Reseña: ‘Analectas: el manga’

Un acercamiento a la obra de Confucio

Las Analectas son una compilación de las enseñanzas de Confucio (551-479 antes de Cristo) llevada a cabo por sus discípulos. El manga (editado por Herder), por supuesto, no nos presenta las Analectas tal cual. Ni siquiera las engloba todas. Analectas: el manga, no es más que un acercamiento actual y accesible a las doctrinas del confucianismo. Eso nos plantea dos grandes cuestiones a la hora de realizar la reseña.

Primera, ¿son estas enseñanzas útiles o relevantes para la vida diaria, pese a provenir de una época tan lejana y un país tan distante?

Segunda, ¿el manga es un tostón a la hora de leerlo?

La primera pregunta es la realmente importante, pero seguro que la respuesta a la segunda es la que más interesa a muchos lectores, así que empezaremos por ahí. Lo primero que notará quien tenga la obra a mano es que el volumen es anormalmente grueso. No dejéis que eso os intimide, son dos tomos claramente diferenciados unidos en uno (lo cual resulta, en realidad, muy cómodo). Ambos comparten personajes y una temática en común (las enseñanzas de Confucio) pero tienen una estructura muy diferente.

La historia del primero trata sobre una clase a la que llega una nueva tutora y profesora de filosofía: una vaca. No tengo ni la más remota idea de por qué es una vaca, pero es una vaca, eso es seguro. No es que importe. El resto de alumnos son más normales, aunque sólo conoceremos a fondo a cinco de ellos: el protagonista, que no tiene nada de especial; su amiga de la infancia, de inteligencia prodigiosa pero que no acude a clase por problemas familiares; el empollón, a quien sólo importan los resultados y tener las mejores notas; y una pareja de chicos… bueno, llamémoslos canis, que simplemente pasan de todo aunque son bastante majos. Son arquetipos bastante típicos de cualquier manga estudiantil y seguro que la mayoría os suenan.

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La cosa va como podéis imaginar: la profesora empieza explicando quién es Confucio y cuáles son las bases de su doctrina. Al principio puede intimidar, porque nos trata como si estuviéramos en una auténtica clase. Sin embargo, en pocas páginas la profesora comienza a involucrarse en los problemas de sus alumnos, y utiliza citas de Confucio (Analectas) para guiarles a través de sus problemas, aunque sin mostrarles las soluciones directamente. Esta es en realidad la filosofía central de la obra, ya que el propio Confucio dijo: ‘Yo sólo enseño una parte y dejo el resto por descubrir’. Sí, eso es una analecta.

En algunos momentos, aunque suene raro, tenía la sensación de estar releyendo Assassination Classroom. Vale, aquí nadie intenta matar a la vaca, pero ¿no es una situación muy parecida? Un profesor no humano enseñando a los alumnos la importancia de aprender por uno mismo y que los métodos de enseñanza importan tanto como las calificaciones. Incluso vemos que algo tan propio de Koro-sensei como dar respuestas personalizadas según quién sea el alumno que  realiza la pregunta es algo que el propio Confucio hacía. En ambos casos, estamos ante una idealización de los más altos valores educativos de la cultura asiática, perfectamente aplicables a los errores en la educación actual de cualquier país del mundo.

Esto no es una cita de Confucio, sino de la profesora Muu: ‘La educación consiste en formar seres humanos, no enciclopedias’.

La segunda parte del volumen está más centrada en la vida de Confucio. Los personajes se reúnen y uno de ellos va explicando anécdotas sobre la vida del Maestro, resumiendo su infancia, su trayectoria como político y como educador y su viaje en busca de un gobierno que le permitiera probar su Estado ideal. Porque no sólo de enseñanza hablan las analectas de Confucio. Tratan mucho sobre la relación con los familiares y sobre política, entendiendo que el Estado ideal es aquel que funciona como una familia: es necesario que haya confianza entre las distintas partes de la sociedad, y es necesario que esa confianza sea merecida.

El lector encontrará que muchos valores que se consideran propios de la sociedad occidental y se atribuyen a enseñanzas modernas tiene su origen (o al menos ya existían) en la antigua China. Incluso las frases ‘Es tan malo el exceso como el defecto’ o ‘Lo que no desees que te hagan a ti, no se lo hagas a los demás’ fueron dichas por Confucio. El confucianismo no es ninguna religión, no trata sobre la vida después de la muerte, sino de cómo actuar en nuestra vida diaria. Es filosofía, sí, pero filosofía práctica carente de misticismo alguno, y llena en cambio de sentido común. Respondiendo a la primera pregunta que hice al principio: creo que las enseñanzas contenidas en este tomo, bajo un formato tan peculiar, son universales y sólo pueden hacer bien a cualquier sociedad o persona a la que lleguen. Se trata de lecciones que en cierto modo ya conocemos todos, pero que siempre necesitamos que nos recuerden: debemos ser exigentes con nosotros mismos y flexibles con los demás, debemos ocuparnos primero de ayudar a aquellos que tenemos más cerca, debemos seguir aprendiendo durante toda la vida, porque el conocimiento nunca deja de escaparse poco a poco.

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¡Pero basta de filosofía! Esto es un manga, ¿no? ¿Qué pasa con el dibujo?

A decir verdad, poco hay que decir al respecto. Los diseños de personajes son normalitos, quizá algo anticuados, pero en cualquier caso bastante simpáticos. La profesora Muu es el personaje que más destaca porque, qué demonios, es una vaca. Cuando la historia se traslada del Japón actual a la antigua China, la ambientación y vestuario resultan consistentes y nos sumergen de lleno en la anécdota que se cuenta. Los cuatro discípulos de Confucio también mantienen un aspecto similar en todas sus apariciones, y aunque no son tratados muy a fondo, sus aspectos son atractivos (casi adecuados para una historia de aventuras) y gracias a eso los recordaremos y llegaremos a conocerlos un poco. También hay escenas de gran tensión para algunos alumnos en la primera parte de la obra, y es reflejada de forma adecuada con viñetas grandes, líneas gruesas y fondos más oscuros. Resulta evidente que no se trata de una obra que buscara sorprender con su dibujo, porque su objetivo no es ese, pero cumple su función y sabe estar a la altura de las circunstancias.

No encuentro mención alguna en el volumen, por cierto, a quién o quienes han dibujado y guionizado esta obra, así que supongo que se trata del trabajo de varios autores.

En resumen, las Analectas de Confucio en su versión manga son ideales para aquellos que deseen aprender un poco más sobre una de las culturas que ha resultado ser de mayor influencia para el desarrollo de la humanidad. Es un acercamiento a las enseñanzas de un hombre adelantado a su tiempo y, desgraciadamente, bastante desconocido en la sociedad occidental. Todos han oído hablar de él, por supuesto, pero pocos saben explicar qué predicaba y (más importante) por qué. A quienes deseen saciar su curiosidad sobre esta figura, puedo garantizarles que en la versión de Herder encontrarán (junto con el conocimiento) bastante diversión y entretenimiento.

Soy un tipo nacido en un pueblo perdido de la provincia de Jaén que colabora en Deculture cuando no está ocupado trabajando en libros y guiones de manga o videojuegos.

Analectas: el manga
Lo mejor
  • Aprender cosas sobre Confucio y sus enseñanzas, con citas literales acompañadas de sus significados y aplicaciones prácticas a las ideas.
  • Personajes bastante simpáticos con situaciones fáciles de entender para cualquiera y conflictos personales de bastante interés.
  • Una estructura explicativa muy bien ideada, que nos hará razonar por nosotros mismos sin apenas darnos cuenta.
Lo peor
  • Era inevitable, pero resulta un poco extraño cuando de repente todos los personajes parecen expertos en la material.
  • Aunque sea quejarse de vicio, he echado de menos encontrar en las páginas finales una compilación de las analectas que aparecen citadas en el manga.



«Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.»

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.