Reseña: ‘Las flores del mal’ #1-2

Shuzo Oshimi a vueltas con la obra de Baudelaire

En Las flores del mal, Baudelaire traza la poesía moderna bajo la oscuridad del deseo. Censurado, criticado y condenado —pero también venerado—, el poeta francés divide su obra entre lo divino y lo diabólico, recorriendo la perversión y lo atractivo de la experiencia humana, para dejar atrás todo tabú sobre lo sensual y lo ilícito. Le sirvió para que años después de su muerte, Baudelaire y Las flores del mal fueran tomados como uno de los precursores del simbolismo, el movimiento literario de finales del XIX que rechazaba lo empírico y de juicio lógico y daba la mano a una representación del mundo más cercano a lo cognitivo; un mundo en el que el misticismo y lo espiritual toman forma a través de nuestro subconsciente.

En aquella época le servió para inspirar a autores como Rimbaud, pero su legado no terminó ahí. En el año 2009 el japonés Shuzo Oshimi cogía por banda la obra de Baudelaire y la transformaba en un manga. No me malinterpretéis; en Aku no Hana, que ha llegado a España de la mano de Norma Editorial bajo el adecuado título de Las flores del mal, el japonés no adapta, en ningún caso, los versos del poeta francés. Sí coge, de algún modo, la esencia que esas evocaciones y las transforma en una historia de instituto de un toque siniestro y lleno de informalidades en cuanto a lo que la corrección y la pureza tratan de inculcar.

Anda como una diosa y reposa como una sultana;
tiene por el placer una fe mahometana,
y en sus brazos abiertos que llenan sus senos
atrae con la mirada a toda la raza humana.
— Charles Baudelaire

Es la segunda obra de Shuzo Oshimi que llega a nuestro país tras Cibercafé a la deriva, y el patrón se repite. Un chico cobarde y retraído enamorado de la chica de sus sueños e incapaz de confesar sus sentimientos y dar rienda suelta a lo que se cuece en su sino. Por h o por b, a Oshimi le gusta dar frenesí a sus historias permitiendo a ese chico cumplir su sueño: estar con la chica por la que siente un irrefrenable deseo. Por h o por b, también, lo que depara a este chico es llegar a su punto álgido de acercamiento cuando la situación a su alrededor toma un rango maximal de dificultad.

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Lo que caracteriza a Oshimi y su obra es su fervor por reproducir hasta el último detalle del sufrimiento que sus personajes han de pasar para lograr su objetivo último. Podrás estar con la chica que te gusta, pero ni el medio ni tu entorno te lo van a poner fácil; es más, te van a putear hasta la saciedad, vas a sentir miedo, dolor y ganas de abandonar. Pero valdrá la pena. Al menos para Kasuga, para quien parece confirmarse aquello de “el amor lo vale todo”.

Decía Baudelaire: “Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo”. Es una frase que reproduce bastante bien la sintomatología que encontramos en la historia y los personajes de Las flores del mal de Shuzo Oshimi. Sucumbir al amor en pos de una embriaguez crónica que perdura luchando contra todo lo que se opone a él, traducido en la pérdida de toda noción de tiempo y espacio.

El demonio se agita a mi lado sin cesar;
flota a mi alrededor cual aire impalpable;
lo respiro, siento cómo quema mi pulmón
y lo llena de un deseo eterno y culpable.
— Charles Baudelaire

Y así, Kasuga conseguirá estar con Saeki, la estudiante guapa y popular de la clase que acepta al chico de la clase obsesionado con la lectura en busca de nuevas experiencias culturales que el resto de sus compañeros no le pueden aportar. Pero no todo es tan sencillo, las cosas no pasan por que sí, y una vez pasan, tienen una serie de consecuencias. Veamos.

El demonio de Baudelaire, personificado en su compañera de clase Nakamura, lleva a Kasuga a conseguir su femme fatale. Es ella la que lo induce a dar rienda suelta a sus deseos más profundos, como una voz de la conciencia que ha apuñalado hasta la muerte a su compañera bondadosa y ahora se proclama como un Pepito Grillo oscuro y despiadado que gobierna sobre Saeki. Y él lo consiente. Puede, en repetidas ocasiones, poner punto y final a su situación. Arreglar todo aquello que le ha llevado a estar supeditado a una fuerza externa. Y no lo hace, no quiere hacerlo.

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Con un pie y medio dentro de Las flores del mal, Kasuga se ve arrastrado hacia una espiral de malas decisiones sin embargo avalada por haber posibilitado su amorío con Saeki. Y entonces llega el rechazo, su antítesis. Aquello que podría haberse solucionado sin un ápice de dificultad se ha hecho una bola enorme; y una locura instantánea se apodera de él.

Cerré entonces los ojos de frío y de terror,
y al abrirlos de nuevo al vivo resplandor,
junto a mí, y en lugar del maniquí gozado
que parecía haberse ya de sangre saciado,
temblaba un esqueleto, produciendo un crujido
como el de esa veleta que da un agrio chirrido,
o el rótulo hecho trizas del umbral del infierno
tremolando en el viento de una noche de invierno.
— Charles Baudelaire

La calidad argumental de Aku no Hana, o Las flores del mal, es irreprochable. Es irritante, eso sí, ver cómo el pusilánime del protagonista es incapaz de coger las riendas de sus actos y acaba por vivir sus días al borde de un precipicio. Pero también es lúdico, y reflexivo. Los dos primeros tomos de la obra abren las puertas a un mundo de posibilidad en el que Saeki, la propia representación de la pureza y el buen hacer, bebe del libro de Baudelaire, completando así un elenco del que nosotros, como espectadores, también formamos parte.

Dice Oshimi que se topó por primera vez con Las flores del mal en secundaria. “No comprendía muy bien lo que decía, pero desprendía un aire tan indecente, dudoso y pedante que el mero hecho de tenerlo en las manos me hacía sentir superior y guay”, dice. No sabemos si ahora lo entiende mejor que por aquel entonces, pero su escenificación en forma de manga sí que nos permite a nosotros entender un poco mejor —quizás a un nivel más simple— de qué iban todas esas movidas efímeras de la vida de las que nos hablaba Baudelaire.

Las flores del mal #1-2
Lo mejor
  • Una obra totalmente distinta al tipo de historias que solemos encontrar, como ya vimos en Cibercafé.
  • La representación del deseo adolescente en su lucha por la
  • Una estupenda puesta en escena de la ansiedad y mala praxis de los personajes.
Lo peor
  • En algunos momentos de la historia te llegas a preguntar si puede existir un protagonista tan imbécil.
  • Resulta cuando menos curioso, quizás por la mentalidad occidental, que la chica popular le diga que sí a un chico que habla de relación
  • Que haya tardado tanto en llegar.



  • Kipik

    Del manga no puedo opinar mucho, porque no lo he leído, pero el anime me encantó. El prota es anormal, eso lo sabemos todos, y posiblemente es lo que menos me guste, pero todo tiene una atmósfera tan extraña y oscura que me encantó.

    Lo malo es quereo que ante la no-salida de la 2a temporada del anime, terminaré leyendo el manga aunque su dibujo no me guste un pelo xD Espero que valga la pena.

    En fin, buena reseña Manu, aunque la esperaba un poco más larga y en ese sentido me has decepcionado e.e

    • No entiendo muy bien a qué te refieres con “más larga” como si la longitud de algo (que no sea el miembro masculino) importara a la hora de hablar de calidad. En cualquier caso, es una reseña de los dos primeros tomos, y de donde no hay no se puede sacar. Seguiré reseñando los próximos tomos.

  • Yasu

    Muy buen análisis. Personalmente, tiendo a pensar que es una bonita metáfora lo que crea el mangaka con esta obra: una persona que parte desde casi cero (la adolescencia), un diablillo malo, y un angelito bueno, a cada lado. Todo el mundo ha pasado por esa lucha, pero todos, sobre todo por el qué dirán, han optado por el lado bueno. El protagonista de la obra tiende, cada vez más, hacia su lado malo y perverso, aunque no lo quiera reconocer abiertamente. Tal y como Baudelaire (bueno, este sí lo reconoce, xd).
    En parte, resulta hasta algo crítico con la sociedad (y en esto coincidimos la occidental y la oriental): hay que hacer lo que por norma general se considera que está bien. Baudelaire, al igual que otros escritores, rechazó esta norma no escrita y simplemente disfrutó de sus actos y de su propia vida. Como la “mala” de la historia intenta hacer con el protagonista.
    Por eso mismo es tan acertado que sea un pringado, porque así no tiene personalidad, así no puede decidir, así eres tú, el lector, quien tiene que decidir, viendo las ventajas del vivir por tu propia ley.

“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.