Reseña: ‘Furari’

Furari es una lectura con la que pasar buenos ratos sin diálogos complicados que basa su premisa en la belleza de los paisajes.

furari-portadaMachado decía en su poema que la vida es un camino a recorrer, un camino que se hace andando, y que una vez recorrido, no hay forma de volver a pasar por el mismo sitio. Una alegoría de la vida misma en su máxima expresión. Nacemos, vivimos y morimos. La franja de tiempo en la que “vivimos” es desconocida, incalculable. No sabemos qué nos deparará el mañana, pero sabemos qué está pasando hoy, qué estamos haciendo, y eso forma parte del camino que estamos recorriendo, de nuestra vida.

Bajo esa premisa me gustaría encasillar dos de los trabajos de los que os hablaré a continuación. Sin el primero no podemos hablar del segundo, y sin el segundo no podemos hablar del primero. Pero antes de eso es conveniente saber de quién estamos hablando, y no hablamos de otra persona sino de Jiro Taniguchi.

Y es que hay mangakas que de forma voluntaria o involuntaria, nos inculcan sustanciales mensajes a través de sus obras. Creo que el caso de Taniguchi es bastante excepcional, y una buena forma de leer algo con mensaje. El mensaje en esta ocasión viene bien reflejado en el poema de más arriba. Un mensaje que trató de inculcarnos en El caminante, un manga editado en nuestro país –como casi toda su obra– por Ponent Mon desde hace unos años que destaca por su peculiar planteamiento.

Si bien el nombre contrasta con el poema de Machado, su franja se sitúa tan solo en el tiempo de vida, en el intermedio, por así decirlo. En ese día a día que forma parte del camino total que recorremos a lo largo de nuestra vida. Por eso, no podemos hablar de estas obras como algo de principio fin, sino que se encuentran situadas en un medio atemporal.

El caminante

Precisamente en El caminante apenas se nos muestran datos del entorno, ni del personaje. La experimentación de Taniguchi en esta obra se aloja en la simplicidad, en el puro visionado de su obra sin mayor pretensión que la de hacerte olvidar todo cuanto te rodea y centrarte en el paisaje. Es así como el autor logra crear un ambiente de complicidad entre el protagonista y el lector, produciéndose un efecto rebote entre ambos; mientras el protagonista observa el paisaje, nosotros nos detenemos en las viñetas, llenas de belleza y de detalles. Y ya está. Dejar lo que estás haciendo, tumbarte y echar un vistazo a un mundo sencillo y hoy día extraviado. Si de paso reflexionas y te ayuda a salir y dar un paseo, eso que te llevas. Porque, hoy día, quién se detiene a devolver una concha al mar, quién se para a observar los pájaros.

El caminante es un compañero de viaje, un libro lleno de bonitas ilustraciones con un objetivo común que se aleja de todo cuanto hayáis leído. Precisamente porque la obra exige mucho más que una lectura rápida. Un pensamiento, una reflexión. Un hola, un hasta luego, un te quiero. Pequeñas circunstancias que conforman nuestro día a día, nuestro camino.

Como sucesor espiritual de El caminante, años más tarde Taniguchi publicó Furari, un manga muy similar a este último. La premisa es la misma, caminar, pasear. En este caso, sin embargo, tiene un fin. Pero el fin justifica los medios, y en este caso se cumple a la perfección, con una espectacular representación del entorno en que se desarrolla. Digamos, que Furari, con respecto a El caminante, es una obra con un objetivo más claro, pero no por ello falta de la esencia de esta.

Con Edo como punto de partida, actual ciudad de Tokio, y situado a finales del siglo XVIII, coincidiendo con el gobierno de los Tokugawa –uno de los más poderosos clanes de la historia japonesa, caracterizado por traer paz a la par que aislamiento a la isla–, Furari, en esta ocasión, sí cuenta con protagonista. Este no es otro que un personaje histórico, Tadataka Ino (1745 – 1818), un comerciante, cartógrafo y agrimensor responsable del primer mapa de Japón tras 17 años de preciso trabajo.

No es la única referencia histórica que se hace durante las 200 páginas del volumen que Ponent Mon editó el año pasado a un precio de 20€, y a lo largo de sus capítulos encontraremos a otros personajes que vivieron durante la época, como es el caso del famoso poeta y autor de haiku, Issa Kobayashi. Es por tanto que podemos hablar también de esta obra con un componente histórico, y es por eso mismo lo que hace también de esta obra una lectura distinta.

Furari

Taniguchi logra sumergirte en el Japón de entonces, a través de sus paisajes, sus costumbres y sus gentes. Edificaciones de otra época, la palpable cotidianidad de Edo transportada hasta nuestros días; en definitiva, una experiencia única de revivir un tiempo pasado, dejado atrás para siempre. Y en esta ocasión, contradiciendo a Machado y la senda que nunca se ha de volver a pisar.

Sus capítulos puramente anecdóticos dejan traslucir cómo Ino desarrolla su trabajo –el cual hace por puro placer, pues se encuentra jubilado–, a la par que nos va enseñando situaciones y paisajes del día a día de Edo. Un trabajo de medición de distancias que no hace de otra forma sino caminando. No creo que exista mejor trabajo en el mundo, de hecho. Caminar, disfrutar del entorno; tan solo una pega, tienes que contar tus pasos y anotarlos, repetir el proceso, comparar, corregir los fallos.

Pero el autor no pretende vendernos la historia de un medidor de distancias. Volvemos a esos recovecos, al detalle. Una historia con la que disfrutar haciendo algo más que leer viñetas, para disfrutar, para leer no una vez, sino incansables veces. Y si aun así te parece poco la vista que un hombre pueda tener del mundo, Taniguchi no cesará en su empeño de mostrarte el mundo a través de otros ojos, y en más de una ocasión trasladará la vista del protagonista a la de un animal o elemento de la naturaleza, permitiéndole recorrer con el trazo de su pluma desde mundos diminutos a vistas de halcón.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Furari

Manga
Edita: Ponent Mon
Autor: Jiro Taniguchi
Género: Novela gráfica, histórico
Fecha de salida: 2012
PVP: 20€
Web oficial
Lo bueno:

Una lectura con la que pasar buenos ratos sin diálogos complicados que basa su premisa en la belleza de los paisajes. Gran obra con la que abrirse a un mundo caído en el olvido que ahora Taniguchi recupera.

Lo malo:

Su elevado precio hace que esta y otras obras de gran calidad pasen desapercibidas para el lector medio de manga, que busca obras para su target de edad, dejando obras más experimentales como esta, en la estantería.




  • http://www.hablandoenmanga.com/ Sergi

    Esta misma tarde voy y me lo compro. Buena reseña.

  • Salva. JE

    Me encanta Taniguchi. Tengo prácticamente todo lo que se ha publicado de él en nuestro país. Por eso mismo, opino que Furari es una de sus peores obras… recomendaría otras obras para iniciarse en el autor: El almanaque de mi padre, Cielos radiantes, Barrio lejano, Seton o El Olmo del Caucaso.

    • Marc

      Has comprado los 3 de Seton? Creo que la serie no está acabada pero me comentaron que cada volumen es autoconclusivo. Recomiendas la compra de la serie aunque falte 1 volumen por publicar, y que por ahora Ponent Mon no tiene previsto acabar?

      Gracias

      • Salva. JE

        La recomiendo sin dudar. Es una pena que ponent moon no vaya a sacar el último tomo, les pregunte hace poco y me confirmaron que estaba cancelada junto con blanco. Pero, como bien te han comentado, cada tomo es autoconclusivo por lo que son perfectamente disfrutables. Mi preferido es el del lince, creo que era el segundo tomo.

      • Marc

        Has sido de gran ayuda, muchas gracias Salva! Tenía mis dudas acerca de si debía comprarla o no -vi una oferta muy suculenta- y abandoné la idea en cuanto me enteré que faltaba un volumen y no se va a publicar. Tu comentario me ha hecho cambiar de idea.

        He leído El Caminante, La Montaña Mágica, El Viajero de la Tundra, El Olmo del Cáucaso, Tierra de Sueños y El Almanaque de mi padre y creo que compraré Furari en el Salón del Manga que tendrá lugar dentro de dos semanas, puesto que me recuerda mucho a El Caminante y esa obra me cautivó. Para mí, es una de sus mejores obras.