Javier Olivares: «En El Ministerio del Tiempo jugamos con todas las Españas en el mismo equipo»

Entrevistamos al creador y guionista de El Ministerio del Tiempo

Hace unas semanas, durante el FicZone de Granada, tuve la oportunidad de sentarme a charlar con Javier Olivares, creador y guionista junto a su hermano Pablo de El Ministerio del Tiempo, una serie española que ha hecho historia entre el público, con un seguimiento por parte del público joven muy poco habitual en la ficción española. Javier Olivares no es ningún extraño para la televisión española. Ha trabajado en series tan emblemáticas de nuestra pequeña pantalla como Los hombres de Paco o Los Serrano, y en los últimos años, además de El Ministerio del Tiempo, ha creado Isabel y Víctor Ros para TVE. Su currículum es mucho más extenso, pero durante nuestra conversación nos dedicamos a los entresijos del ministerio, a sus formas y a sus porqués.

A finales del año pasado fallecía Pablo tras una larga lucha contra el ELA, con quien Javier había compartido multitud de proyectos, y quien era, por cuenta propia, otra figura muy importante de nuestra producción televisiva. Javier lo tiene muy presente, y la primera temporada de El Ministerio del Tiempo —de la que ya se ha confirmado una segunda— es su legado más reciente. Un legado único e irrepetible, por cierto. Una muestra fantástica de lo que nuestro país es, también, capaz de llevar a cabo a nivel audiovisual cuando se ponen los medios necesarios.

Durante la emisión de la primera temporada de El Ministerio del Tiempo se ha encasillado a la serie en multitud de géneros, que van desde el género histórico a la ciencia ficción pasando por la fantasía, pero conforme íbamos viendo los capítulos la realidad parecía ser otra mucho más simple. Al final, capítulo tras capítulo hemos ido asistiendo a un debate interno y moral de los personajes hacia lo que se puede cambiar del pasado y lo que no, hacia el hecho de recuperar, de algún modo, a los que ya no están. ¿Crees que es esto, en última instancia, lo que nos lleva a las personas a soñar en los viajes en el tiempo?

Sí, sin duda. Lo primero de todo, yo creo que El Ministerio del Tiempo es más género fantástico que ciencia ficción, claramente. Y en segundo lugar, yo siempre trato con un equipo de gente con el que hago el guión, que no son profesionales del guión, que sé que leen, que sé que ven series, pero que no están dentro del mercado. Y todos, cuando leyeron el capítulo piloto, emocionados, y en concreto una persona muy emocionada, me dijo que quería un teléfono para volver a despedirse de su padre como era debido. Ahí me di cuenta de que esta serie funcionaba, porque ese era su objetivo, que es justo el que tú acabas de definir. A mí me importa el concepto histórico, porque genera un planteamiento didáctico, porque era un fan con mi hermano de los viajes en el tiempo y tal, pero los Olivares siempre hemos trabajado desde un punto de vista, y sólo hace falta ver la etapa en la que estuvimos juntos en Los Serrano, que era mucho más adulta y de sus problemas. Nosotros siempre tenemos un sello de identidad que es los personajes y sus emociones, como algo primordial.

Y en esta temporada se ha potenciado por mil esa sensación de deber moral, de lo que uno desea y de lo que uno tiene. Y se ha potenciado por mil porque el hecho diferencial de El Ministerio del Tiempo en esta temporada con respecto a cualquier otra serie, o incluso con El Ministerio del Tiempo si sigue haciendo, es que ha sido la despedida de mi hermano y yo escribiendo.

¿Y ha calado ese ideario que queríais transmitir?

Hay dos conceptos de la serie que algunas personas se empeñan en entender de una manera que nosotros no concebimos así. Uno, que el tiempo no se puede tocar; por ejemplo, con el caso de Julián y su mujer, pero sin embargo sí lo cambia Alonso. Nosotros eclipsamos mucho historias, y la gente sueña e imagina. Mostramos una décima parte del volumen universal de lo que estamos contando. Por ejemplo, salvar a la esposa de Julián no dependía de la historia desde el punto de vista de la vida de Julián. A lo mejor dependía de qué pasaba en la noche anterior y en la semana anterior con la vida del hombre que iba en el otro coche. Pero no lo sabemos, y jugamos con ese no narrar todo y no generar verdades absolutas. Desgraciadamente hay gente que vive de verdades absolutas, nosotros no.

Y el otro, que me da mucha rabia. Esta serie ha tenido un 98.9% de críticas excelentes, y los únicos que la han criticado han sido, no expertos en este tema, sino comentaristas políticos y algún historiador, que no han visto la serie. Es como si critican un libro leyendo la solapa. Porque el que vea los ocho capítulos de El Ministerio del Tiempo, y diga que esta serie es una serie reaccionaria, que lo que pretende es mantener un estatus para que la historia no cambie, cuando todo el proceso de la temporada es la moral de, ¿estamos haciéndolo así bien?, o, ¿por qué yo no puedo cambiar el tiempo?, a mí me parece, y siento decirlo, de una mediocridad muy propia de gran parte de la intelectualidad de este país, que primero, ven la televisión por encima del hombro y nos consideran frikis a todos los que nos gustan otro tipo de cosas, pero que sin embargo, se permiten el lujo de analizar y de catalogar algo sin haberlo visto, ni conocido, ni leído. Y yo siempre les digo lo mismo: no has visto la serie, cuando la veas me lo vuelves a comentar. Porque lo que tú dices es cierto, nosotros no planteamos que el presente sea el mejor posible, planteamos que es el que hay. Y planteamos desde el capítulo uno que eh, cuidado con cambiar las cosas del pasado, porque a lo mejor puedes empeorarlo. Es una actitud agnóstica, escéptica e irónica de lo que es la historia, y si no quieren verlo les remito a Alfonso de Entrerríos asombrado porque al Empecinado lo asesina el rey cuando vuelve, al hecho de salvar a Lope de Vega y no a miles de personas que van a morir, al Guernica como un símbolo de la democracia española es la imagen de una barbarie. O no poder salvar a Lorca, al que van a matar vilmente por ser homosexual. Es una vergüenza nacional.

Y dices, bueno, pues somos reaccionarios. Y ellos unos ignorantes.

Voy a volver al principio, cuando has hablado de ese momento del primer capítulo en el que Julián llama a su esposa para despedirse.

Te emociona, sí. Y en la cafetería, la escena de la cafetería ya es…

Me gustó mucho. Y es lo que más me gusta de El Ministerio del Tiempo. Cómo es mejor drama que series únicamente dramáticas, cómo es mejor comedia que series únicamente cómicas, y cómo junta todo para dar lugar a algo muy bueno.

Nosotros hemos hecho drama, drama histórico, como es el caso de Isabel o el de Víctor Ros. Pero entendemos que el ser humano es una mezcla de drama y de sentido del humor e ironía, y que la risa y el llanto son vecinas. Y lo que no puedes hacer es pornografía emocional. Yo siempre pongo el ejemplo de The Full Monty. Tú estás viendo la película, te vas dejando emocionar y muy divertido, pero esa misma noche cuando te vas a la cama y pones la cabeza en la almohada das un respingo y dices, joder, todo lo que me han contado.

Prefiero que lo duro que queramos contar se lo lleve la gente en el alma, no mostrárselo pornográficamente en la pantalla. Hemos hecho desde drama histórico muy fuerte como Isabel hasta el piloto de El club de la comedia, que era nuestro, o Pablo que estuvo en El informal y en Caiga quien caiga. Hemos trabajado mucho con Flo, con Miki, con Buenafuente. Manejamos los dos registros, y creemos que el humor es la mejor manera de potenciar el drama. Por eso trabajamos mezclando géneros.

Desde luego la comedia televisiva es una de las mayores cuentas pendientes que hay en este país. ¿Es tan complicado hacer humor que forme parte de la historia como un elemento más de ella, sin pretender forzarlo y avocarlo a unos más que fallidos estándares de la televisión española?

Pablo escribió el último capítulo, y llevaba ya año y medio completamente inmóvil en una silla especial escribiendo con un ratón ocular, pestañeando letra a letra. Capítulos llenos de positividad, de sentido del humor y de cariño por el ser humano. Eso es lo que define a El Ministerio del Tiempo. Alguien que sabe que se está muriendo, inmóvil, en una de las enfermedades más crueles, y derrochando emoción, coraje, corazón (como dice el himno del Atleti del cual somos tan seguidores), positivismo y cariño. Y comedia al mismo tiempo. Por eso es tan distinto El Ministerio del Tiempo, porque nace de la verdad.

Jordi Carrión, que es un experto indispensable, autor de Teleshakespeare, me decía el otro día que iba a hablar de El Ministerio del Tiempo en La Vanguardia, y que era la primera vez que iba a hablar de una serie española. Decía que El Ministerio del Tiempo era el duelo por mi hermano, y la despedida de él del mundo. Nosotros tenemos referencias, como Doctor Who, o Torchwood o veinte mil más, pero la referencia esencial es la personal nuestra, que es la que estamos contando a través de emociones. Además no ocultamos las referencias, las citamos, las decimos y las remarcamos, y a costa de tener muchas referencias, y de citarlas, probablemente por eso seamos tan originales, mientras que hay otros productos que no citan referencias pero al final son sucedáneos. Y no queremos ser nunca un sucedáneo.

Cualquiera que haya ido viendo la serie creo que estará de acuerdo en que esos aspectos de ciencia-ficción e históricos de los que tanto se habló en un inicio se han ido dejando a un lado para hablar de cosas menos recurrentes en nuestra ficción televisiva. Y siguiendo por ahí, no quisiera evitar hablar de la tendencia de algunas series españolas a tomar al espectador por idiota.

Evidentemente una serie como la nuestra no podía aspirar a cinco millones de audiencia, porque no explica y eclipsa. Pero sí tenemos tres millones de una calidad enorme, y además de todas las edades, desde niños de 13 años a señores de 70 y 80 años. Y gente curiosa, gente que quiere saber más. Pero era imposible, por el formato de la serie y por el camino hacia el que están yendo las audiencias en TVE. Águila Roja, que es una serie llena de éxito, ha vuelto con una audiencia igual que El Ministerio del Tiempo, y Águila Roja tiene un currículum. Nosotros estamos con la primera temporada y vamos a partirnos la boca.

Yo estoy encantado porque es esa verdad la que ha salvado la serie. Una verdad que los seguidores más frikis del género fantástico han entendido que no les estábamos tomando el pelo, unos seguidores de Doctor Who que al principio veían la serie con recelo y ahora son fans de Doctor Who y de El Ministerio del Tiempo, una gente más mayor que está viendo un tipo de serie que le recuerda a aquel tipo de series españolas de antes de las cadenas privadas, y una gente joven que de repente ve algo que tiene subtítulos en inglés y que se piratea para ver fuera desde el capítulo uno. Es decir, gente que ve series por ordenador, gente que piratea series, gente que Breaking Bad o que ve House of Cards, está viendo El Ministerio del Tiempo, una serie española. Y eso me parece un honor.

De hecho creo que es la primera vez que una serie española logra tan buena recepción en Internet. Y es lo que ha llevado a que después del capítulo de Juego de Tronos o de Breaking Bad un sector importante haya añadido el capítulo de El Ministerio del Tiempo a su rutina de series. El recelo a lo español, y especialmente, el bajo presupuesto, siguen no obstante sin ayudar a eliminar esas barreras que creamos los propios fans. ¿Cómo es lidiar con esa comparación sistemática con el producto de fuera?

Sí, en cuanto a presupuesto estamos hablando de la mitad o menos de la mitad de presupuesto de cualquiera de esas series.

Es curioso porque con El Ministerio del Tiempo se habla de historia de España, y es una serie súper bien criticada y súper amada en Cataluña. Jugamos con todas las Españas en el mismo equipo. La España catalana, la España andaluza… Todas están por primera vez en el mismo barco, eso por un lado. Por otro lado estamos hablando de momentos muy individualizados, no de patria. La patria que estamos contando es la emocional de cada uno. Cuando veo la escena en la que todos están viendo el Guernica yo me emocioné, porque me di cuenta de que era una secuencia maravillosa de patriotismo positivo, y dicho esto, para Pablo y para mí, ser patriotas desde el punto de vista de ser guionistas, es intentar hacer series tan buenas como las que vemos de fuera. Porque tenemos el orgullo de que en España se puedan hacer series así, y siempre que nos han dejado lo hemos conseguido. Sobre todo para mí Isabel y El Ministerio del Tiempo. Sin necesidad de caer en culebrones, en historias de amor y en montón de cosas más.

Yo me siento muy patriota luchando por mi oficio, sin necesidad de decir que esto es una serie americana. Y creo que hay mucha más gente capaz de hacer lo mismo, pero que a lo mejor las estructuras no son las mejores, en un país en el que hay mucho más sello de la cadena y de la productora que sello del creador. Y es curioso, porque para mí el gran mérito de esta serie es de TVE, que ha apostado por ella, que quiere que yo sea showrunner y que arriesga. Y que una cadena pública arriesgue por esto me parece que al final tiene el premio que tiene. Tiene más mérito la cadena que nosotros, porque al final nosotros podríamos haber hecho lo que hubiésemos querido, pero si TVE no hubiera apostado por ello no lo habríais visto ninguno.

Lo del patriotismo es muy interesante. Parece que cuando miramos atrás en nuestra historia nos aferramos a una solemnidad inmensa, como si las figuras de nuestro pasado como país no fueran personas.

Todo muy serio y trascendente (asintiendo).

Y entonces metéis a Velázquez, uno de los máximos exponentes de nuestra pintura, y lo convertís en el personaje más divertido de ver aparecer en el ministerio.

Ese halo de Velázquez, como historiador, tenía muy claro que lo tenía, y lo hemos llevado a un punto de comicidad en la serie muy cómico. En Isabel hay momentos de comedia pero evidentemente es una serie histórica, Víctor Ros es policiaca, pero aquí tienes una aventura en la que puedes meter toda esa ironía que nos ha enseñado Doctor Who. El Ministerio del Tiempo no es Doctor Who, pero Pablo y yo somos seguidores de la serie de toda la vida, y probablemente sin Doctor Who jamás habríamos creado El Ministerio del Tiempo.

Y ahí está la parte irónica y divertida de rebajar la historia; Doctor Who también lo hace. Cuando va a ver a la reina de Inglaterra o a Churchill hay un rollo de seres humanos, no hay un rollo trascendente. Y en ese sentido lo hemos hecho igual, ambientándonos en una idea del ministerio, del funcionariado y de hacer algo en la vida cotidiana española, muy berlanguiano, muy de Atraco a las tres y todo este tipo de películas.

Cuando acabó la serie y empezó a hablarse de una posible continuación, las redes pusieron el grito en el cielo para pedir que se hiciera una segunda temporada. Parecía, por un instante, que a pesar del éxito de El Ministerio del Tiempo, había cierto recelo a la renovación. ¿Hubo algún problema en este sentido?

No, yo creo que TVE apuesta por la serie y en lo que es la renovación por parte de Cliffhanger, mi productora, con la cadena, lo tenemos todo muy claro. Lo primero es que hasta que no se firma algo no se puede decir nada.

Yo me siento de TVE casi tanto más que de Cliffhanger (eso si lo puedes subrayar mejor), pero como Cliffhanger tengo que aclarar una serie de elementos de producción, no con TVE sino con mis socios para que volver a grabar una temporada de El Ministerio del Tiempo no sea estar al borde la muerte. En esta serie yo he llevado a un equipo de directores, de actores y de técnicos a una situación de un doscientos por cien de sus capacidades humanas para que veáis en televisión lo que estáis viendo.

Creo que yo no puedo volver a llevar a ese equipo a ese mismo esfuerzo a costa de mi prestigio. Porque yo puedo tener prestigio, pero nunca por encima del respeto al resto de profesionales.

Y lo único que falta en ese sentido es ajustarnos para ver cómo se puede hacer la misma serie desde un punto de vista de posibilidad menos heróico, y en ese sentido es una cuestión entre Cliffhanger y Onza, que es nuestro socio. Con TVE qué te voy a contar. Isabel, Víctor Ros y El Ministerio del Tiempo. Lo considero mi casa y mi familia.

Con respecto a esa segunda temporada, y para terminar ya, ¿tenéis algunas ideas sobre lo que queréis tratar en ella?

Una vez se dé la señal de salida tenemos preparado continuar con ese punto en el que se han quedado los personajes muy tocados. Tenemos personajes muy claros, como Cid o Felipe II. Y también tenemos claro que no podemos ir tan a capítulo por personaje histórico, sino intercalar entre personaje histórico y época, como hemos hecho con el Guernica o con Isabel II. Si esta serie va a cada capítulo a ver a un personaje histórico, al final puede caer en la repetición. Los protagonistas de esta serie son nuestros protagonistas, y no los personajes históricos, aunque sea una serie con elementos históricos. Y vamos a seguir en esa línea.

Imagen de cabecera: Informativos.net

Fundador, redactor jefe y editor de Deculture.es. Jugón desde la vieja escuela, amante de JRPGs y SRPGs, a poder ser de estilo clásico. Lector de cómics, amante del manga clásico.




«Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.»

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.