El Club Nintendo, toda una vida de videojuegos en forma de estrellas

Un repaso a mis años dentro del club nintendero

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Cuando hace unas semanas Nintendo anunció que cerraría el Club Nintendo a finales de año, no pude evitar sentir una profunda tristeza. Es cierto que han anunciado que habrá un nuevo servicio, y también es cierto que el uso que le daba actualmente al Club Nintendo no era demasiado intenso. La cosa va un poco más allá.

El 1 de julio de 2005 abrí mi cuenta en el Club Nintendo. En esos primeros días registré —para los que desconozcan el sistema, los juegos que comprabas venían con un código que introducías en la web y a cambio obtenías estrellas para cambiar por regalos— Pokémon Edición Rojo FuegoPokémon Edición ZafiroPokémon Pinball: Rubí & Zafiro o para no aburriros con mi vicio desenfrenado a Pokémon de por aquel entonces, Mario & Luigi: Superstar Saga.

Registré al mismo tiempo también mi maravillosa Nintendo GameCube. Claro está, junto a Pokémon Colosseum, pero también junto a Star Fox AdventuresSuper Smash Bros. Melee.

Aunque había jugado a la Nintendo 64 en casa de algunos amigos, y aún habiendo pasado por mis manos una Playstation 1 y una consola de juegos preinstalados de la NES, la GameCube fue mi primera experiencia completa con una consola de sobremesa. Tenía diez putos años, también es verdad. Y también es cierto que ya llevaba dándole al mando unos años a través de esas otras consolas.

Y joder, cuando hoy he entrado a mi cuenta del Club Nintendo, y he mirado el historial de registros, no he podido evitar sentir una profunda emoción y nostalgia por aquellos años. Aparece también, por ejemplo, marcado con 750 estrellas, el Pack Zelda de Edición Limitada de la Gameboy Advance SP que venía junto a The Legend of Zelda: The Minish Cap. Probablemente el juego de Zelda al que más horas dediqué escondido entre las sábanas hasta tarde.

estrellas nintendoPor aquel entonces el Club Nintendo era muy diferente al actual. En diseño, obviamente, pero también en el tipo de regalos y la forma de funcionar de las estrellas. Una cosa de la que no me acordaba, y que he recordado ahora mirando ese registro, es que por aquel entonces, cada día que entrabas al Club Nintendo te regalaban 5 estrellas. Era un gran aliciente para entrar diariamente.

En cuanto a los regalos, cualquiera que estuviera registrado en aquella época recordará que eran bastante mejor que los de ahora.

Nunca me olvidaré de The Legend of Zelda Collector’s Edition. Fue el primer regalo que conseguí del Club Nintendo. 4500 estrellas por un disco de GameCube que incluía 4 juegos: The Legend of Zelda (NES), Zelda II: The Adventure of Link (NES), The Legend of Zelda: Ocarina of Time (Nintendo 64) y The Legend of Zelda: Majora’s Mask (Nintendo 64), además de una demo jugable de 20 minutos de The Legend of Zelda: The Wind Waker.

Lo mejor de todo es que por algún error me llegó dos veces. Fue mi gran introducción al mundo de The Legend of Zelda, con un disco que se convirtió en uno de mis grandes tesoros. Pero no solo eran mejores regalos, también el precio en estrellas era genial. Me hice con Metroid Fusion para GBA por 3500 estrellas, las mismas que me costaron el Geist de GameCube.

Por aquel entonces entraba bastante, independientemente de esas 5 estrellas que regalaban, porque solían actualizar bastante el catálogo de regalos —estaba muy pendiente de las novedades, solían ser cosas muy chulas— y porque tenían… ¡Un foro! Es cierto que luego han ido floreciendo comunidades dedicadas a Nintendo, pero aquel también era un buen punto que el club dejó atrás.

Si mal no recuerdo, Geist fue de los últimos regalo que conseguí en el diseño antiguo; luego vendría un renovado club que formó también parte de una nueva etapa de mi vida en el mundo de los videojuegos: La llegada de Nintendo DS y Wii, ambas igualmente registradas junto a una buena cantidad de juegos.

Otra de las grandes bondades del Club Nintendo era que te permitía ir amigo por amigo pidiéndole los códigos de los juegos que él no usaba para meterlos y conseguir estrellas. A veces llegabas a tener juegos (y consolas) repetidos registrados.

Un estuche para cartuchos de Nintendo DS con la imagen de Lucario, una camiseta del Nintendogs o alguna banda sonora son otros de los regalos que fui consiguiendo con el club. Aunque de la etapa de Wii, donde más gasté fue en los puntos para la Consola Virtual. Casi 12.000 estrellas gastadas en puntos para comprar juegos virtuales; es cierto que el club ya no ofrecía por lo general juegos físicos, pero al menos tenías esto.

Por desgracia, no puedo volver a esa etapa en la que los videojuegos y Nintendo consumían las tres cuartas partes de mi tiempo, pero sí me quedo con un recuerdo maravilloso de lo que el Club Nintendo me apartó en aquella etapa. Así que no puedo sino lamentar su cierre, que como en aquel entonces el cambio de diseño y concepto venía, de alguna forma, a cerrar una etapa de mi vida en los videojuegos, ahora viene corriendo a decirme que me he hecho mayor y que ya no me puedo tirarme horas y horas pegado a la pantalla.

Nunca perdáis las ganas de jugar, y mucho menos olvidéis todo ese bagaje que nos ha llevado hasta aquí. Ya sea en forma del Club Nintendo, de las tardes jugando en casa o con amigos, del “espera que ahora no puedo guardar”, o de la emoción de entrar a la sección de juegos del centro comercial. Una forma de no olvidar que los juegos son —o al menos, fueron— algo más que datos descargables, puntuaciones y gente subiendo partidas a Youtube.