Toshio Maeda: «La censura pornográfica estimula la imaginación y el interés por la escena»

Charlamos con el dibujante que revolucionó el manga hentai

El anuncio de la visita al XX Salón del Manga de Barcelona de dos de los grandes autores japoneses de los últimos 20 años, Takehiko Inoue (Slam Dunk, Vagabond) y Takeshi Obata (Death Note, Bakuman), ha dejado en segundo plano la presencia de otro mangaka legendario en nuestro país. Nacido en 1953, Toshio Maeda fue el dibujante que revolucionó el manga hentai al burlar la censura mediante la creación de los “tentáculos”. Los introdujo en Yôjû kyôshitsu (Demon Beast Invasion) en 1989, aunque se asocian a su obra más popular, Urotsukidôji, cuyo anime fue un hito entre la primera generación de otakus españoles. Retirado desde 2001 por motivos de salud, pudimos compartir un rato con el maestro Maeda en la reciente Japan Weekend de Madrid para hablar sobre su obra y el género erótico en general.

El manga es capaz de narrar una gran variedad de historias desde los puntos de vista más variopintos. Sin embargo, cierto tipo de obras se consideran de perfil bajo. ¿Los autores de manga erótico se sienten orgullosos de su trabajo?

En general, no creo que los dibujantes se sientan muy orgullosos de hacer manga pornográfico. Sin embargo, un mangaka sabe que puede acabar dibujando cualquier tipo de historia, y el manga erótico es una forma más de ganarse la vida. Algunos dibujantes incluso consiguen ganar mucho dinero dedicándose a este género.

Después de Estados Unidos, Japón posee la mayor industria pornográfica del mundo y cada vez abarca un mayor mercado internacional. Sin embargo, por ley, se aplica censura. ¿No le parece incoherente?

En Estados Unidos, la pornografía también empezó estando prohibida y luego censurada, arrinconando los puntos de venta. Con el paso del tiempo fue normalizándose y convirtiéndose en la industria de entretenimiento para adultos que es hoy. En Japón, tanto el cine pornográfico, como el hentai (manga, anime, videojuegos…) también ha tenido una evolución, quizás más lenta. Al principio no se podía dibujar vello púbico ni genitales; bien entrados los años 90 ya era habitual ver vello púbico y desde hace tiempo se muestran genitales, aunque suelan estar pixelados o tener una tira tapándolos. El tiempo dirá cómo prosigue esta evolución. Aun así, la mayoría de productores y editores considera que la censura tiene una parte positiva, en el sentido de que el hecho de no ver al 100% la acción estimula la imaginación y el interés por la escena a la espera de comprobar si se ve “un poco más”. Si se eliminara esa censura, cuando el consumidor hubiera visto o leído unos cuantos productos, se cansaría. Digamos que la censura es un plus, al menos para el público japonés.

 

«La censura tiene una parte positiva, en el sentido de que el hecho de no ver al 100% la acción estimula la imaginación y el interés por la escena»

 

La censura, no obstante, ha traspasado las fronteras del género para adultos. La famosa ley 156 de Tokio, inducida por el político Shintaro Ishihara, trata de evitar los contenidos perniciosos en el manga para jóvenes. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Esa ley ha modificado un poco la situación, ya que algunas editoriales realizan una cierta autocensura previa a la publicación. En cualquier caso, no va a suponer un cambio drástico de las historias. Con ella se pretende proteger a los jóvenes japoneses. ¿Pero lo va a lograr? Hoy en día todo el mundo tiene Internet y si buscan pornografía, violencia extrema o temas tabú, solo necesitan pasar unos minutos en la red. No creo que el manga shônen sea más pernicioso que todo lo que tienen a su alcance en Internet. A efectos prácticos, es una ley inútil.

En España, durante la década de los 90, se publicaba regularmente manga y anime hentai. Sin embargo, a pesar de sus buenas ventas, las editoriales dejaron de publicar estos contenidos porque consideraban que dañaban la imagen del manga y desprestigiaban a los aficionados socialmente. ¿A usted le parece un género indigno?

Cuando yo dibujaba manga, el género tenía esencia. Contaba una historia, ya fuese un romance, un drama o una situación humorística, que acababa con un acto sexual coherente. Había un trasfondo intenso y no necesitaba apenas censura. Con el tiempo, sin embargo, el argumento que da pie al sexo empezó a mostrarse enseguida para así incluir más páginas eróticas con las que vender más, lo que ocasionaba que al final hubiera censura en casi toda la historia. Pese a que esa censura ha ido menguando y tapando cada vez menos, eso no ha supuesto mejorar los argumentos ni la narrativa de las historias. Cuando yo publiqué Urotsukidôji, no mostraba únicamente demonios, violaciones y gore, también introduje elementos religiosos y trascendentales. Eso es lo que hacíamos los mangakas del género entonces: narrar una historia que incluía sexo. Hoy en día, prima el dibujo sobre la historia. No hay argumento. Solo viñetas y más viñetas de sexo. Aunque un dibujante quiera dotar de un buen guion a su historia, los editores piden que haya sexo en casi todas las páginas. El sexo es parte de la vida y se entiende mejor en un contexto: conociendo a los personajes, cuáles son sus relaciones, con un trasfondo detrás. En el manga erótico actual todo eso se ha perdido. En parte, esta exigencia ha llevado al sector a perder una gran cantidad de consumidores habituales dentro de Japón, aunque los ha ganado en el resto de Asia, América y Europa.

Entrando ya en su trayectoria como dibujante, cuando a los 16 años usted se marcha de casa para trasladarse desde Osaka hasta Tokio, ¿con qué tipo de manga soñaba dibujar?

Está claro que en aquel momento no podía imaginar que acabaría dedicándome al manga erótico. Yo era un chaval que solo pensaba en hacerse mangaka, en el fondo me daba igual qué tipo de historia contar. Lo que sí descubrí al cabo de poco tiempo de llegar a Tokio es que la vida de un autor de manga para adultos era más larga que la de un mangaka shônen. Aproximadamente el triple: un shônen de éxito suele alargarse unos 10 años, mientras que un seinen popular es capaz de durar 30 años. Por ese motivo acepté dibujar manga erótico cuando un editor me lo propuso. Afortunadamente, me fue bien y, paralelamente, llegué a hacer manga shônen, manga para mujeres, ilustraciones para novelas y para cubiertas de revistas, etc. Incluso un manga político… que no politentáculo (risas).

A la hora de crear su obra más popular internacionalmente, Urotsukidôji, ¿en qué se inspiró?

Antes de Urotsukidôji, yo estaba dibujando manga erótico al uso. No me atraía demasiado y suponía que tampoco debía de ser muy interesante para el lector, porque era la típica historia de hombre conoce a mujer y acaban teniendo relaciones sexuales. Quería hacer algo más atractivo para el público y que a mí me divirtiera. Para entonces, yo había hecho algunos mangas de acción y se me ocurrió introducir elementos nuevos en las historias. Si estaba dibujando un manga para adultos, quería incluir temas de adultos. Así creé una historia oscura y compleja, con acción, sangre, demonios… y un componente trascendental: el fin del mundo. Era una historia interesante que tenía sexo. Por entonces, triunfaban las películas de Hayao Miyazaki, donde todo era amor y ternura, mucho sentimentalismo. Me encantan sus películas, ¿eh? Pero mi intención era enfocar el amor desde la visión contraria a la del maestro Miyazaki: con sexo, violencia, oscuridad…

 

«Mi intención era enfocar el amor desde la visión contraria a la del maestro Miyazaki: con sexo, violencia, oscuridad…»

 

Cuando empezó a publicar Urotsukidôji en 1986, dado que contenía aspectos que no se habían visto antes en el género y podían resultar controvertidos, ¿se produjo alguna polémica en Japón?

No, nadie se escandalizó cuando comenzó la serialización del manga. Tuvo mucho éxito, pero como se dirigía a adultos nadie puso el grito en el cielo. No obstante, sí es cierto que la adaptación al anime trajo cierta polémica. Al contrario de lo que muchos piensan, en el manga no aparecen tentáculos; eso fue algo que se introdujo en el anime. Como el anime fue un superventas y superaba a los animes para niños y jóvenes más populares, estuvo expuesto a la opinión pública. Hubo voces críticas entre los sectores más conservadores, pero no fue a más.

Hace ahora 20 años, el mercado español del manganime estaba formándose y, cuando se le preguntaba a los jóvenes españoles por los “dibujos manga”, todos conocían Dragon Ball, Saint Seiya, la película Akira… y Urotsukidôji. ¿Le sorprende la repercusión que tuvo su obra en un país tan lejano?

Es curioso saberlo, desde luego, pero también hay que tener en cuenta que Urotsukidôji era diferente a todo lo demás. Cuando yo era niño, crecí con el manga del alquiler (kashihon’ya), que tenía temáticas muy amplias. Entre ellas los asesinatos y la venganza. También leía cómic estadounidense, que tenía un estilo y una narrativa muy diferentes al manga. Quizás por eso opté por el estilo gekiga en mi carrera, ya que me permitía usar unas temáticas y unos elementos para adultos. En mi obra volqué todo lo que había consumido, desde literatura a cómic, de dibujos animados a cuentos, y como tenía influencias de tantas y tan distintas cosas, acabé creando algo original respecto a lo que se publicaba en aquel momento. Creo que eso fue lo que hacía atractivo Urotsukidôji para el público tanto japonés como extranjero.

A pesar de que sus obras tienen monstruos, demonios, violencia y sangre, suele incluir también algún secundario cómico, como Kuroko (Urotsukidôji) y Nin-Nin (La Blue Girl). ¿A qué se debe?

Como bien sabes, yo soy de Osaka. Nuestra manera de ser es algo distinta a la del resto de japoneses, somos más directos, más alegres. Yo mismo soy el típico japonés de Osaka. Esos personajes que comentas me ayudaban a quitar presión a la seriedad de la historia y, en cierto modo, reflejé mi personalidad en ellos. Podríamos decir que Kuroko y Nin-Nin son como yo: pervertidos y divertidos (risas).

Hace 15 años sufrió un accidente de tráfico que le obligó a abandonar el manga cuando era un autor en la cima de su carrera…

Realmente no pudo imaginarme cómo hubiera transcurrido mi carrera ni cómo me iría en la actualidad. Es muy difícil sobrevivir en el sector del manga, que se renueva regularmente y presenta una competitividad feroz. Más aún en el manga erótico, en el que cada poco tiempo surgen jóvenes impetuosos que dibujan fenomenalmente. ¿Pero sabes una cosa? Me da igual, creo que ha sido un cambio positivo en mi vida. No sufro la presión de las fechas de entrega ni tengo que sacrificar los días libres ni las vacaciones. Aquello era todo por dinero. Sí, lo perdí todo, pero gané en calidad de vida. Tras el accidente, me arruiné. Perdí a muchos amigos, mi mujer me abandonó e incluso mi hijo renegó de mí. Esa terrible experiencia me permitió saber quiénes eran mis verdaderos amigos y también mi verdadera familia. Conocí a mi actual esposa, que también es de Osaka, y pasamos las veinticuatro horas del día juntos; allá donde voy yo viene ella, aunque sea a la otra punta del planeta. Ahora puedo viajar por el mundo, conocer la industria del cómic de otros países, hacer colaboraciones con artistas extranjeros y relacionarme con los lectores directamente, ya que hablo inglés. Puedo hablar de manga y de la vida sin ataduras.

Está realizando una especie de gira internacional, ya que ha estado en Alemania y Portugal, ahora toca España, próximamente visitará Francia, Italia, Bélgica, Holanda… ¿Siente que la oportunidad de acudir como invitado a eventos de manga en todos estos países es un reconocimiento a su figura?

¡Es un placer poder acudir a tantos países y conocer a los fans del manga! Me siento muy honrado. Para la organización de estos eventos, traer invitados japoneses es complicado y caro, y muchas veces no se recupera la inversión. Por esa razón estoy agradecido. Para mí es una gran oportunidad de conocer a los lectores de cómic de cada país e intercambiar experiencias. Me basta con tener una mesa, un par de sillas y sentarme con el material original que traigo. Los fans pueden comprarlo o sencillamente verlo. Me gusta observar sus reacciones ante el material original de manga, que ellos normalmente no pueden ver. Estoy disfrutando mucho de los eventos a los que acudo, de la gente a la que conozco y, claro, de la gastronomía local (risas).

Periodista otaku. Redactor en revistas sobre animación, cómics, cine, teleseries y videojuegos. Revisor, subtitulador y articulista de manga y anime.




  • Alex Aguado Ronin

    perdi la oportunidad de verle cuando vino a españa, espero volver a tener otra!!! :(

  • DeadlyRose

    asi que este creo los tentaculos xD?

“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.