Reseña: ‘En la misma clase’

Tomodomo publica un imprescindible del yaoi

Hablar de la adolescencia es hablar de una de las épocas de la vida que genera más controversia. Unos dicen que es una etapa llena de estudio de temario que nada tendrá que ver con lo que más adelante será tu camino, de amistades que no durarán y de molestos cambios físicos. Para otros se define como un periodo de libertad antes de entrar en la universidad, de vivir la vida, de desenfreno, de poder permitirse cosas que como adulto no podrás realizar. Para muchos significa el descubrimiento de la identidad propia y la orientación sexual, todo gracias principalmente a la aparición del primer amor. Correspondido o no, ocultado o nunca confesado, que se ha convertido en una relación pasajera de los tiempos de estudiante o en el amor de toda una vida. Sajo y Kusakabe son dos estudiantes muy dispares y a la vez muy similares que también han sido víctimas de este amor adolescente lleno de incertidumbre, dudas, sonrisas, noches en vela y sentimientos a flor de piel.

Ambos son más o menos igual de altos, tienen la misma edad y van a la misma clase, sin embargo y a pesar de todas esas similitudes, no tienen nada realmente en común. Sajo es un estudiante modélico, de perfectas notas pero con un talento horrible para el canto porque no es capaz de seguir las partituras. Kusakabe es un “macarrilla”, está teñido de rubio, lleva el pelo largo, toca la guitarra en un grupo de rock y sus notas… digamos que aprueba por los pelos. Un buen día, Kusakabe descubre que su compañero Sajo, con el que nunca había cruzado palabra, no canta en los ensayos para el coro del instituto, así que a pesar del rechazo inicial de nuestro aplicado protagonista, Kusakabe empieza a darle lecciones de canto y por casualidades del destino, terminan enamorándose. Pero la cosa no acaba aquí, pues el profesor Hara, que le tiene echado el ojo a Kusakabe desde hace tiempo, no le pondrá las cosas fáciles.

Tomodomo nos presenta la edición española de este manga de Asumiko Nakamura en 3 tomos en un formato B6 (12,5 x 17,5), rústica con sobrecubierta y a un precio de 7’95€, con la primera página de cada tomo a color. Sin embargo, en el original japonés, la saga está compuesta de dos colecciones formadas por un tomo único llamado Dokyuusei y una serie de dos tomos de nombre Sotsugyuusei. A su vez, y dada la popularidad de la serie, han surgido un spin-off sobre el profesor Hara (Sora to Hara) y una secuela de la serie original (O.B.), que si bien tiene un final más que satisfactorio, nos deja con ganas de saber más de la historia de nuestros protagonistas en su transición a la vida universitaria y laboral.

Asumiko Nakamura es una autora muy valorada en Japón por realizar historias de romances homosexuales diferentes al yaoi más habitual, con una sensibilidad especial y una maestría impecable a la hora de tratar ciertos temas que son obviados en el resto de mangas del género, tales como el miedo al rechazo social por la condición sexual o la comúnmente llamada “salida del armario” frente a los padres. En España, Nakamura no es una completa desconocida ya que Milky Way Ediciones, en este año 2015 ha publicado su manga de misterio Utsubora, en una línea algo diferente a lo que viene siendo habitual en su bibliografía.

El trazo de esta autora es sin duda lo más característico de sus publicaciones. Un dibujo que entra por los ojos nada más verlo, que se puede considerar deforme o desproporcionado pero que surge de un conocimiento muy minucioso de la anatomía humana. La primera impresión del estilo de la autora puede no ser buena pero con el paso de las páginas, se hace muy agradable y adecuado a la historia, además de representar a la perfección las expresiones de los personajes, con los que es fácil sentirse identificado. Es interesante destacar también los diálogos, fruto de una traducción muy acertada y fluida que nos sacará una carcajada en más de una ocasión gracias a las tonterías de Kusakabe.

Volviendo al comic en sí, cada tomo está estructurado para que abarque una estación entera en la vida de nuestros protagonistas. El primero, el otoño, narra el inicio de la relación de Sajo y Kusakabe. En el segundo, el invierno viene acompañado de las primeras dudas, los baches, los celos, los malentendidos, los enfados y a la vez, la calidez de la compañía, los abrazos y el apoyo a pesar de las situaciones adversas. En el tercer y último tomo, representado por la primavera, asistimos a la graduación de este par de jóvenes, a sus primeras experiencias sexuales, al dolor de la distancia, todo en una relación ya consolidada, en la que cada uno luchará por su sueño de futuro sin olvidarse del otro. Además, entre las páginas de la historia principal, en cada tomo nos encontramos varias historias cortas sobre los secundarios o sobre la vida diaria de los protagonistas.

En definitiva, En la misma clase se podría considerar un imprescindible dentro del yaoi, un género muy poco explotado en nuestro país, pero del cual este título se ha vuelto un exponente, con potencial para atraer tanto al público femenino con el masculino, porque si la narración y la historia son buenas, como sobra decir que es el caso, trasciende la demografía y podremos sentarnos en el sofá a disfrutar la lectura de un muy buen manga.




«Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.»

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.