Análisis: ‘Mario y Luigi: Paper Jam Bros’

Por favor, que la RAE incluya "cartoñeco" en su próxima revisión

E3 del año 2015. El panorama, aparentemente desolador para la gran N a excepción de los simpáticos teleñecos de la compañía de Jim Henson parecía totalmente perdido. Nada me llamaba la atención y estaba a punto de tirar el monitor por la pared en un alarde de la mayor de las decepciones posibles. ¿Qué? ¿Otro RPG de Mario para Nintendo 3DS? Esbocé una sonrisilla. No iba a ser una completa pérdida. ¿Y también estaba Paper Mario? ¡Subían las apuestas!

Así es: Mario y Luigi: Paper Jam Bros. unía, por primera vez a los dos hijos del querido Super Mario RPG de Squaresoft. Los siempre dicharracheros Mario y Luigi por un lado y el carismático, aunque de capa caída Paper Mario por el otro. No hacía falta ver mucho más allá del título y las primeras imágenes que el que llevaría la batuta en esta ocasión sería el primero de los agentes, pero igualmente es interesante ver cómo interaccionan ambas subfranquicias.

Viniendo de Dream Team Bros, el cuarto juego de la saga, el listón no estaba precisamente bajo. Máxime cuando éste venía, a su vez, del que para mí es el mejor juego de la saga, Viaje al centro de Bowser. ¿Estaría a la altura?

Por lo pronto, se deshacía del mayor estigma de su precuela inmediata: el flujo constante de aburridos tutoriales para cosas que hasta un niño pequeño podía descubrir intuitivamente, añadiendo en su lugar algunas escenas que te obligan a usar la nueva habilidad en una situación sencilla y sin peligros para avanzar y que tú mismo lo pruebes, algo que siempre es de agradecer. También se deshacía de mecánicas propias del anterior título como los viajes al mundo de los sueños (por motivos más que obvios) o los enemigos del fondo del escenario, presentando en su lugar a un tercer combatiente con mecánicas completamente distintas a las de los hermanos bigotudos.

Y ése es el tipo de cambios que mantiene fresco a Mario y Luigi después de casi una quincena de años, por lo que nos vamos a encontrar un juego que (si bien las bases nos van a resultar igual de cómodas y familiares que siempre), nunca deja de sorprender en lo bien que se desarrolla jugablemente tanto para un veterano como para un novato. Combates por turnos con comandos de reacción bien implementados para esquivar, contraatacar o hacer más daño y una navegación plataformera con algún elemento metroidvania en la que, en esta ocasión, se antoja un poco más escasa en movimientos que en otras entrega de la saga. Pero si bien los movimientos son menos, intentan que se aprovechen al máximo en misiones de rescate de Toads de Papel, que variarán entre arrebatar los hongos a enemigos, puzles de gravedad o incluso una conga que tendrá que sincronizarse para saltar si no quieren acabar en las fauces de un monstruo de arena.

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Como ya decía, la jugabilidad se ve muy beneficiada por la colisión de mundos. Por ejemplo, casi todos los enemigos tendrán su versión de papel que variará sus patrones respecto a la de carne y hueso, aportando una pequeña capa adicional de estrategia a los combates. La capacidad del fontanero origami de transformarse en cosas como un avión de papel o un bumerán da más versatilidad a la defensa y el que se pueda “fotocopiar” supone, por sí mismo, un cambio a la forma de pensar con el personaje. Pero no es en lo jugable donde queda refleado el crossover. Canonizado como que los personajes de la saga Paper Mario existen en uno de los libros de la biblioteca de la princesa Peach (que, muy apropiadamente, Luigi ha de abrir para que todos escapen), nos trae buenos chistes y algún que otro drama dada la dualidad de muchos de los protagonistas.

Desgraciadamente, esto parece haber impedido a Alpha Dream traer personajes originales al título como ya había hecho en todos los demás de la saga, teniéndonos que conformar con Aurelia, el hada de exposición de la pandilla, como único veterano que vuelve. Una verdadera pena, ya que los personajes de anteriores entregas contaban con cantidades ingentes de carisma y siempre resultaban un soplo de aire fresco para las aventuras de los mostachudos. Eso sí, aprovechan esa carencia para desarrollar a personajes que nunca habían tenido demasiado protagonismo en este canon, como Bowsy o los Koopalings (que, por primera vez en la historia de Super Mario Bros, tienen diálogos).

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Donde sí que desluce este Paper Jam Bros. es en su propuesta para las ya asentadas luchas de gigante de las que venimos disfrutando desde la tercera entrega de la franquicia. En esta ocasión, Toadette (que vilmente destituye al ausente Toadsworth de su papel), construirá unos gigantescos cartoñecos (para mí, la mejor palabra acuñada en 2015) que habrán de hacerse paso entre enemigos de cartón para finalizar contra un combate de jefe en un entorno tridimensional. Si bien la idea es buena, el enfoque y la ejecución acaban haciéndola aburrida y tediosa en una repetición de “confunde a un enemigo, lanza al cartoñeco por los aires, repite, te has quedado sin energía, ve a recargar, empieza de nuevo”. Una verdadera pena que hace que el título no llegue a ser tan redondo en su jugabilidad como debiera.

Mario y Luigi Paper Jam Bros

El último de los cambios jugables de esta nueva entrega es la sustitución de las ya clásicas medallas por un sistema de cartas. En lugar de ir rellenando una barra para beneficiarse del efecto de las insignias, obtendremos puntos con los que jugar unas cartas con efectos similares a los del sistema antiguo. Restauración de vida o puntos tándem, daño a los enemigos, invencibilidad, bajadas de nivel, cambios de estadística… Ciertamente, algo que nos permite tener mayor variedad de efectos en nuestra mano para ajustarlos mejor a nuestra estrategia. También existe un segundo tipo de mazo de cartas, asociado a la compatibilidad con amiibo, que acaba resumiéndose en “tienes un efecto extra por figura y combate de entre los que hayas ido coleccionando”. De forma efectiva, una excusa para implementar trucos si tienes alguna de las figuras que sólo aporta un aliciente a los más avezados coleccionistas.

Por otra parte los gráficos, al heredar el motor de Dream Team Bros., vuelven a ser preciosistas y detallados, sin que los “amigos importados” desentonen un ápice. Todo con la mayor fluidez que podamos pedirle al sistema y con un efecto 3D, de nuevo, impecable. Sin duda, un gran trabajo en dibujo y diseño de los pseudosprites que componen el título. La música, por su parte, vuelve a estar de la mano de Yoko Shimomura, lo que es a su vez una garantía indudable de calidad y una sentencia a que puedas comparar todos los temas de la banda sonora con alguno de Kingdom Hearts, especialmente los del jefe final.

No lo dudéis, Mario y Luigi: Paper Jam Bros. está entre los mejores títulos de la franquicia, lo que ya es meritorio. Divertido, con gran ritmo y ágil, suple sus pocos defectos con muchas de sus virtudes y, si bien no es tan redondo como Viaje al centro de Bowser, es un imprescindible para cualquier fan de los RPG del fontanero.

“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.

8.3
Mario y Luigi: Paper Jam Bros
Lo mejor
  • Ágil, divertido y con un gran sentido del humor
  • Artística y técnicamente impecable
  • Rescata al pobre Mario de Papel tras haber estado de capa caída
Lo peor
  • La ausencia de personajes originales
  • Mala implementación de la lucha contra cartoñecos



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.