Reseña: ‘City Hall #1’

El cuaderno que da la vida y la arrebata

Abrirse a nuevos formatos, o a formatos similares, no es un capricho para el lector habitual de manga, más bien una necesidad. Necesidad para el que considera la lectura una nutritiva fuente de información, historias y experiencias que acaban por enriquecernos y, por supuesto, entretenernos. Leer incluso la historia más mediocre o mala puede ser una experiencia en el fondo positiva para el lector, ya que le está ayudando a forjar o fortalecer un criterio. Abrirse a otros formatos también es bueno a la hora de huir de lo rutinario, de encontrar nuevos trabajos que nos cautiven, nos asombren o nos entretengan. Al fin y al cabo cerrarse en la burbuja del “solo lo procedente de Japón es bueno” no es solo dar la espalda a la realidad — algo de lo que también pueden pecar los lectores de cómic occidental a la hora de negarse a descubrir el formato manga —, sino que puede llegar a hacer que, sin percatarnos de ello, tratemos esta afición como una moda pasajera sin alternativas.

Estas alternativas pueden llegar a ser perfectamente complementarias, permitiéndonos disfrutar de un trabajo de un autor europeo o americano mientras esperamos a que llegue la próxima licencia manga que nos llame la atención. Pero claro, los cambios radicales nunca son buenos, y es por ello que conviene ir paso a paso. Al fin y al cabo, el que lee a Katsuhiro Otomo seguramente haya pasado antes por Dragon Ball, Naruto o incluso Doraemon — trabajos más sencillos y muy diferentes, no por ello inferiores. Con la lectura de trabajos occidentales pasa igual.

City Hall viñeta

Lo mejor para estos casos es comenzar con los euromanga, cómics de origen europeo que aprovechan las bondades del formato manga — páginas en blanco y negro que facilitan la elaboración de viñetas dinámicas y expresivas, tomos manejables y abundante cantidad de páginas… — para mostrar una historia al lector. En España tenemos interesantes trabajos como Mala Estrella, de Henar Torinos, pero la cumbre del euromanga reside principalmente en Francia. Una opción idónea del país galo es sin duda City Hall, de Rémi Guérin — guionista — y Guillaume Lapeyre — dibujante —, euromanga editado por la editorial LetraBlanka.

Uno de los atractivos más distintivos de City Hall es que recoge y se inspira en elementos, e incluso historias y personajes, bastante populares entre los amantes de la ficción. Imaginad una Londres steampunk que se da de la mano con un Death Note donde los cuadernos tienen un efecto inverso: en lugar de matar y permitir a su portador aprovecharse de ello, crean vida, permitiendo también a sus portadores sacar cierto beneficio. Añadid a todo esto que dos grandes mentes, como las enfrentadas en el manga de Obata y Ohba, ahora trabajan desde el mismo bando, y sumadle una pizca de Ataque a los titanes y la representación juvenil de icónicas y célebres figuras del mundo de la ficción. Esto, amigos y amigas mías, es City Hall.

Hoy he descubierto que una parte de la historia de la humanidad no es más que una farsa ¿Cómo quieres que confíe en un gobierno que nos miente?

La historia comienza con el asesinato del ministro de Economía a manos de una criatura gigantesca, de tamaño titánico. Mientras intentan descubrir qué ha ocurrido tanto las fuerzas del orden, lideradas por Carlton Lester, como el alcalde Malcolm X, ordenan evitar que el incidente llegue a oídos de los ciudadanos de Londres. La causa, que no el causante, no tarda en descubrirse: el papel, en desuso desde hace dos siglos y olvidado por la inmensa mayoría de la sociedad mundial, es el responsable indirecto de dicho asesinato. En aquel mundo el papel es una herramienta que permite dar vida a los Papercut, también conocidos como “el arma definitiva”, autómatas que actúan a voluntad de quien los ha creado, aunque para ello se necesita de cierta capacidad intelectual y creativa. Esta información, solo conocida por unos pocos, lleva al alcalde a concluir que el asesinato del ministro de Economía ha sido llevado a cabo por alguien, y para hacerle frente hace llamar a dos jóvenes promesas llamadas Julio Verne y Arthur Conan Doyle, la mente creativa y la mente observadora del equipo de protagonistas de esta historia. Ellos tendrán acceso al material prohibido para detener al villano que ha comenzado a atentar en la ciudad.

City Hall está dirigido a un público adolescente, pudiendo incluso llegar a calar entre el lector joven, y los personajes principales cuentan con personalidades estereotipadas que suelen calar entre el fandom: un Verne excéntrico pero carismático, un Doyle sumamente inteligente pero a la vez algo despistado y tímido, y una heroína, Amelia Earthart — la conoceremos en el primer tomo —, de armas tomar. Este trío de personalidades encaja bastante bien en la historia, tanto para los aspectos más serios como los más desenfadados de la misma, provocando un mayor entretenimiento y atención por parte del lector.

El ritmo de la historia en este primer volumen es generalmente correcto, intercalando escenas de acción con otras de diálogo que nos invitan a desenmarañar los secretos de este universos. Pese a que el ritmo es bueno, en alguna que otra ocasión peca de irregular. Se puede apreciar claramente que los autores han querido introducir ideas y conceptos muy interesantes, enriquecedores y originales, pero en determinados puntos han pecado a la hora de elegir el ritmo. Hay momentos en los que la información no para de llegarnos en situaciones totalmente prescindibles, y otros en los que se podrían haber aprovechado las escenas de acción para ir desvelando a cuentagotas esta información. Por poner un ejemplo, me parece bastante apresurado que Verne explique a Doyle gran parte de la información relacionada con los Papercut — por suerte existe un factor sorpresa que se guarda para los próximos tomos — cuando ambos descansan con tranquilidad durante la hora del té. Habría estado mejor que, conforme fueran apareciendo distintos tipos de Papercut, Verne detallara las características de cada uno, amenizando de este modo la lectura.

Pese a la cantidad de novedades presentadas de golpe en este tomo inaugural, City Hall esconde bajo la manga giros de guión y sorpresas inesperadas para los próximos volúmenes, algo que se deja caer en algunas ocasiones durante la lectura y que sin duda despiertan la curiosidad del lector por saber qué ocurrirá.

City Hall manga

También existen algunas incoherencias en la historia que, si bien pueden romper el ritmo de la lectura, también es cierto que son menores — no afectan a la historia ni a elementos importantes de la misma. Uno de ellos es cuando Amelia se autoinvita a la casa de Verne y Doyle y estos no ponen pega alguna. Es decir, ambos se encuentran buscando a un criminal de identidad por entonces desconocida y lo primero que hacen… ¿es dejar pasar a una mujer de la que no saben nada? La otra incoherencia la he encontrado cuando el villano aparece en lo alto de un tejado durante un momento que busca impresionar al lector. Esto no supondría ningún problema de no ser porque en una ocasión anterior, durante la aparición de un Papercut hostil, mientras Verne sube a lo alto de un edificio para poder controlar al Papercut “bueno”, el villano se encuentra dirigiendo al titán amenazante entre la multitud. Es decir, si el malo de la historia puede ascender a zonas elevadas y evitar así que se le encuentre ¿por qué controla a su Papercut desde el suelo, corriendo el riesgo de ser identificado? Cierto es que aquí el villano descubre quiénes le están haciendo frente, pero es algo que desde las alturas, y en un contexto apropiado, también podría haberse dado.

La ambientación steampunk está bastante lograda e inspira un ambiente con personalidad. Veremos uniformes, edificios, herramientas y tecnología propios de este subgénero de fantasía, aunque sí es cierto que no está todo lo aprovechado que uno querría. Muchas viñetas bien podrían pasar por las de una historia situada en nuestra realidad ya que, durante algunas páginas, desaparece de paisajes y vestimentas cualquier rastro de este subgénero literario.

En cuanto a la edición española, nos encontramos ante un tomo muy vistoso y fácil de manejar debido su flexibilidad. La sobrecubierta cuenta con elementos impresos en color dorado y cierto efecto de desgaste en algunas partes, dándole gran atractivo al tomo. El sentido de lectura es occidental, que viene de perlas a la hora de acostumbrar al lector exclusivo de manga a la transición hacia otros formatos. También contamos con varios extras al final de este primer volumen, traducido en fanarts realizados por diversos autores profesionales del cómic, entre los que se encuentran españoles como Studio Kôsen, Angye Fernández y Belén Ortega, entre otros. Las páginas son todas en blanco y negro. Finalizada la historia en su país de origen desde junio de 2015, City Hall consta de un total de siete volúmenes.

Quitando los “peros” he de reconocer que la historia me ha resultado entretenida, aunque recalco que su público objetivo es el público adolescente. Entre sus bondades, además de las aptitudes de Guillaume Lapeyre para el dibujo y los detalles de fondos, se encuentra el hecho de que estamos ante una historia que bebe pero no depende de Death Note. Es decir, se aprovecha un concepto pero no se pretende calcar ni imitar el éxito de Obata y Ohba, ofreciendo de este modo una alternativa interesante y personajes que dan lugar a situaciones totalmente distintas, donde el humor tiene mayor cabida y la acción entre titanes de gran tamaño pueblan diversas viñetas. Desde luego la reimaginación de célebres figuras como la de los protagonistas también es una baza a favor ya que llama el interés del lector y, se quiera o no, facilita mucho el fanservice de carácter no sexual. Una historia diferente y recomendable que, desde luego, entretendrá.

Fundador, redactor jefe y editor de Deculture.es. Jugón desde la vieja escuela, amante de JRPGs y SRPGs, a poder ser de estilo clásico. Lector de cómics, amante del manga clásico.




Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.