentan colar alguna distribuidora de anime en DVD…) y esas copias piratas de discos de J-Rock. ¡Incluso había cosplayers, que eso del cosplay no es nada nuevo!

La gente iba a las tiendas a comprar manga, no merchadising, o por lo menos no más merchadising que manga. Era más guay aquel que tenía la figura más grande de Rei Ayanami, por ejemplo. La gente no solo iba de negro y eras muy guay si habías conseguido a saber cómo una camiseta de ranma 1/2. Las editoriales se liaban a sacar series como gominolas, porque sabían que se las iban a comprar, fueran nacionales o japonesas, por cierto, por aquel entonces raro era el otaku que no conocía a, por ejemplo, Nacho Fernández y David Ramirez, o sagas como Fanhunter (Cels Piñol).

Por otra parte, friki era el que además de todo eso (o en parte) le daba a videojuegos, rol, cómic americano y europeo, películas, libros, wargames… Ambos sectores no estaban muy definidos (no eran extremistas) y compartían muchísimas cosas en común, se podría decir que otaku era aquel que tiraba mas al manga y friki era el “multiterreno”. Tanto otakus como frikis se reunían en asociaciones, clubes de rol o similares, quizá por que no era todo tan extremista y estereotipado no vi nunca pelea friki vs. otaku, como veo ahora, también porque antes veía un afan por aprender y ser el que mas sabía y ahora…

Con el nuevo siglo comencé a ver cambios significativos. Otaku se autodenomina cualquiera que vea (sin tener por qué leerlo) Naruto, se ponga un chándal naranja (sin retoques siquiera ¿para qué?). Lo que mola es dar la nota…) y vaya diciendo “datte bayo” (aun ni siquiera siendo rubio o llevando peluca). Lo importante es poder etiquetarte y formar parte de una masa, da igual que sea “cani”,”emo” o “friki” Quizá el problema residiera en no utilizar la nomenclatura en castellano (aficionado, fan) por una pose mas guay. Conozco a quien se ofende por ser llamado aficionado y no friki.

httpvh://www.youtube.com/watch?v=eCxKndRKNng

La mayoría de los otakus actuales que me encuentro no leen manga, con la excusa de “está caro ¡cómpramelo tu!” solo ven anime. También la mayoría sólo seguirá -y por fansub, que si no se ve en japonés no eres cool- el de moda, cuanto más relleno, mas mosca-seguidores tendrá.

Son poseedores de una gran colección de figuritas, bolsos, peluches, cojines, camisetas… Supongo que del dinero que no tienen para comprar manga.

El otaku actual de repente siente la necesidad de ir gritando cual es su condición, y no dudará en comunicársela a la prensa, sea del canal o programa que sea, eso sí, se hará la víctima ante la incomprensión y mofa del resto del mundo, le echará la culpa a “que no nos entienden a los frikis/otakus” metiéndonos a todos -aficionados, fanáticos y buscadores de una etiqueta con la que ser reconocidos- en su saco, porque claro, él/ella es el estereotipo y todos los frikis son o deberían ser así… total, es como los retrataban en los cómics. De lo que quizá no se hayan percatado es que el típico friki con granos, gafas y que no salía de su casa porque no le entendían era el personaje del que los mismos frikis se reían por ser claramente un estereotipo exagerado. Pues nada ¡convirtámonos en él! Eso sí, como toda moda (sí, lectores, considero todo esto una moda) tiene sus actualizaciones: aquellos tipos a los que les encantaba el Rey León y les dijeron que lo que molaba era el J-rock de repente de la noche a la mañana se habían convertido en todo unos visuals, que conocían solo un par de grupos, sí, pero se habían comprado ropa cara visual -supongo que con el dinero que no tienen para comprar manga- reniegan de Disney pero hacen cosplay de Kingdom Hearts.

Ahora los salones -esos lugares masificados donde por lo que pagas sólo por entrar podrías irte a comer a un buffet libre y reventar- se utilizan para ligar rastreramente “¡Regalo abrazos, sexo…o lo que surja!” hacer el notas en el escenario, ya que cuanto más grites, ¡más puntos!

Escupir al autor español o “no japonés”, donde los fanzineros somos la última escoria, nos hayan visto/leído o no.

Oh, sí, cada vez hay mas salones que se lucran, más que nada, con la entrada, porque cada vez hay menos presentaciones, charlas, exposiciones, firmas (casi siempre van los mismos y a muy pocos nos interesan) etc…
Progresivamente se ha ido viendo menos de aquel tipo de los noventa, que pasan de ir a estos salones a que les sajen y a pasar vergüenza ajena. Son aquellos que tienden a ser los que ponen el grito en el cielo cuando anuncian las editoriales que dejan de editar tal y cual serie, pues eran los únicos que las compraban. Suelen rechazar productos que consideran (me incluyo) altamente sobrevalorados como Naruto o Bleach.

¿Son las editoriales las culpables? yo digo: no, el “friki” medio es el culpable de que haya solo cuatro mangas que llegan a España. De lo que sí son culpables las editoriales, aunque es perfectamente comprensible, es de querer salvarse el culo, creo que a ninguno nos gustaría que empezaran a desaparecer solo por arriesgarse y seguir trayendo esa serie que apenas da beneficios y cuatro frikis anónimos la compran. Pura lógica: no hay demanda, no hay oferta.
Tampoco hay anime en la tele que llame la atención de los chavales que vienen del colegio, sólo programas del corazón y similares que juegan a romper la ley de protección del horario infantil.

Que de vez en cuando todas las editoriales (en este caso Ivrea, que tiene público también en sudamérica, mas mercado) saquen novedades no típicas, solo indica que tienen ganas de seguir abriendo mercado, no dudes que también habrán hecho sus estudios antes de traerlas, de todos modos. Sin embargo hablar sólo de Ivrea sería algo injusto.

Me reafirmo, no es culpa de las editoriales que la gente solo compre Naruto, así como no es su culpa que la gente no compre producto español. Muchas editoriales han intentado vender producto patrio de muchísima calidad, la mayoría han cerrado o comenzaron a dedicarse otra cosa… o se han aferrado a la licencia de ése manga de la Shonen Jump ¡que a veces pareciera que no puede ser bueno si no sale de ahí! Afortunadamente, sobre las tumbas de muchas de esas editoriales, están surgiendo otras nuevas, y luego está Glénat, claro, que promociona Gaijin como yéndole la vida en ello ¡y hacen bien! y luego publican Kung fu Mousse de Nacho Fernández y casi que solo los frikis de antes que recuerdan quien es, saben que ha salido. Claro, es que ya no hace ese manga tan pronunciado que le daría la fama en Dragon Fall

Supuestos otakus que jamás han leído a Tezuka, y afirman sin pestañear ni enrojecerse que ni él ni Leiji Matsumoto sabían dibujar, sólo porque han visto una imagen de uno de sus mangas en google mientras buscaban a saber qué.

Si no sabemos ni de dónde venimos, ¿cómo saber a dónde iremos? ¿Dónde quedó ese afán por aprender? ¿A dónde van a ir a parar estas nuevas generaciones ni-ni, ya siendo aficionados, pijopunks o “quierosertal”?

Lamento si la forma de expresarme puede herir a alguien, no es mi intención, aunque a veces utilice un lenguaje un tanto violento, recordar que hablo sobre todo de mis experiencias en Madrid y Barcelona, sus salones, asociaciones, clubes y quedadas supuestamente frikis para procrear cual bonobos. Bueno, y algún que otro foro de internet…




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.