Primeras impresiones: ‘Free!’

Kyoto Animation se ha salido por la tangente, y ha decidido que era hora de hacer anime de dudosa calidad para todos los públicos, y así nos llega Free!.

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Bueno, pues aquí estamos. Kyoto Animation se ha salido por la tangente, y ha decidido que era hora de hacer anime de dudosa calidad para todos los públicos, y si el público masculino ya estaba bien servido a base de fanservice y moe, quiénes eran ellos para decir que no al target femenino. De algo así debió nacer Free!, un anime que desde el primer momento levantó expectación y burlas a partes iguales. Seamos francos, el concepto es innovador dentro de lo convencional que es en sí mismo, y el hecho de querer ampliar horizontes dentro del sistema de producción habitual de KyoAni y de la industria del anime en Japón, da a Free! un atisbo de originalidad.

Hasta ahí creo que estamos todos más o menos de acuerdo. Y una vez aquí, me gustaría conocer el punto de visto de las chicas que hayan visto el primer capítulo, así que os dejo los comentarios a vuestra disposición para rebatir lo que viene a continuación.

Así que si por una parte hay que reconocer el “esfuerzo” por hacer algo “distinto”, la forma de llevarlo a cabo deja bastante que desear. Cuatro chicos con nombres de chica (oh, casualidades) que se llaman entre sí añadiendo el -chan al final, y que parecen haber adoptado la personalidad de las chicas de K-ON! en forma de tíos de anatomía desproporcionada que bajo el pretexto de la natación (os cueste creerlo o no, la serie va de nadar) se quitan la camiseta a un ritmo frenético.

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En concreto, destacan los dos protagonistas, Haruka (sí, es un nombre de chico), un tío que por alguna razón que no se nos quiere contar solo nada en estilo libre, y que viene a representar el estereotipo de personalidad férrea y que no quiere llamar la atención hasta que se ruboriza cuando oye hablar de natación (¿alguien dijo Mio?). Luego está Rin, que se convertirá en su rival tras llegar de Australia, donde ha estado mejorando su técnica en una escuela de natación, y a donde se fue a temprana edad dejando el grupo. Un grupo que complementan Makoto y Nagisa, dos chicos que dejan mucho que desear en cuanto a lo que una chica (pienso yo) quiere ver si le estás presentando un anime de chicos fuertotes que hacen natación.

Con este idea bajo el brazo la serie empieza a rodar. La animación es buena, y las escenas de natación puedan dar bastante juego, siempre y cuando la serie se centrase más en la natación que en los problemas sentimentales de unos chicos de instituto. Claro está, es KyoAni, y Free! tiene la finalidad que tiene, y dudo que esto se convierta en ningún referente deportivo del anime. Ni siquiera creo que se convierta en ningún referente dentro del anime, y si bien con un capítulo es pronto para sacar conclusiones, el ambiente general que deja traslucir la serie no es otro que una producción más del estudio que ha intercambiado a las chicas de turno por chicos de personalidades trastocadas.

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Por su parte, el apartado sonoro no destaca especialmente, con la banda sonora típica de un slice of life de instituto, un opening normalito y un ending que presenta a los protagonistas como a un grupo de J-pop masculino mezclado con lo que parece ser un crossover con Magi.

Llegados a este punto solo cabe dejar que la serie se desarrolle; yo por mi parte he dejado a un lado los prejuicios, y me he encontrado con una serie que personalmente no creo que siga, pero que puede encontrar su público, y todo está en que Free! sepa desenvolverse como una serie que puede cumplir perfectamente su función como entretenimiento veraniego, y que lo queramos o no, tendrá su fandom detrás, como todo producto de fanservice de trama argumental regulera que sabe aprovechar el tirón. Y el tirón esta vez no es moco de pavo.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.