Reseña: ‘1984: el manga’

¿Cómo impone un hombre a otro su poder?

1984, de George Orwell, es una de esas novelas que pasan a la posteridad. Todo el mundo ha oído hablar de ella en alguna ocasión, ha tenido una inmensa influencia en la literatura posterior, en el entretenimiento audiovisual y en la propia política. Además de toda clase de películas (más o menos cercanas al original), ha inspirado series, videojuegos e incluso infames reality shows. Ahora disponemos también de la versión manga, publicada en España gracias a la editorial Herder, y desde luego será esta la que reseñemos aquí.

Por si queda alguien que no lo sabe, 1984 es uno de los grandes pilares del género distópico, junto a Un mundo feliz y Fahrenheit 451. Se basa en la idea de una sociedad en apariencia perfectamente funcional, pero colmada de totalitarismo y deshumanización. A través de un ojo omnipresente colocado en las telepantallas de todos los edificios, y de cuatro ministerios (el del Amor, el de la Paz, el de la Verdad y el de la Abundancia), el Gran Hermano vigila las acciones de todos y cada uno de los ciudadanos, rigiendo así el porvenir de la superpotencia llamada Oceanía (compuesta por Gran Bretaña y casi toda América, y en permanente guerra con otras dos naciones de similar poder). La Policía del Pensamiento se encarga de mantener la ideología de los miembros del Ingsoc (el Socialismo inglés) en lugar correcto, por la fuerza si es necesario. A los miembros del proletariado (los proles) se les concede una libertad absoluta, siempre y cuando no traten de emerger de la ignorancia que les caracteriza y conseguir una educación (en cuyo caso son eliminados).

En este contexto encontramos a nuestro protagonista, Winston Smith, trabajador del Ministerio de la Verdad encargado de reescribir la historia (es decir, alterar el contenido de las hemerotecas para que coincida con los intereses actuales del partido). Winston es un ciudadano anómalo, ya que se muestra inmune a los métodos de lavado de cerebro del partido y conserva la mayoría de recuerdos de su pasado. Hastiado del sistema, se muestra sin embargo poco capaz de rebelarse y su desobediencia a la autoridad es más bien pasiva-agresiva, siempre esperando ser eliminado por su actitud.

Dicha actitud cambiará cuando conozca a Julia, otra trabajadora del Ministerio de la Verdad con la que iniciará una relación y una rebelión silenciosa contra una sociedad que desestima cualquier clase de amor no dirigido hacia el Gran Hermano, el dictador absoluto de Oceanía. Con su ayuda y la de O’Brien, un alto cargo del partido, encontrará el camino hacia el mítico movimiento de resistencia del que siempre ansió formar parte, liderado por el enigmático Emmanuel Goldstein.

Ministerio de la verdad Manga

El manga comparte con la novela su carácter reflexivo, lleno de divagaciones del protagonista y cavilaciones sobre el sistema y su forma de entenderlo, además de su propio análisis emocional. A diferencia de otros tomos de Herder, en 1984 encontramos diseños muy elaborados y atractivos, destacando por encima del resto los de Julia y Emmanuel Goldstein. El estilo podría considerarse, salvando las distancias, similar al de Monster de Naoki Urasawa. La mayoría de escenas, que representan las situaciones a las que Winston se enfrenta, están dibujadas con un estilo sobrio pero elegante, siendo elaboradas en algunos casos con ángulos y composiciones la opresiva atmósfera de la obra. Sin embargo, es en las partes introspectivas en las que más se luce el arte de los dibujantes, fascinante y capaz de transmitir de forma directa las a veces demasiado complejas ideas que rondan la mente de nuestro protagonista.

Mención aparte merece el propio ojo del Gran Hermano, presente prácticamente cada uno de los escenarios (gracias a las telepantallas instaladas por doquier) y dotado de gran expresividad. Una decisión arriesgada pero efectiva en extremo, ya que eso lo vuelve verdaderamente inquietante y aumenta el terror del lector ante su atenta mirada. Probablemente esto no habría funcionado en cualquier otro medio que no fuera el manga. De hecho, es prácticamente idéntico al ojo de cierto homúnculo de Fullmetal Alchemist. No quiero hacer spoilers a nadie de un producto no relacionado, pero cualquiera que lo haya leído (o visto su segunda adaptación animada) sabrá a qué me estoy refiriendo y recordará lo inquietante que puede resultar.

Como adaptación… en fin, hay que tener en cuenta que el manga se basa en una novela realmente compleja. Las vivencias del personaje están aquí reflejadas con enorme fidelidad, pero las explicaciones subyacentes han sido necesariamente limitadas a su mínima expresión. Y no es que escaseen, sino más bien al contrario, son muy frecuentes y el lector debe asumir que va a tenerlas por todas partes y que requieren de mucha atención. No será raro el caso en el que haya que releer una página entera para entender lo que se está diciendo. Si tuviera que utilizar una analogía, la novela de 1984 sería un libro de texto del instituto y el manga equivaldría a los apuntes en los que sólo se ha copiado el texto remarcado del libro original, y se ha tratado de mejorar su asimilación mediante dibujos y esquemas.

En cualquier caso, todos los textos de 1984: el manga tienen sentido por sí mismos o con apoyo de otros fragmentos incluidos en el mismo manga. Es una versión de la historia que se sostiene por sí sola, sin lagunas, y eso ya tiene mérito a la hora de versionar una obra como esta. Más aun, da la talla sobradamente en el apartado artístico y cuenta con una espléndida traducción, que incluye notas en aquellos casos donde resulta imprescindible. Recomendaría sin reservas este tomo a cualquier interesado en la obra, ya sean personas que han leído el libro y quieren refrescar la memoria o simplemente sienten curiosidad pero les intimida el material original.

1984 es un recordatorio y una advertencia. Recordatorio de aquellos sistemas totalitaristas probados en la primera mitad del siglo XX, cuya ineficacia y crueldad ha quedado demostrada. Advertencia de la tentación que suponen para los poderosos los diversos métodos de control de masas que han ido apareciendo gracias al progreso científico; advertencia, en última instancia, de que el verdadero terror llegará cuando uno de estos sistemas totalitarios de hecho funcione. 1984 es una fecha del pasado, pero en el contexto en que se escribió la novela era una mirada al futuro. Un futuro que afortunadamente nunca llegó (aunque sí llegaran a ser aplicadas algunas de las siniestras ideas de la obra), y que quizá ahora podamos considerar pasado ficticio precisamente gracias a que George Orwell lanzó dicha advertencia.

Soy un tipo nacido en un pueblo perdido de la provincia de Jaén que colabora en Deculture cuando no está ocupado trabajando en libros y guiones de manga o videojuegos.

Lo mejor
  • Fiel adaptación de una novela de calado internacional, pilar fundamental del género distópico
  • Realizada con un apartado artístico decente, buenos diseños de personaje y una genialmente expresiva mirada del Gran Hermano a través de las telepantallas
  • Explicaciones íntegras de las ideas tras la obra, ilustradas con gran acierto y de forma que se comprenden fácilmente
Lo peor
  • El medio no permite transmitir en tan corto espacio todos los conceptos de la novela, así que aunque íntegras, muchas explicaciones son bastante escuetas y su correcta comprensión requiere una relectura



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.