Sobre EDT y las patochadas de internet

No dejo de leer, si se me permite el término, gilipolleces sobre EDT en internet, que no responden a otra cosa que un sentimiento de odio injustificado.

EDT-logo-grandeNo dejo de leer, si se me permite el término, gilipolleces sobre EDT. No sé si se debe al factor común que caracteriza a este nuestro sector, y que no es otro que el déficit de “términos de vida real” que subyace a editores, a intermediarios y a compradores, pero está claro que algo está fallando en las cabezas de un —todo hay que decirlo, pequeño— grupo de personas.

No voy a explayarme demasiado, porque el mensaje es bastante claro. EDT está experimentando una mala etapa. Llamadlo insolvencia, llamadlo imposibilidad económica, llamadlo como os salga de las narices, pero el hecho es ese, y para entenderlo no hace falta haber estudiado ninguna carrera.

Por tanto leer sandeces y serias muestras de carencias cognitivas es un derroche neuronal que no sé si alguno debería permitirse.

Quiero decir con esto, que hay que tener pocas luces como para pensar que en EDT prefieren vender 1.000 copias de una obra de Shintaro Kago que 10.000 de Naruto. En serio, hay que tener poco sentido del ridículo para soltar cosas como que la editorial “se cree mejor al resto” por dejar de lado el manga generalista. Y no me malinterpretéis, la crítica es necesaria, pero para llevarla a cabo hay que basarse en unos cimientos sólidos y no basarse en la primera impresión u ocurrencia que a uno se le viene a la cabeza nada más levantarse con el pie izquierdo.

Porque es más, al mismo que se critica esto se quejan de que las ediciones en tapa dura son recicladas, que traducen del francés y que han subido los precios. O sea, que están bajo mínimos pero tú esperas que te traigan el último hit de Japón y a día 1 desde su lanzamiento en Japón, como si las licencias costaran lo mismo que un quilo de naranjas.

De verdad, ¿qué espera este tipo de gente? Porque yo espero un poco de coherencia, desde luego. Los actos de EDT son perfectamente criticables bajo cualquier punto de vista, pero está claro que demonizar a una editorial por puro placer y bajo argumentos de patio de colegio no son la mejor forma de ayudar a nadieni siquiera a si mismos, por muchas visitas que pretendan cosechar en su blog personal o muchos RTs que te lleves de adolescentes indignados—.

No sé si en EDT han tomado las mejores decisiones en su última etapa, pero me gustaría recordar un par de cosas. La primera de ellas es que Glénat España estaba abocada a la desaparición tras la decisión de Glénat Francia de prescindir de la filial, que Joan Navarro y Felix Sabaté compraron la editorial, y que fue Shueisha la principal causante de la situación actual que atraviesan. La segunda es que a Glénat España, y por consiguiente a EDT, le debemos mucho, muchísimo, de lo que es hoy el mercado español, y espero que nadie tenga la desvergüenza de negarme esto. Tampoco estoy negando la cantidad de traspiés que haya podido tener a lo largo de su vida, algo que puede aplicarse a cualquier otra editorial pues, al igual que detrás de cada consumidor hay una persona, tras una editorial tampoco hay robots o IAs preprogramadas.

Así que por favor, ya está bien de hablar por hablar y encima pretender que te tomen en serio. No han pedido donaciones a nadie ni han obligado a  nadie acomprar sus obras, ni tampoco son una ONG —ni el comprador lo es, pero vuelvo a decir que nadie está obligado a pagar un euro por una obra editada por EDT—. Son una editorial, una empresa, que hace más bien editando lo que puede —y como puede mientras salen del agujero— que desapareciendo y haciendo desaparecer todo su legado.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.