Todo lo que está mal en ‘Super Smash Bros for 3DS / Wii U’

Qué cojones, Sakurai

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Todos nos emocionamos mucho con la salida de la última entrega de Super Smash Bros., no lo voy a negar. Desde el primer anuncio (sí, el difunto Iwata diciendo “oye, que estamos haciendo un smash para 3DS y Wii U, ya os contamos algo si eso el año que viene) hasta el día del lanzamiento.

Parecía que iba a ser la entrega definitiva de la franquicia, y la expectación y ganas de jugar me lo hicieron parecer durante un tiempo. Pero, al ver el plantel completo, reparé en la primera de las taras de este título: la selección de personajes.

Sí, genial, teníamos a nuestro bienamado Shulk, sorpresas como el Dúo Duck Hunt e incluso personajes totalmente sacados de la chistera como la Entrenadora Wii Fit. Dar un poco de voz y voto a partes grandes de la historia de Nintendo o visibilidad a los que más desapercibidos habían pasado. Y hasta ahí, sin quejas. Ya Brawl sacó del pozo del olvido a Pit para darle una segunda vida bajo sus faldas.

Lo que no nos contaron es que la representación de las pequeñas sagas se quedaría en una selección de ejemplo para recordarnos que Nintendo no es más que Marios y Zeldas. Estoy seguro de que todos vosotros podríais listar, al menos, cinco personajes de la factoría de la Gran N que consideráis que harían buena gala de sus movimientos. Demonios, de hecho podríais rellenar un buen par de hojas citando a los personajes de las grandes y medianas franquicias cuya representación no es la que debiera que se han quedado fuera en detrimento de dos grandes vertientes: el obvio y omnipresente Mario y lo que denominaré a partir de ahora “lo que le ha salido de los cojones a Sakurai”.

Porque, dadas la popularidad, número de ventas y relevancia histórica de franquicias como Zelda, Metroid o incluso Pokémon (que, gracias a un contenido descargable logró equiparar el número de personajes controlables con el de la precuela, y “dando las gracias”), es inconcebible que las sagas que han dado el verdadero salto representativo no hayan sido otras que Fire EmblemKid Icarus.

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Qué cojones estaban pensando, diría el Angry Video Game Nerd. Yo os diré en lo que estaban pensando. En primer lugar, no es ningún secreto que el director del título sea un fan acérrimo de la primera franquicia y que haya trabajado en traer a la vida de nuevo a la segunda. Al principio, pretendía negarlo. Creerme las alegaciones de “ponemos tantos enemigos en Smashventura porque tenemos los assets“. Pero poco a poco se levanta la nube de polvo y es imposible no ver que, esencialmente, los ha puesto porque puede. Y porque quiere.

No voy a ser yo quien niegue la repentina relevancia de la saga estratégica de Intelligent Systems, faltaría más. Pero lo que sí que puedo negar es que dicha relevancia sea tan grande como para convertirla, a fecha de hoy, en la tercera franquicia con más peso en el juego de lucha, superando, por un par de personajes representados como disfraces de Mii a The Legend of Zelda.

Pero sigamos tirando un poco del hilo, por favor. No es la primera vez que oigo “Sakurai hizo Kirby y él no tiene favoritismos”. Veamos, puedo contaros cómo el desarrollador denegó la “paternidad” de la bola rosa tras su marcha de HAL Laboratory, pero os daré la clave más crítica para defender mis suposiciones y es que os costará muchísimo encontrar contenido de la saga una vez pasado Kirby’s Air Ride. No tenéis más que ver que, de los cuatro niveles disponibles, ni uno sólo está basado en Kirby’s Triple Deluxe o Kirby’s Adventure Wii, por ejemplo.

Lo que, irónicamente, me lleva al segundo punto de mi crítica: ésta es una de las únicas excepciones a que Smash Bros haya pasado de ser un “libro de la Historia de Nintendo” a un mero panfleto publicitario.

En pequeña parte por el descarado reciclaje de contenido y en una mayor por motivos de marketing, el 90 por ciento de las referencias que encontraréis serán o bien a la etapa más retro de la compañía o a cosas que con un poco de suerte podáis encontrar en el mercado. ¿Ocarina Of Time? Quizá quiso decir Ocarina of Time 3D. ¿Super Mario Sunshine? ¿Eso se come? Mejor hablemos de Super Mario 3D World. Y una lista que no se acabaría nunca, tanto en trofeos como, en la medida de lo posible, en cualquier ámbito del título. Estña claro que la franquicia ha de impulsar sagas, y es parte de su cometido. Pero no es ésa la forma.

Y ya que menciono el reciclaje, deberíamos tratar lo descarado que ha sido en esta ocasión. No hablemos de lo que se traen de la anterior entrega, que no es poco, sino de lo que el tito Masahiro se encontró en la oficina y dijo “hostias, así sí que lleno chorrimil trillones de trofeos”.

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Están viendo ustedes la aclamada Moto de Agua™, el bienamado personaje histórico de la historia de Nintendo, muy por encima de  los sinvida de Advance Wars o Osu! Tatakae! Ouendan!, que no han recibido ni una pizca de amor en esta entrega. El poder de encontrarse una carpeta con modelados 3D viendo qué hay en el ordenador, supongo.

Pero tranquilos, que nuestros amigos no han perdido la oportunidad de modelar a todo el elenco jugable de Fire Emblem: Awakening, faltaría más. De hecho, y salvando a los personajes jugables, son los únicos miembros de la franquicia que hacen aparición en 3DS.

¿Y qué nos dices, Nintendo? ¿Que tenemos que sacar el juego sin pulir y recortar personajes? Dejemos fuera al personaje planeado de Rhythm Paradise, que estoy demasiado ocupado cuidando a mis waifus. Porque hasta en los personajes se nota quién se ha llevado más mimo que otro. No hay más que ver la ilógica distribución de trajes alternativos o cambios de paleta. Tanto Lucina como Palutena han cuidado al más mínimo detalle los colores de sus ropajes para parecerse al resto de personajes de su serie, pero seguimos confundiendo algunos cambios de color de Sonic o Lucario.

Increíble. He llenado un millar de palabras sólo quejándome de decisiones de diseño ajenas a la jugabilidad. Y agarraos que aquí vienen curvas. ¿Recordáis la pretensión del director de traer la saga a un punto medio entre competitivo y por diversión?

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Porque yo sí, y los tres cambios que se han realizado no me han parecido suficientes. A Sora, Ltd. se la sopla el competitivo y no se molestan en dar changelogs de cada actualización, mejoras pedidas, opciones para eliminar los peligros de los escenarios (ocurre en algunos niveles para ocho jugadores, pero no podemos controlarlo manualmente) o cualquier mejora que pueda hacer más variado el metajuego.

Pero mis pocas líneas sobre las esferas competitivas las voy a dejar ahí, ya que no quiero pecar de hablar de algo de lo que no sé demasiado. Si que hablaré, no obstante, del estúpido sistema de coleccionables del juego, que rompen la curva de complecionismo en mil pedazos y se termina transformando en una lotería que cada vez tienes menos probabilidades de ganar, no recompensando al jugador fiel, sino al suertudo.

¿Y para qué? Para algo que han dejado a medias, ya que los luchadores DLC han obviado la personalización de movimientos y la variación de estadísticas no es más que una forma de romper el juego para facilitar las tareas más complicadas sin aportar en exceso a la diversión. Y no hablemos de los diseños para los Mii, ya que ahí se abre la caja de Pandora con una combinación letal entre el no poder usarlos en parte de los modos y los abusivos trajes descargables.

Porque ésa es otra: el DLC del título. No entraré a criticar su precio en detalle (sólo diré que llamarlo abusivo es ser generoso), sino su mala implementación y lo poco que aporta a fecha de este artículo. Tenemos tres escenarios que nos traen poco más que nostalgia en un reciclado bastante descarado, tres luchadores de anteriores entregas que no parecen haber cambiado un ápice desde esos tiempos y una aparición en cuerpo y arena de Ryu, que podría ser lo único que verdaderamente justificaría abrir la cartera aunque fuera un poco. Aparte de una tonelada de trajes para Mii que no aportan nada más que un pequeño aliciente estético, incluyendo a grandes solicitados de la franquicia y algunos que, honestamente, se podrían haber ahorrado (o incluido de forma gratuita, al menos).

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Pero supongamos por un momento que los trajes de Splatoon te han molado lo suficiente. Eres fanático del lanzatintas y te has hecho con todas las amiibo. Te dispones a pasarla por el lector, apelando a la lógica de que, ya que los personajes no están disponibles, sus figuras harán algo. Mala suerte, amiigo. Cómpratelos por DLC.

Sí, señor. El trampolín de lanzamiento de las figuras nintenderas ha olvidado seguir dándoles soporte. Era, probablemente, la gota que llenó el vaso para un humilde servidor. Después de todo lo citado, tiene mérito.

En resumen, este último Smash no es la historia de Nintendo, sino la visión del director al respecto. Y es lo que pasas cuando das demasiado poder a un tipo que hace grandes juegos pero necesita amarrarse en corto.

Como es obvio, este artículo sólo refleja la opinión del redactor, que está abierto a debates e incluso segundas partes.

“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.