Dejemos leer

En cierta manera, y en un intento desesperado de casi lastimosa comprensión, debemos entender que no a todo el mundo le gusten las obras complicadas.

naruto1

En cierta manera, y en un intento desesperado de casi lastimosa comprensión, debemos entender que no a todo el mundo le gusten las obras complicadas. Quizás el término no sea complicado, simplemente puede que el vocablo adecuado sea profundo. Obras que, para provecho nuestro evidentemente, nos hagan discurrir un poco. Que nos obliguen a plantearnos algo. No en un intento moralista de hacernos ver lo que está bien o lo que no bajo la terca tecla de un avispado autor, sino que simplemente nos hagan ejercitar un poco la mente y jugar a ese juego tan para mí divertido como es el de la suposición.

Mad Men, por poner un ejemplo aunque se trate de una serie, juega mucho a eso: situaciones en pantalla como las de una simple mirada entre dos personajes, o un hecho tan cotidiano como puede ser el de estar leyendo determinado libro, nos pueden hacer detenernos por un momento en nuestra visión y reflexionar acerca de lo que estamos viendo: cómo se nos ha querido mostrar y, aún más importante, lo que hemos entendido. He puesto el ejemplo de la serie de Matthew Weiner porque desde mi punto de vista es actualmente el mejor producto (en este caso serie y no manga) que demuestra eso, y realmente es un buen ejemplo para entender a lo que me refiero: igual que hay personas que disfrutan con Mad Men hay gente que prefiere ver simplemente La que se avecina. Ya no por capacidad (eso es una real tontería) sino por el mero hecho de que le apetece ver una serie que juegue a lo simplista y a la risa obscena, un entretenimiento barato y de fácil comprensión. Y eso no es nada malo o desdeñable.

Lo he comentado con las series porque ahora mismo, con Juego de Tronos y compañía tan en boca de todo el mundo, es un ejemplo muy fácil de ver para entender un poco lo que pasa en nuestro mercado manga. Realmente no tenemos un mercado tan variado y rico como puede ser el italiano o el francés (ya nos gustaría) pero sí que es verdad que podríamos tener algo peor. Claro que algunos mataríamos por ver más un tipo de obra determinado por aquí (ya sea shojo, más seinen de ese gafapastoso o josei, por ejemplo), pero lo que aquí vende es el shonen. Y aunque es rigurosamente necesario que la gente se queje y pida, haciendo llegar a la editorial sus deseos para futuras licencias aunque estos sean ignorados, hay que en cierto modo entenderlo.

Entenderlo, sí, porque tampoco deberíamos martirizar al lector de Naruto y Bleach junto a otras obras comerciales a mansalva. Nunca he sido, ni seré, partidario de la imposición de gustos –ojo, que no hablo de dar a conocer las bondades de algo desde un punto de vista respetuoso–  y creo que no hay mayor problema en que un chaval que esté comenzando en esto (o no) disfrute leyendo ciertas obras y quiera dejar para más adelante, o para nunca, productos que no le atraen aunque a cuatro iluminados les parezca que marcará los compases narrativos que todos los mangas seguirán de aquí a diez años.

¿Te parece malo la actual parte de Naruto? Pues ya somos dos. Y yo Bleach ni siquiera la sigo, así como otros tantos shonen parecidos. Pero creo que, en un sano ejercicio de tolerancia de la que algunos tanto predican, sería interesante no juzgar a los que lo leen como mejores o peores lectores. No creo que sea obligado, ni natural, tener un primer acercamiento con el manga comenzando a leer el Fénix de Tezuka. O quizá sí, por que cada persona es un mundo y está preparada para afrontar estas cosas de una manera, pero con sólo darte una vuelta por cualquier jornada otaku te das cuenta de que la regla general es que no.

Si las generaciones que crecieron viendo Dragon Ball y toda esa lista de anime ahora clásico que se emitían en las autonómicas actualmente está capacitado para afrontar la lectura de obras más complejas… ¿Por qué no lo iban a estar los que ahora leen Fairy Tail?

No nos engañemos con la acertada en otros contextos queja de que en nuestro país faltan obras de ese calibre: el buen lector, el que después de esas lecturas digamos juveniles se siente capacitado para afrontar nuevos retos, acabará encontrándolos y satisfaciendo ese deseo. El lector ocasional, el que lee algo por leer, quizá por eso que dicen que ahora ser friki está de moda, no seguirá, y le dará igual que Ponent Mon o la editorial de tu pueblo traigan a Natsume Ono o a quien sea.

Dejemos que cada uno disfrute de lo que quiera en cada momento. Dejemos, en definitiva, leer.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.