Análisis: ‘Splatoon’

No sé si soy un chico o un calamar

Mucho ha llovido desde el lanzamiento de Splatoon en Wii U allá por el mes de mayo de este año y de las primeras impresiones de mi compañero chibisake. No obstante, hemos querido esperar para hacer el análisis, ya que el contenido inicial era escaso (un punto en grave detrimento del título, todo sea dicho) pero ahora sentimos que la experiencia es suficientemente completa hoy día como para como para poder dar un análisis objetivo del juego dentro de su trayectoria.

Seré honesto: no fui de los que quedaron encandilados con la revelación inicial. Quizá un «algo nuevo y fresco» de primeras, pero no me pareció la bomba. Ay si me equivocaba.

Quizá hubiese tardado un par de Nintendo Directs en convencerme de que, amén de fresca, la idea era sólida, completa y divertida. E irónicamente, lo hizo con su modo historia. Modo que, a pesar de corto, es lo suficientemente intenso como para introducirte en las mecánicas del juego. Bombas, lanzatintas y la transformación en calamar es probablemente lo único que necesitamos para pillar el manejo de nuestros Inklings.

No tardé en descubrir el resto de armas (rodillos, rifles de francotirador, lanzagranadas…) que, por desgracia, no están disponibles en ese modo para un jugador. Al menos, no si el soporte para amiibo, que al escanear en nuestro gamepad nos proporciona la opción de jugar ciertas misiones de la campaña con armas alternativas (o, en el caso del calamar, con la transformación o tinta limitada). Una lástima que algo tan corto de por sí sólo se pueda ver ampliado con el soporte de las figuras NFC.

Splatoon Plushie

Y ése es probablemente uno de los dos mayores puntos negros del juego, siendo el segundo la escasísima variedad de mapas y armas iniciales, con una política de desbloqueo por tiempo de contenido con el que ya contábamos. Pero no me malinterpretéis, me encanta seguir recibiendo armas y arenas para combatir, pero probablemente habría agradecido tenerlo más diferido en el tiempo si eso implicaba haber empezado con una experiencia más completa.

Pero el tiempo pone todo en su sitio y eso ha sido positivo para el lanzatintas. Para la gran actualización de agosto ya contábamos con una gran variedad jugable, con una decena de lugares donde batirnos y tres modos de juego con un cuarto que llegaría en poco tiempo. Variedad, desgraciadamente, paliada por una mala decisión de diseño: la rotación de escenarios y modos.

Cada cuatro horas podemos disfrutar de dos escenarios en su modo competitivo (que para más inri, puede variar entre Torre, Pintazonas y Pez Dorado) y otros dos en Territorial. Por tanto, dependemos totalmente de los escenarios que se les apetezca poner disponibles. Por temas de horarios y disponibilidad, tardé casi una semana en probar un escenario nuevo (no estuve el día del lanzamiento), algo que me parece inadmisible en algo así. ¿Tan difícil es que tras cada partida dé a elegir entre tres? Si lo que quieren evitar es acabar siempre en los mismos escenarios incluso se podría rotar cada partida (o dos, tampoco tiene por qué estar escrito en fuego).

Pero no obstante, y yéndonos al terreno jugable, casi todo lo que no está relacionado con fallos de conexión (que hay días que he podido jugar sin problema alguno y otro en el que me he visto asesinado por a saber qué para ver cómo llovía tinta en el lugar a los dos segundos) es una genialidad. La tinta dando uso a unas creativas físicas y estrategias que no habrían sido posibles en otro tipo de título de disparos, el hecho de que el la función de correr, recargar y agacharse sean la misma, la personalización de habilidades (aunque eche de menos algo más de personalización del diseño más allá de la ropa)…

Splatoon Turf War

Sí, Splatoon es, en última instancia, muy divertido de jugar. Y ése es el objetivo de cualquier videojuego. Ya sea con tus amigos o con desconocidos, con un enorme pincel, con un cubo o con un aerosol, el juego es una pasada. Partidas cortas, sí. Pero que se tornarán muchas. ¡Y con minijuegos para entretenerte en las pantallas de carga (ay, menuda pena que tres de ellos requieran el amiibo)!

Pero si hay algo que ha hecho grande a Splatoon más allá de la jugabilidad sólida ha sido la integración con Miiverse. Seré rápido y directo: Splatoon es una fábrica de memes. No tenéis más que pasaros por la comunidad (o por Twitter, o por Tumblr…) para ver que cualquier idea, por pequeña que sea, desencadena una oleada de hilarantes dibujos.

Y buena leña para ello son los Splatfests: jornadas en las que distribuirse por dos grandes equipos que se enfrentarán entre ellos. ¿Pop contra Rock? ¿Autobots contra Decepticons? ¿Malvaviscos contra Salchichas? Todo tiene cabida. Y todo será debidamente dibujado en la red social, en las paredes de los escenarios y en los camiones que montarán la fiesta en la plaza.

Desgraciadamente, también le encuentro un inconveniente: reduce la variedad. Sólo nos trae el modo Territorial ( aunque con escenarios nocturnos) con tres escenarios que no variarán en 24 horas. Y lo peor aún, reduce la ya limitada selección musical, sobre la que ya entraré en detalle más adelante, a un par de canciones. No ha sido rara la ocasión en la que he acabado poniendo música en mi PC y equilibrando el sonido para poder seguir oyendo los efectos sin que la música me molestara, ya que no te deja desactivar sólo parte del audio.

Inkling

Pero Splatoon no es sólo maravilloso siendo un juego. También es de órdago la carta de amor a los años noventa que lleva en sí. Un día imaginé una serie noventera de los sábados por la mañana basada en la franquicia y tenía demasiado sentido. El diseño de personajes, la música (que, salvo por el idioma, podría haber sido sacada del apogeo de Tony Hawk) y todo lo que ofrece.

También hace su agosto como refrescante nueva IP, lanzada con toda la fuerza y la energía de las nuevas mentes de Nintendo. Muestra de ello ha sido su éxito, sin precedentes para un estreno que no esté respaldado por la gorra de fontanero, la túnica de héroe o alguna que otra bola rosa, dándonos energía para confiar en la nueva Nintendo donde otras franquicias han fallado.

Y eso es un inmenso logro de por sí.

Así que si queréis una experiencia nueva y que os sepa a original, éste es vuestro título. ¿Con unos cuantos fallos? Quizá. Pero merece la pena. Merece la pena ahora y merece la pena ver cómo evolucionará.

«Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.»

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.

8.8
Splatoon (Wii U)
Lo mejor
  • Fresco y original
  • Adictivo
  • Una carta de amor a los años 90
Lo peor
  • Trayectoria dura
  • La rotación limita mucho
  • Mal uso de las amiibo



«Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.»

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.