Análisis: ‘Tomodachi Life’

NINTENDOGS + THE SIMS GOT REAL, BITCH

La introspección Nintendera no conoce límites, y prueba de ello son los juegos sociales que la compañía de público familiar por antonomasia acostumbra a lanzar. En ocasiones, con un gran componente de riesgo relativo a la localización y adaptación de un título pensado en primera instancia para cumplir las exigencias de un público japonés.

Los japoneses, de hecho, respondieron al fenómeno Tomodachi Life con los brazos abiertos; dos millones de unidades vendidas, planes para más juegos de la serie, y por lo pronto, un escenario en el nuevo Super Smash Bros. No es para menos, aún con la occidentalización del título, seguimos viendo la parafernalia nipona por todas partes.

Esta forma de jugar determinada por el propio usuario, a través de sus pensamientos y emociones —al fin y al cabo, en gran parte de los casos estamos jugando con nuestro personaje y el de conocidos— y la utilización de Miis caracterizados a gusto, con ciertas limitaciones de actuación, se ve reflejada a la perfección en Tomodachi Life, un juego que se ha ganado por méritos propios dos comparaciones. Una de ellas es evidente: A los Sims puedes manejarlos más o menos, pero al final es ponerles la casa y crearles compañeros de ocio. La otra quizás no haya sonado tanto, pero jugar a la última invención de Nintendo es sinónimo de jugar al Nintendogs.

El concepto de juego que nos ofrece Nintendo, si bien como digo podría ir encasillado en una categoría muy próxima al juego de Electronic Arts, se basa en la pura interacción con nuestros personajes; los personajes residentes de un bloque de Miis que vamos creando —o cogiendo de Internet y de nuestros amigos gracias a la estupenda implementación de los códigos QR— y a los que tendremos que alimentar uno por uno, cuidar cuando se pongan malos, entretenerlos e incluso vestirlos.

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Este trato individual, casi personalizado —cada personaje desarrollará sus propios gustos en base a la comida, por ejemplo— que el jugador tiene que atender al dedillo, es muy próximo a la experiencia que Nintendo y otras tantas nos ofrecían con los juegos de compañía animal.

No quiere decir esto que Tomodachi Life sea un criadero de personas —que también lo es, permitiendo a los Miis casarse y reproducirse—, sino que no se deja nada al azar. Los personajes se enamorarán, querrán hacerse amigos o comprarse un gorro, pero al final eres tú el que decide si eso sucede o no. Y si aceptas, y la cosa va mal, también tendrás que consolarlos.

Pero dejando a un lado las relaciones sociales, que son de lejos el pilar fundamental del juego, las posibilidades que nos ofrece el título de Nintendo 3DS son bastante variadas de cara, eso sí, a combatir el aburrimiento más extremo. Y digo esto porque el uso del juego depende de uno mismo; una vez vayas completando las distintas edificaciones de la isla donde te encuentras, la sustancia de Tomodachi Life no va más allá del desarrollo personal de cada personaje que comentaba más arriba.

Eso sí, tenemos minijuegos a mansalva, en los que participaremos junto a los propios habitantes de nuestra isla, además de numerosas formas de pasar el tiempo. Juegos de recreativas, tests de personalidad, audiciones de cantantes y grupos, una playa, un parque de atracciones, y claro está, la inherente posibilidad de fotografiarlo todo y compartirlo al momento con tus amigos.

Tomodachi Life ha entrado con fuerza en el género del videojuego social gracias al punto y aparte que se establece entre los actos del jugador y los personajes, mientras que permite una personalización total de los aspectos de ocio. Porque, al final, la gracia del juego está en esas muchas pequeñas cosas que nos ofrece. Ni son de gran calidad ni jugabilidad, ni pretenden serlo, pero son su buen humor y pequeñas dosis de locura, lo que hacen que sea un juego accesible y disfrutable por cualquier persona.

Y eso, al final, es lo que importa. Del resto ya se ha encargado Nintendo; localización de la comida —sí, tenéis desde tortilla de patatas a gazpacho—, mucho bailoteo y caras raras, y multitud de objetos con los que explorar las distintas facetas de nuestros personajes. A bote pronto, ver a dos de tus residentes juntos en la casa de uno de ellos jugando a la Wii U es un puntazo, y ya no os digo haceros el Mii de algún famoso y tirar de muletillas.

Así que otra cosa no sé, pero un buen rato y unas risas son sinónimo de Tomodachi Life. La idea está bien montada, y si Nintendo sabe jugar sus cartas, bien podría ganarse un hueco junto a otros títulos de simulación social.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.

7
Tomodachi Life (3DS)
Lo mejor
  • Diversión a raudales y mucho humor.
  • Interacción novedosa con los Miis.
  • A pesar de su simplicidad se hace querer.
Lo peor
  • Para jugar a ratos, no da para grandes partidas.
  • Las cosas que hacer en la isla se acaban pronto.
  • Tendrás que dedicarle algo cada día para darle continuidad.



  • Megoliat

    A ver si ahorro unas pelas y me lo pillo, que parece una fumada de las grandes XDD

“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.