Reseña: ‘Princesa’ (Han Gong-ju)

La galardonada película surcoreana de Lee Su-jin

Al principio de la película, me pareció extraño. La sinopsis de Princesa (Han Gong-ju) habla de un misterioso incidente que ocurre en el pasado de la protagonista. No se desvela el qué, aunque es posible adivinarlo pronto. ¿En qué clase de delito una sociedad atrasada trata a la víctima como culpable? En realidad, no hay muchas opciones posibles.

Sin embargo, haré honor al espíritu de la película y no desvelaré de qué se trata durante esta reseña. Creo que es lo adecuado, pues sospecho que hay una razón por la que el director (Lee Su-jin) decidió no decir de forma expresa lo evidente durante los primeros estadios de la cinta. En realidad, puede que sea por dos razones.

La historia comienza con Han Gong-ju (Chun Woo-hee), nuestra protagonista, hablando sobre lo importante que es la música para ella durante un juicio. No sabemos qué se está juzgando, y no se nos permite ver lo suficiente para descubrirlo. La película no tarda en saltar a la mudanza de Gong-ju a una nueva ciudad, donde se queda a vivir con la madre de su profesor. A partir de aquí veremos el proceso de adaptación de la joven al lugar, una etapa agridulce, debido a sus heridas emocionales: descubriremos que actitudes normales y bienintencionadas de la gente a su alrededor pueden llegar a hacerle daño; dada su fragilidad, es hipersensible a ciertas acciones y comentarios a los que nadie más daría importancia. Las personas de su entorno la hieren sin darse cuenta de lo que hacen.

Pero Gong-ju no estalla, se limita a interiorizar el daño y seguir adelante. Nunca pide ayuda: piensa que no servirá de nada. En breves flashbacks vamos observando poco a poco lo que le sucedió, cómo ha sido tratada por las personas que deberían haberla ayudado, las razones del comportamiento distante pero feroz que esgrime en el presente. Y ella descubre que es capaz de seguir adelante, que ahora hay cosas buenas en su vida: en especial el personaje más encantador de la cinta, su compañera de clase Eun-hee (Jung In-sun), una chica que pertenece al club de música del nuevo instituto y que no se rendirá con Gong-ju por alto que sea el muro que la protagonista levanta a su alrededor.

Sin embargo, no se le permite superarlo: aunque ella esté dispuesta a olvidar, el resto del mundo no lo hace. Es como si el crimen de ser una víctima fuera demasiado grave y no pudiera quedar sin castigo. Lo que sucede a Gong-ju se debe a una mala legislación, a un atraso cultural y a un machismo subyacente que impide al resto de personajes obrar tal como dictaría el sentido común; pero en ningún momento la película actúa como una crítica social, se limita a exponer los hechos y a sumergirnos en el frío oleaje emocional de una chica que tiene que soportar demasiado pese a no haber hecho nada malo. Cuando por fin se nos muestra de forma directa lo que todos adivinábamos, ya conocemos demasiado bien las repercusiones que tendrá, la inmensidad del daño que se está provocando y empatizamos a todos los niveles con Han Gong-ju. Creo que esta es la primera de las razones por las que la historia se nos desvela poco a poco: ver el crudo suceso desde el principio nos podría haber dejado impasibles; porque todos sabemos que esas cosas ocurren, porque cientos de noticias y obras de ficción que tratan el asunto sin el debido tacto nos han insensibilizado, y el director vuelve a despertar en nosotros esa impresionabilidad poco a poco, para luego lanzarnos la fría realidad a la cara.

Esto se consigue por medio de unas grandes actuaciones —desde luego, muy por encima del sobreactuado nivel de los típicos doramas surcoreanos— y una acertada dirección capaz de hacernos saber en todo momento en qué está pensando Gong-ju sin necesidad de palabras. Sin embargo, también debo decir que la combinación de escenas del presente con recuerdos no está bien diferenciada, y en ciertos momentos tardé un rato en discernir a qué época pertenecía la escena que estaba mirando. La película también es, quizá, demasiado silenciosa. No suena melodía alguna la mayor parte del tiempo, aunque eso le otorga un toque extra de sobriedad y ayuda a resaltar las escenas del club de música. Puede ser tanto una virtud como un defecto, porque lo cierto es que la he echado de menos en otros momentos.

Por último, aclararé la segunda razón a la que me referí al principio del texto. ¿Por qué no se nos explica claramente lo sucedido a la protagonista, con lo fácil que resulta de adivinar? La respuesta puede ser que, en su contexto cultural original, las explicaciones sobran. Personalmente, cuando me enfrento a una nueva obra audiovisual, me gusta saber lo mínimo posible de ella; así pues, no me informé demasiado sobre el origen de esta película o sus creadores. Al terminarla, decidí buscar información para escribir esta reseña y… descubrí que está basada en un caso real. No sucedió a personas con los nombres de la película, y se trata de un caso de 2004 (Princesa se ambienta en la actualidad); sin embargo, para la sociedad de Corea del Sur debe ser un suceso tan sensible y presente como  lo son para nosotros otros igual de terribles que ha habido en nuestra propia geografía.

Sin el debido contexto, la película es una historia emocional y efectiva sobre la vida de una chica que trata de superar una experiencia horrible, en un mundo que se avergüenza de ella en lugar de compadecerla. Sin embargo, una vez que descubres en qué está basada, la experiencia se vuelve sencillamente demoledora.

Princesa se estrenará el próximo 8 de mayo de la mano de Mediatres Estudio en cines, alquiler físico y varias plataformas VOD: Filmin, Yomvi, Wuaki, Nubeox, Imagenio y Ono.

Mediatres Estudio


compañía española Mediatres Estudio responsable de la licencia de cine asiático y anime japonés.





  • Luis David Vega Pineda

    cierta mente esta película demuestra los verdaderos rostros y naturaleza de los humanos realmente es algo muy triste