Cinema Spoiler: The Chaser

Crítica del film surcoreano 'The Chaser', dirigido por Hong-jin Na. Una historia oscura sobre un loco que se dedica a asesinar prostitutas.

Inauguramos sección. Esta vez dedicaremos un pequeño espacio al análisis del séptimo arte: el cine. En principio, esta sección está dedicada a todos aquellos amantes del buen cine, así que si lo que estás buscando es un dorama de chicos guapos quizás te has equivocado de lugar. No obstante, cualquiera es bienvenido a ampliar sus horizontes culturales y abrir su mente a nuevas experiencias. Cabe advertir también que en las pestañas desplegables que encontraréis a continuación hay una gran cantidad de spoilers, por lo que es recomendable ver la película antes de consultar este análisis en profundidad de la misma. Aún así, para todos aquellos curiosos que quieran tener un motivo por el que ver esta película, hemos dedicado unas líneas a una breve sinopsis y un pequeño listado de aquellas cosas que nos llaman la atención o que recomendaríamos. A continuación analizaremos la historia paso a paso para tener constancia de todo lo que ocurre y también para ser usada a modo de guía para aquellos que no han acabado de entender muy bien la trama —cosa que es normal teniendo en cuenta que películas como esta solo se encuentran subtituladas en inglés—. Finalmente tenemos la parte más importante: la crítica.

Ficha Técnica

  • Nombre: Chugyeogja (The Chaser)
  • Año: 2008
  • Duración: 125 minutos
  • Género: thriller, drama
  • País: Corea del Sur
  • Director: Hong-jin Na
  • Guionistas: Singho Lee, Hong-jin na, Wong Chan Hong
  • Director de fotografía: Lee Sung-je
  • Actores principales: Yun-seok Kin, Jung-woo Ha, Yeong-hie Seo
  • Premios: Orient Express Award a la mejor película (2008), Action Asia Award a la mejor película (2009), Asian Film Award al mejor editor (2009) y otras 4 nominaciones.

Sinopsis: Joong-ho, ex-detective y proxeneta, se ve involucrado en una serie de problemas financieros desde el momento en el que varias de sus chicas han desaparecido. Convencido de que han decidido marcharse a otra ‘casa de masajes’, se da cuenta de que todas ellas dieron señales de vida por última vez cuando fueron a casa de un cliente en concreto, por lo que decide cobrarse la venganza por su propia mano. Lo que no sabe es que sus chicas no se han ido por voluntad propia.

Sobre el director

Poco se sabe acerca de la vida de este excéntrico director surcoreano, más allá de su corta obra cinematográfica. A lo largo de su carrera ha dirigido dos películas a nivel comercial, incluyendo también la elaboración del guión. Una en 2008 llamada Chungyeogja (The Chaser) y otra en 2010 llamada Hwanghae (The Yellow Sea). Ambas películas se caracterizan por una atmosfera oscura en la que tanto el protagonista como el antagonista se ven predestinados al fracaso, convirtiendo así el final de sus películas en una situación de lo más realista, donde la maldad por parte de uno y el deseo de venganza por parte del otro no llevan nunca a ninguna parte.
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Para todos aquellos amantes del cine negro y de las historias que tratan temas como la maldad humana y la violencia extrema como algo realista y no como simple entretenimiento visual, esta es, sin duda, una de esas películas que impactan profundamente al espectador. Una trama muy elaborada y un gran talento detrás de las cámaras hacen de esta película todo un espectáculo digno de ver, con un ritmo suficientemente pausado como para notar la tensión del momento pero con esos toques de frenesí que aceleran un poco la acción y te mantienen despierto a lo largo de las dos horas que dura el film. El reparto también huele a gloria, y es que los actores cumplen todos los requisitos para llevar a cabo perfectamente su papel, y los personajes no son para nada arquetípicos a pesar de lo que podríamos pensar en un principio, ya que todos ellos se van construyendo a lo largo de la historia, todos son cambiantes.
Desde luego, el director ha sabido como hacer que nos metamos en la piel de un hombre arrogante que se va transformando en mejor persona conforme avanza la historia, pero que al final, nada de todo esto servirá sin venir acompañado de una enorme pérdida. Pero los sentimientos que se esconden detrás de los personajes no es lo único de lo que nos impregnaremos. Las escenas de violencia pueden ser tan hirientes para el espectador como para la misma victima, y es que sin necesidad de mostrar imágenes explicitas, la ficción cobra vida para salir fuera del televisor y meterse en nuestra imaginación. Basta con levantar un martillo sobre el cráneo de una persona como para hacernos sentir una sensación horrorosa, pero el verdadero dolor llega cuando el martillo cae y notamos el golpe en nuestra propia sesera.En definitiva, tanto si estás solo como acompañado, esta es una buena película para ver en cualquier momento, siempre y cuando tengas el tiempo suficiente como para digerirla tranquilamente y la intimidad necesaria como para llorar sin miedo. Porque sí, esta película sacará más de una lágrima a algunos.
Historia
Eom Joong-ho es un ex-detective de carácter arrogante y vulgares costumbres que ha terminado dedicándose a la obtención de beneficios económicos a partir de la prostitución de mujeres de mediana edad. Pero como bien es sabido, en esa clase de negocios los problemas no son pocos, y en muchas ocasiones pueden llegar a ser fatales. Sus chicas han ido desapareciendo una tras otra, por lo que esa noche no tiene a ninguna otra chica disponible a parte de Min-jin, una joven madre soltera que se ve obligada a prostituirse para poder mantener a su hija de 7 años. Joong-ho, al ver el número de teléfono del cliente que ha contratado a Min-jin esa noche se da cuenta de que es el mismo que contrató por última vez a las otras chicas que desaparecieron anteriormente. Es por esto que Joong-ho piensa encarecidamente que se trata del dueño de alguna otra ‘casa de masajes’ con mejores ofertas para sus trabajadoras y ordena a Min-jin que en cuanto llegue a la casa del cliente le mande la dirección a través de un SMS. De la misma manera, Joong-ho llama a sus ex-compañeros de la policía, pero estos no pueden ayudarle porque se encuentran resguardando al alcalde de Seúl, el cual es atacado por un lunático con sus propias heces mientras está haciendo una visita al mercado local.
Lo que no se esperaba Min-jin es que al llegar a la casa del cliente, el señor Je Yeong-min, no hay cobertura para enviar el esperado SMS. Min-jin se encierra en el cuarto de baño, intentando buscar un lugar desde el que conseguir cobertura, pero la ventana está tapiada y la puerta que da a la calle se encuentra cerrada con un candado. Yeong-min sonríe. Joong-ho se cansa de esperar el SMS. Acto seguido, vemos a Min-jin atada de pies y manos, tirada en el suelo del cuarto de baño.Es en este momento cuando se descubre la verdad: Yeong-min no era el dueño de ninguna ‘casa de masajes’, sino un lunático que disfruta torturando a las prostitutas de Joong-ho. Y así se demuestra cuando saca una maza y un cincel e intenta perforar la cabeza de Min-jin. Justo cuando da su trabajo por terminado, pero sin tiempo para limpiarlo y esconder el cadáver, una pareja de ancianos llaman al timbre. Vienen de la parroquia local en busca del señor Park, el verdadero inquilino de la casa donde se encuentra alojado Yeong-min (obviamente, le habrá matado anteriormente). En vista de que no puede deshacerse de ellos, decide invitarles a entrar en casa para matarlos igual que pretendía hacer con Min-jin.Con tres cuerpos inertes en su cuarto de baño, Yeong-min se da cuenta de que debe aparcar el coche de los ancianos que acaba de asesinar en algún lugar lejano a la casa. Mientras tanto, Joong-ho está buscando desesperadamente algún indicio que le lleve al paradero de su chica. Con las prisas de ambos, acaban chocando en un cruce. Joong-ho le pide el número de teléfono para que su seguro cubra el accidente, pero Yeong-min se niega ya que el coche ni siquiera es suyo. Al notar una actitud extraña, Joong-ho se da cuenta de que el hombre que tiene enfrente es el cliente que le estaba robando a las chicas. Yeong-min echa a correr y tras una larga persecución por los callejones de la zona, Joong-ho le apaliza y le requisa la cartera con su respectiva documentación. Lo que no podía predecir es que al volver hacia el coche, la calle se encuentra abarrotada de vehículos y la policía estaba husmeando en busca de los culpables.Una vez en comisaria, nos encontramos con un Joong-ho alteradísimo y con un Yeong-min apacible y amanerado, por lo que los policías deciden hacerle más caso a este segundo. De todas formas, el resultado no viene a ser muy distinto, porque el mismo Yeong-min confiesa que ha sido él el culpable de la desaparición de las 9 chicas de Joong-ho, e incluso admite que no las ha vendido, sino que las ha matado. Ante este acontecimiento, los agentes se alteran ya que la versión de Yeong-min coincide con otro caso sin resolver que tuvo lugar tiempo atrás, en el que tres prostitutas desaparecieron sin dejar rastro. A causa del alboroto que se provoca, el gerente se acerca a la comisaria para poner orden y organizar las cosas, pero acaba cabreándose más que los demás al ver que su cara está destrozada, ya que después del escándalo del alcalde, los medios de comunicación podían seguir ridiculizando al cuerpo de policía por maltratar a un sospechoso. Mientras tanto, Joong-ho, que ya ha sido liberado de la comisaria, inspecciona el coche que robó Yeong-min, en el que encuentra un gran manojo de llaves.Pero a pesar de todo, deben encontrar pruebas físicas para poder detenerlo, de lo contrario, al cabo de doce horas están obligados a ponerle en libertad. Y la única manera de conseguir pruebas sería obteniendo una muestra de ADN de Min-jin que coincida con la mancha de sangre que lleva Yeong-min en la camisa. Así pues, Joong-ho, siendo el único que conoce el paradero de la residencia de Min-jin, se dirige junto a un agente para encontrar alguna muestra de ADN. Pero una vez allí se encuentra con una sorpresa inesperada: Eun-ji, la hija de Min-jin. Tras un comportamiento agresivo e irresponsable por parte de Joong-ho, éste se arrepiente y decide llevarse a Eun-ji consigo mientras buscan a su madre. Pero después de todo, su búsqueda de ADN no lleva a ningún lugar y decide tomar las riendas del asunto por su cuenta.Con la documentación y el manojo de llaves cree que ya tiene suficiente como para encontrar más pistas acerca del paradero de Min-jin, así que le encarga a su ayudante la tarea de probar casa por casa de la zona donde se chocó con el coche robado todas las llaves. Mientras tanto, él se dirige a la dirección obtenida en la documentación de Yeong-min. Una vez allí se encuentra con la hermana de Yeong-min y su esposo, los cuales no saben nada de él desde hace tres años, periodo en el que estuvo encerrado en la cárcel por haber maltratado severamente a su sobrino hasta el punto de haberle dejado casi vegetal.En un momento dado, el ayudante de Joong-ho encuentra una cerradura que coincide con una de las llaves, pero tras inspeccionar la vivienda se dan cuenta de que no es ahí donde Yeong-min maltrató a Min-jin. No obstante, al salir de allí se encuentran de frente con Meathead, uno de los socios de Joong-ho. Tras ese inoportuno accidente, Meathead echa a correr, pero finalmente, Joong-ho y su ayudante le atrapan y le hacen confesar. Según él, Yeong-min tenía las llaves de esa casa porque hacía cuatro meses le pidió refugio durante un tiempo, pero desde entonces no supo nada más. Inspeccionando un poco más, Joong-ho encuentra unos gravados en las paredes a modo de bocetos de una escultura de Jesucristo en la cruz. Meathead comenta que fue Yeong-min quien los hizo. Por otra parte, al salir de la vivienda, Joong-ho se da cuenta de que Eun-ji ha desaparecido del coche, y tras buscarla durante un rato se la encuentra inconsciente en medio de la calle. Al parecer le han debido de pegar una paliza, por lo que la tiene que llevar al hospital.Durante estos acontecimientos se intercala también una escena en la que un psicólogo interroga a Yeong-min para averiguar la razón por la que tortura y asesina a las prostitutas. Finalmente, llega a la conclusión de que hace eso por el simple hecho de que es impotente, y al verse humillado por no poder practicar el acto sexual, ahoga su frustración mediante la violencia.Una vez ingresada Eun-ji, se hace de día y las doce horas de plazo para encontrar pruebas están a punto de agotarse, así que Joong-ho decide usar una táctica más agresiva, y ante los ojos de toda la comisaria, empieza a apalizar a Yeong-min hasta hacerle confesar que ha enterrado todos los cadáveres en un parque. La policía lleva a un equipo de excavación pero no encuentra nada, por lo que finalmente, la hipótesis se desmiente y deben liberar a Yeong-min. Para colmo, frente a las acusaciones de la prensa sobre las agresiones que Yeong-min ha recibido, el gerente de la comisaria ordena arrestar a Joong-ho por maltratos, pero este consigue escapar e irse corriendo una vez más al lugar donde colisionó con el coche robado.Mientras tanto, Min-jin ha recuperado la consciencia y tras mucho rato intentándolo, ha conseguido salir de la casa a través de una ventana. A partir de este momento, el destino de todos los personajes está entrelazado. Min-jin se dirige a una tienda cercana en la que se puede refugiar y llamar a Joong-ho para avisarle de lo ocurrido, mientras este está corriendo y no escucha a las llamadas del teléfono. Por otro lado, Yeong-min, siendo espiado por una agente de policía, se dirige a la misma tienda donde se encuentra Min-jin. En un principio no le ve, pero cuando está a punto de marcharse, la dueña de la tienda le da el chivatazo porque dice estar muy asustada del lunático que le ha apalizado. Yeong-min le promete protección, mientras coge un martillo y se prepara para matar tanto a la dueña como a Min-jin, que está escondida en la trastienda. La policía llega tarde. Joong-ho también. Min-jin ya está muerta.Joong-ho lo da todo por perdido, pero justo en ese momento, desde la trastienda puede ver una cruz cristiana al final de la calle. Eso provoca que flashback recorra la mente del personaje, haciéndole recordar los bocetos que vio en la casa de Meathead y la conversación que tuvo en la parroquia local acerca de la pareja de ancianos que visitó a Yeong-min en busca del antiguo inquilino. Con toda esta información se da cuenta de donde se escondía durante todo el tiempo, así que se acerca de inmediato y tras indagar un rato, encuentra la casa. Con el manojo de llaves que encontró consigue adentrarse en el edificio y se encuentra cara a cara con Yeong-min. Éste echa a correr hacia dentro, pero Joong-ho consigue atraparle a tiempo. Tras una brutal pelea, Joong-ho ve el cuerpo descuartizado de Min-jin dentro de una pecera. Tras un ataque de rabia intenta abrirle la cabeza a Yeong-min con un martillo, pero en ese preciso instante aparece la policía y le pillan con las manos en la maza.La última escena nos muestra a Joong-ho sentado en la cama del hospital de Eun-ji mirando la lluvia a través de la ventana. Fundido a negro y créditos.
Crítica
The Chaser es un título redondo de principio a fin. Desde el primer momento nos encontramos con una dirección de fotografía a mano de Lee Sung-je de lo más elaborada, con un toque oscuro muy sofisticado, pero también ese encanto de las cámaras de 35mm que le otorgan a la imagen una textura cálida y absorbente para el público. La primera escena nos pierde entre las calles de Seúl a la luz de la luna. Un breve paseo en coche es suficiente como para mostrar unas cuantas composiciones magistrales. Destaca en esta parte la transición de la noche al día sin cambiar de plano, dándole un efecto muy sutil al paso del tiempo.

Tras una introducción que tan solo puede entenderse la segunda vez que vemos el film -he aquí una de las peripecias narrativas del guión que encontraremos a lo largo de toda la proyección-, empezamos a meternos en materia al presenciar una escena en la que un pervertido agrede a una de las prostitutas de Joong-ho. Ante tal situación, Joong-ho interviene a base de guantazos. Es en este momento cuando nos sorprendemos de la naturalidad de los personajes. Cuando el pervertido se veía seguro estando en su propio territorio no dudaba en maltratar a la prostituta, pero una vez aparece Joong-ho sin vacilar ni un segundo, su actitud da un vuelco y es incapaz de levantar la mano. Podemos observar que el gesto de Joong-ho al sentarse en la cama nos recuerda vagamente a la película La Naranja Mecánica (A Clockwork Orange) de Stanley Cubrick, en la que el tutor del protagonista, Alex, se sienta en la cama para conversar con él de una forma parecida a la de Joong-ho. Solo que en esta ocasión no le agarra por los testículos.

Tal y como explicábamos en el desarrollo de la historia, Joong-ho hace una llamada a sus antiguos compañeros de la policía para ayudarle a cubrir el caso del cliente sospechoso, pero estos le contestan que están ocupados protegiendo al alcalde de Seúl. Toda esta parafernalia del ataque del lunático con las heces podría parecer una escena de relleno en un principio, pero lo cierto es que tiene un gran peso en la historia de forma indirecta. Estos hechos afectan a las decisiones del gerente de la comisaria, que entre otras cosas le obliga a ordenar que arresten a Joong-ho para tratar de evitar más abucheos por parte de la prensa. Todo esto se junta al cúmulo de razones que terminan con el trágico asesinato de Min-jin. En definitiva, podemos decir que este es un gran recurso narrativo que da realismo y veracidad a las acciones de los personajes y a los comportamientos que adoptan en cada momento, además de justificar un acontecimiento futuro en la historia.

Una de las escenas más impactantes a nivel visual es el momento en que Yeong-min secuestra y tortura a Min-jin. Los planos no muestran en ningún momento la acción de forma explicita, no obstante, al ver un cincel siendo golpeado por un martillo la imaginación nos juega una mala pasada. Quizás ayude también el sonido tan realista que le han añadido a los golpes, y es que no suenan para nada al cine convencional al que nos tienen acostumbrados. Un martillazo en la cabeza no emite un sonido agradable bajo ningún concepto, y eso lo han sabido lograr muy bien en esta película. Finalmente, los sollozos de Min-jin y las salpicaduras de la sangre terminan de hacer de esta escena algo realmente doloroso para el espectador. La calma llega cuando damos por muerta a Min-jin y sus gritos desaparecen.

Quizás sí que debamos criticar negativamente el hecho de que Joong-ho suponga de una forma tan rápida e inverosímil que el hombre con el que ha chocado con su coche sea el cliente que andaba buscando. Puede que se me escape algún detalle, pero yo no he visto razón alguna por la que debería pensar eso de una forma tan automática. Este aspecto es posiblemente el único que no acaba de cuadrar en el resto de la trama. Al igual que a nivel visual, la persecución que viene a continuación es muy buena, pero también es cierto que se da lugar a otras dos persecuciones prácticamente iguales a lo largo de la película. Las mismas calles, el mismo perseguidor, los mismos movimientos de cámara y el mismo planteamiento. Eso sí, hay que admitir que una panorámica de seguimiento en una calle tan inclinada y estrecha tiene mucho mérito.

En compensación, tras la primera mitad de la película nos encontramos con otra de esas escenas magistrales que nos provocan una enorme empatía con los personajes. En este caso se trata del viaje en coche en el que Eun-ji, la hija de Min-jin empieza a llorar desconsoladamente. Lo curioso de esta escena es que no se oye ni los llantos de la niña ni los gritos de Joong-ho debidos a su conversación telefónica. Solo se escucha el ruido del motor y la lluvia cayendo sobre el coche. Todo mezclado hace que esta sea una de esas escenas en la que más de uno llorará.

Entre tanto llanto y sollozo, algún momento de desahogo tiene que haber para que el espectador no se hunda, y ese es sin duda la entrevista entre el psicólogo y Yeong-min en la sala de interrogaciones de la comisaria. La superioridad y la seguridad con la que es capaz de tratar el psicólogo a un lunático como Yeong-min sin necesidad de mover un músculo ni usar siquiera la violencia verbal es asombrosa. La satisfacción nos llena a todos cuando le sonsaca a Yeong-min mediante preguntas retóricas y psicología invertida el motivo por el que maltrata a las prostitutas: la frustración provocada por su impotencia sexual. Mi reacción, desde luego, fue la misma que la del gerente. Un aplauso y un ‘bravo’ –o ‘buravo’ como pronuncia él- por el psicólogo. Una actuación impoluta a pesar de ser una aparición tan corta.

La escapada de Min-jin también supone un alivio para el espectador por partida doble: por un lado sabemos que no ha muerto y por el otro está aparentemente fuera de peligro, ya que consigue llegar a una tienda y llamar a la policía. Lo que nadie se esperaba es que tras casi dos horas de película, todos los logros obtenidos hasta el momento se pueden desmoronar en cuestión de segundos por una simple casualidad. La estructura clásica del cine basada en el happy ending desaparece ante nuestros ojos a base de planos descentrados, cámara lenta y un interminable baño de sangre. Otra escena dolorosa, pero esta vez ya no solo a nivel sensorial.

Cabe destacar el plano en el que Joong-ho se encuentra desorientado en busca de Min-jin y Yeong-min justo antes de que ésta muera. Tanto los colores como los movimientos de cámara alrededor de Joong-ho son dignos de reconocer, y desde luego, consiguen impresionar bastante al espectador aunque solo sea un mero efecto visual a modo de transición sin importancia en la trama.

La pelea puede ser algo predecible, pero al fin y al cabo, es lo que el espectador está deseando desde el principio, al igual que Joong-ho. Eso sí, el guión no nos permite regocijarnos demasiado en ese pequeño éxito alcanzado, ya que la policía interviene antes de que Joong-ho le aseste el golpe de gracia a Yeung-min –que nos recuerda conocidísima escena del martillo vista en la gran obra maestra de Chan-wook Park: Old Boy-, interfiriendo así una vez más en las expectativas que nos habíamos creado.

Desde luego, esta no es una historia en la que sale ganando el bien, ya que el encarcelamiento de Yeung-min no devolverá la vida a Min-jin, que descansa ahora dentro de una pecera a modo de trofeo, algo que solo sería capaz de hacer un verdadero lunático. En definitiva, una gran película que podemos clasificar como must-see a pesar de su reciente aparición.

Galería



  • tokyodownloader

    ¿Del director de The Yellow Sea? La veo fijo :3

    • Sip, una gran película la de The Yellow Sea. Creo que es mejor que la de The Chaser, pero aún así, esta es digna de ver también ;3