La burbuja de los salones del manga

Un breve repaso por la situación actual de los salones y como su posición dentro de la afición está degenerando hasta puntos extremos.

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Cuando llevas un tiempo en esto del manga, de una forma o de otra, lo acabas tomando como rutina de una forma que no te gustaría. No digo que la rutina sea mala; al final la vida se basa en la pura rutina de los factores que vamos incorporando a ella, ya sea nuestro trabajo, estudios, relaciones sociales o aficiones. Sin embargo, sí es cierto, y es una de las cosas que nos brinda el sentimiento de nostalgia, que la percepción que tenemos de ellos es mucho mayor al hacer algo de memoria y remontarnos al inicio de cada una de esas piezas de nuestra vida.

Y si hacemos ese ejercicio de memoria colectiva, y nos remontamos al inicio de nuestra afición por el manga, el anime y todo el tinglado que hay formado en torno a ellos, probablemente rememoremos un afecto más grande por todo lo que esto significa que el actual.

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Stand de videojuegos, donde podréis participar en la maratón clásica de cada año. También se proyectarán algunas películas del disco duro de la consola todavía por determinar. Además, mi madre me ha confirmado que habrán ganchitos y Ruffles Jamón suficientes para saciar el hambre de los asistentes.

Quiero decir, que cuando con unos diez años fui a mi primer salón del manga flipaba. Y no os hablo de un salón de Barcelona, ni de Madrid, ni de Jerez en su época. Sin embargo, el hecho de ir a un sitio lleno de gente, donde podía comprar un montón de series, alguna figurita chorra, tragarme una cola para comer ramen, ver a gente divertirse encima de un escenario o simplemente, pasar el día en un ambiente distinto, era alucinante.

Ahora no es que eso se haya perdido, pero está claro que la figura del salón del manga se ha desvirtuado totalmente.

Lo que podía ser algo bonito, diferente y hasta enriquecedor, ha pasado a ser una gran bola de mierda que no deja de crecer. Evidentemente, yo y todos, nos hacemos mayores y como cualquier otra cosa, la afición pasa a ser algo rutinario. Siempre habrá momentos en los que esa rutina tenga picos de novedad, pero al final, no deja de ser lo mismo.

No obstante, no creo que ese sea el problema.

Los salones del manga ya no son salones del manga. Ya no hay manga. Ahora hay camisetas, figuras, merchandising vario, hamas y algún cómic suelto. Los productos derivados siempre han estado, siempre estuvieron, y de hecho, son necesarios. También han sido siempre, en su mayoría, de origen chino.

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En la sala exterior del recinto, y aprovechando el fresquito que hace estos días, se celebrará el tradicional regado de plantas al estilo japonés, donde mi madre guiará a los presentes sobre el arte de regarle las plantas para que no tenga que hacerlo ella.

Pero al igual que los propios salones, ese “fuera de la ley” también ha degenerado. Ahora todo es chino, todo es de mala calidad y todo tiene cabida menos el manga. Por si fuera poco, las propias tiendas han empezado a producir su propio material, ya sea a través de camisetas de Minecraft a granel o de la última parafernalia de Ataque a los Titanes. Con lo cual, reducen aún más los costes ante un visitante medio impasivo ante esto; simplemente quieren llevarse a casa algo de su serie favorita, a fin de cuentas, qué importa el origen.

Esto es un problema que nadie quiere ver. Los organizadores de los salones necesitan cubrir costes, o incluso generar beneficio. Por tanto, se busca rellenar el espacio con lo que sea, sin pasar ningún tipo de control de calidad sobre lo que están vendiendo. No es responsabilidad de un chaval de diez o doce años saber que lo que está comprando tiene un margen de beneficio brutal para una tienda que se está lucrando a base de vender camisetas que se ha hecho en casa con una imagen oficial, sino responsabilidad del organizador.

Así, el escenario que tenemos es el de stands llenos de productos de malísima calidad, que dan una imagen terrible del panorama, sin ningún tipo de cabida para el manga, que es la base de la pirámide, lo que ha de sustentar todo. El manga es el origen de todos esos productos. O si me apuras, el Minecraft.

Por otra parte, y como punto fundamental del problema, está la abusiva proliferación de salones. Pero no de salones del manga, ni de eventos culturales, ni de jornadas de asociaciones. De salones del manga basura que parecen tener como único cometido hacer caja a costa del aficionado y que no cuentan con ningún tipo de interés más allá que el de cobrarle a ese chaval de diez o doce años una entrada para que vea los stands de turno y haga un rato el loco como lo haría en un parque.

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También, en exclusiva, contaremos con una sala que recrea un Love Hotel típico japonés de estilo occidental, donde los que paguen un módico precio podrán disfrutar de un periodo de tiempo sin cámaras ni micros en él.

No es lógico, ni sano, que haya cinco salones al mes, uno por semana, en cada parte de España. Claro que todos quieren disfrutar de su afición en un ambiente de amistad y gente con la que compartes afición. Pero es que para eso no necesitas pagar una entrada, que por cierto, cada vez es más elevada. Tampoco es necesario llamarlo salón del manga si lo que vas a hacer es poner cuatro stands de productos chinos, cuatro consolas mal puestas y otras cuatro actividades para salir del paso. Llámalo salón de tu casa, o salón del vecino, pero no engañes a la gente.

Hemos llegado a un punto en el que hacer salones y eventos de mierda es lo habitual. Y no lo entiendo. No entiendo que se siga permitiendo a los organizadores hacer un trabajo nefasto a costa del bolsillo del visitante, y esto va a acabar por ser otra burbuja más.

A todos nos suena la burbuja inmobiliaria y la burbuja del ladrillo. No pretendo compararlas con los salones del manga, ni mucho menos, pero sí hacer un paralelismo; por mucha renovación generacional que haya, el aficionado podrá picar una, dos, tres, cuatro, cinco y nueve veces, pero a la décima ya no le tocas más los huevos. Ya no se traga una cola de horas para entrar a un recinto que da pena. Ya no te paga una entrada abusiva para hacer lo mismo que puede hacer en su casa gratis.

Y eso es algo que se empieza a ver. Se están cargando no sólo la premisa de un salón del manga, sino parte de la afición, y la gente está dejando de ir a los salones. El público baja, y la burbuja acabará explotando. Porque la novedad, cuando tienes diez años, está muy bien, pero cuando tienes unos cuantos más y ves que te están tomando el pelo, se corta el grifo.

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Este año, en nuestra Sala de Conferencias, un vagabundo disfrazado de Youka Nitta firmará ejemplares a las fans y montará un par de muebles con restos que ha encontrado en los contenedores en las últimas semanas.

Imágenes y texto de las mismas originales de mi compañero Raúl Coronado (Orochi), publicadas en 2010 en su blog personal con mucho humor y amor por su madre.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.