Expomanga 2015 no convence: cruda crónica del evento

El salón de la capital no consigue dar la talla

La semana pasada se celebró el que debería ser el evento por excelencia que representase la cultura japonesa, y especialmente la cultura manga en la capital, Expomanga 2015, y mientras pretendo arrancar unas palabras que puedan relatar una crónica a la altura de las expectativas, no puedo sino pensar en el sinsentido en que se ha convertido un evento que de no celebrarse en Madrid y vivir de su popularidad, probablemente tendríamos una situación bien distinta. Esto es Expomanga.

Faltaban pocos días para la celebración del evento cuando leí la crónica que mi compañero Manu realizaba sobre Ficzone Granada y, con su positiva evolución, no hacía más que pensar qué haría diferente Expomanga este año. ¿Habría una verdadera evolución en un evento que en su anterior edición contó con más de 40.000 visitantes?

Y, aunque en este caso odio tener razón, la respuesta ya se dejaba entrever con un refrito de actividades repetidas todos los años y un cartel de invitados internacionales, que sin entrar a valorar en ningún momento su indiscutible y extensa trayectoria profesional, no tenía coherencia alguna, más cercano a la figura del invitado-relleno que a la figura de un representante actual e inmediato de la cultura manga en el año 2015; ningún autor de manga japonés entre los invitados.

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Y a pesar de que 14 ediciones después Expomanga siga pecando de errores inadmisibles e incomprensibles, este año la venta de merchandising falsificado se ha llevado la palma. ¿No estamos hartos de reivindicar la necesidad de comprar material original? ¿Cómo se puede permitir que una persona venda impunemente artículos falsificados a precio de original, induciendo a error a quien lo compra? Y lo que es peor, ¿cómo no se hace nada al respecto?

Esto no es un evento más llevado a cabo por aficionados, es un evento que conlleva la asistencia de más de 46.000 personas, y no se puede permitir que en pleno 2015 hagamos oídos sordos, que tengamos que sufrir el bochorno de presenciar la cara desencajada de la representante de Good Smile Company al ver que, tras venir en carretera desde Francia para traer por primera vez sus productos a nuestra ciudad, la inmensa mayoría de tiendas están vendiendo sus productos falsificados, que su esfuerzo se vea manchado por la imposibilidad de competir con precios inferiores ante quien no sabe distinguir una figura original de una falsa.

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Más de lo mismo con respecto a las horas interminables de cola y la gente sin poder entrar — desde la organización ya parecen haberse plantado en este sentido y están pidiendo la revisión del aforo del recinto, que viene dando lugar en las últimas ediciones a un sinfín de quebraderos de cabeza.

Por otra parte, la posibilidad de jugar en el stand de Bandai Namco antes de su lanzamiento a juegos como One Piece Warriors 3 o Tales of Zestiria fue uno de los grandes atractivos de esta edición. Tampoco nos olvidamos del estupendo concierto de Haruka o el maravilloso cartel y exposición de Kenneos.

Igualmente, es cierto que la presencia de Rui Kuroki, productor de títulos como Halo Legends o la secuencia animada de Kill Bill: Volumen 1, y de Naoyoshi Shiotani, director de Tokyo Marble Chocolate y Psycho-Pass, ofrecía ese punto necesario de internacionalidad al evento.

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Sin embargo, como comentaba al principio, su presencia parecía venir promovida más por la necesidad de cubrir ese hueco que por su propia importancia. Para hacernos una idea, la organización del evento ni siquiera anunció a Shiotani como director de Psycho-Pass, serie recién licenciada por Selecta Visión y el trabajo más destacado de su carrera en la industria del anime.

Queda clara una cosa: no se puede vivir del nombre y las rentas, y la prueba más clara es cómo cada año el Japan Weekend le gana terreno a Expomanga. Queremos que Expomanga siga siendo un referente, pero está claro que este no es el camino a seguir, más cuando eventos mucho menos «celebrados» del sur de España como FicZone ofrecen una oferta de actividades mucho más amplia y variada. Veremos si el año que viene podemos hablar de una situación distinta.




«Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.»

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.