Reseña: ‘Yudoku’

¿Qué harías si tu mera presencia dañara a todos cuantos te rodean?

Yudoku es el cómic ganador del concurso de manga de Norma Editorial de 2013. El guión corre a cargo de Aran, y el dibujo es cosa de Gina Vila. En la solapa de la sobrecubierta, se autodefinen como personas que han acabado dedicándose a sus sueños después de un tiempo, tras haberlos abandonado en el instituto.

No da esa impresión en el tomo. El dibujo es profesional y congruente, y los diálogos directos y efectivos. No sé si será la dibujante o la guionista quien se ha encargado de decidir la disposición de las viñetas, pero parece el trabajo de alguien muy acostumbrado a trabajar con storyboards. Quizá la inexperiencia de los autores sería la principal causa de reticencia a la hora de comprar una obra de este tipo, y en ese aspecto aquí no hay nada de qué preocuparse: el arte es consistente y la historia sobria, nada pretenciosa; las creadoras sabían muy bien lo que hacían.

Pero, ¿de qué va Yudoku? Para mi gran decepción, no trata sobre judokas que tienen que resolver sudokus mientras pelean. Qué va: la palabra es el término japonés para tóxico. Es una etiqueta elegida por los propios protagonistas para designar a quienes, como ellos, sacan lo más negativo de la gente a su alrededor. No simplemente los ponen de mal humor e incitan el odio en ellos: con el tiempo suficiente, acaban llegando a volverlos locos y convertirlos en asesinos. Los yudokus que protagonizan la historia buscan a otros como ellos con el fin de alejarlos de la sociedad e impedir que ocasionen más muertes. Su misión es encontrarlos y reclutarlos. Pero no es tan sencillo, porque ¿cómo diferenciar unas cuantas muertes casuales de las provocadas por gente tóxica?

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Este es el dilema de los dos protagonistas masculinos, Shun y Tora. El primero es el motor de la historia, empeñado en encontrar a otros como ellos para impedir las muertes. El segundo, más escéptico, nunca está muy convencido de que lo que están haciendo sea realmente lo correcto. ¿Es peor el remedio, o la enfermedad? De Shun tengo algo que decir: es un yudoku con todas las de la ley. No le trago. Saca lo peor de mí. Dado el argumento, puede que esa fuera la intención, así que chapeou. Pero tengo mis razones para detestarle: es un egoísta, su satisfacción personal me parece su única motivación. No digo que no le comprenda: anhela estar con gente y no puede hacerlo si no encuentra a otros yudokus, eso es muy humano. Pero es un hipócrita, permanece todo el rato tratando de convencerse, a sí mismo y a Tora, de que todo lo hace desinteresadamente por salvar vidas. Es un inconsciente incapaz de calcular sus propios actos pese a saber por experiencia propia cuán fatales pueden ser las consecuencias.

Tora es el otro extremo. Mantiene la cabeza siempre fría, es muy responsable y trata todo el asunto con suspicacia. Pero también es muy leal y, una vez que se decide, actúa con arrojo y dedicación para tratar de cumplir las metas. Es una buena dinámica entre personajes… aunque acaba consiguiendo transmitir la impresión de que estos dos tipos se detestan. La contraportada del tomo define a Tora como el mejor amigo de Shun. Bueno, ¿qué otra opción tiene? ¡Es su único amigo! Y aun así a veces parece que cooperen forzosamente, más como compañeros de trabajo que no se aguantan pero deben conformarse. Tienen escenas haciendo cosas juntos y divirtiéndose, aunque la mayor parte de la historia la pasan yendo por separado. También se da a entender que Shun fue quien encontró a Tora y que este le está agradecido por ello (lo que explica su lealtad), pero no se revelan apenas detalles sobre ninguno de los dos. En cualquier caso, no parece una amistad sólida que pueda resistir demasiadas tensiones.

Da la impresión de que un tercer miembro sería ideal para mejorar su dinámica de grupo y descargar esas crispaciones. Aquí entra Sika, la potencial yudoku a la que están investigando durante toda la historia, y el personaje más desarrollado a nivel psicológico. Es la guitarrista de un grupo de rock en torno al cual han ocurrido unos cuantos casos truculentos. El más reciente la arroja a las fauces de la prensa: su propio hermano mata al tercer componente del grupo como poseído por la locura, y de hecho acaba encerrado en un hospital psiquiátrico en consecuencia. Este hermano, Hans, es el elemento que crea incertidumbre en la historia. ¿Ha sido intoxicado por Sika o simplemente es un asesino? Todo parece indicar lo primero, pero por otro lado, la verdad es que le faltan unos cuantos tornillos…

No hay más personajes destacables y la historia no los necesita. Es suficiente para establecer el misterio, un fascinante enigma en el que todas las posibles soluciones se antojan viables y en el que las cosas no quedarán resueltas, para bien o para mal, hasta que el plazo autoimpuesto por los protagonistas para tratar de desvelar la naturaleza de Sika se haya agotado por completo.

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Funciona muy bien. Es la clase de planteamiento que da mucho juego para crear toda clase de situaciones, pero que al mismo tiempo sabes que no cualquier guionista podría manejar. Hace desear que existan unos cuantos tomos de Yudoku donde estos personajes lidien con toda clase de individuos del mismo tipo que ellos. No es una premisa inagotable, pero puede dar bastantes buenas historias. Siendo un tomo único centrado un solo misterio, las autoras se esfuerzan por hacer que sea una narración cerrada en lugar de una especie de capítulo piloto. Aunque en algunos momentos pueda transmitir esa sensación de one-shot con vistas a una historia mayor y más larga, la conclusión es lo suficientemente satisfactoria, así que nunca tienes la sensación de que falte parte del relato. Es una original trama de suspense donde es difícil decir qué es o no lo correcto y con personajes tan polarizados que como mínimo alguno de ellos te caerá bien.

Ah, y todo pasa en Japón.

Lo añado de este modo porque no tiene ninguna relevancia. Pensándolo bien, ¿por qué en Japón? La historia podría funcionar de forma idénticamente efectiva en cualquier país desarrollado. Podría suceder en España, en Estados Unidos, en Francia, en Australia. Por supuesto, entiendo que esto es algo que se ha presentado a un concurso de manga. Ha triunfado por votación popular de los lectores, lo que significa que la decisión de ambientarlo en Japón para hacerlo más auténtico ha resultado efectiva. Pero en cierto modo, me parece un desperdicio: si vas a hacer un cómic de misterio sobrenatural ambientado en Japón, ¿por qué no aprovechar la increíble cantidad de mitos tradicionales y leyendas urbanas que existen en ese país? Me alegro de que no hayan recurrido a achacarlo todo a los manidos shinigami, pero los mitos nipones son ricos y complejos, y estoy seguro de que el concepto Yudoku habría encajado como un guante en alguno de ellos. Y si no fuera así, todavía quedaría el budismo. Habría bastado con una mera reflexión sobre el karma y lo que la existencia de estas personas supone para él. Como lector, cualquier excusa para ambientar la historia en el país del sol naciente me habría bastado; pero tal como está parece que sólo lo hicieran porque Shun y Tora suena mejor que Silvio y Antonio. Aun así, una historia que funciona bien en cualquier contexto es una buena historia, y no todos los cómics pueden presumir de tener una.

No hay ninguna queja respecto al dibujo. Tampoco podría destacar nada concreto sobre él. Como ya dije antes, es consistente y no tiene bajones de calidad en ningún momento. Los diseños de personajes son agradables pero no sorprendentes; el más llamativo y atractivo es el de Sika, cuyo vestuario está justificado por su faceta de artista musical. Hay muy poca acción, pero cuando la hay está bien resuelta y se entiende sin problemas. Los fondos están bien cuidados: son tan variados como es posible hacerlos cuando el escenario es una ciudad y nunca son sustituidos por fondos blancos o líneas cinéticas sin venir a cuento. Al igual que la historia, el arte es sobrio y un tanto oscuro sin llegar a caer en lo gótico y excesivo. La verdad es que encajan muy bien.

Yudoku es un cómic muy fiel a su sinopsis. Si te suena interesante, es muy poco probable que te decepcione. Pero si no te interesa una historia de misterio sobrenatural con romance y sin acción, en el que los personajes desarrollan conflictos emocionales y morales debido a una trágica maldición, entonces no creo que sea para ti.

Soy un tipo nacido en un pueblo perdido de la provincia de Jaén que colabora en Deculture cuando no está ocupado trabajando en libros y guiones de manga o videojuegos.

Yudoku
Lo mejor
  • Una buena historia con interesante dinámica de personajes y una premisa que puede dar (y da) mucho juego.
  • Un dibujo profesional y consistente en el que se nota la atención al detalle.
  • La resolución del volumen, satisfactoria e inteligente, ideal para compradores de tomos únicos.
Lo peor
  • Shun es un imbécil.
  • La ambientación japonesa está desaprovechada, no hay menciones a su mitología, cultura o leyendas urbanas. Podría haberse desarrollado en cualquier otro país y tendríamos exactamente el mismo producto.



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.