Reseña: ‘Akame ga KILL!’ #3, #4

Volvemos a vernos, Night Raid

Aunque parezca mentira, ya han pasado dos números desde que escribí la reseña del inicio de Akame ga KILL!  (アカメが斬る!). No voy a ser repetitivo con mi opinión en líneas generales de la licencia de Norma Editorial del manga de Takahiro y Testuya Tahiro. Si queréis saber eso, deberíais pasaros primero por la reseña que escribí hace ya un tiempo, en la que contaba cómo no debí haber juzgado el manga por sus portadas y qué público podría disfrutar de su argumento y personajes.

Aunque sí, voy a volver a sacar a la palestra el tema de las portadas, que se vuelven (si cabe) aún más fanservice y motivo de descarte prematuro de la historia. Para que os situéis, el tomo tres nos muestra a Leone, una chica de busto aún menos modesto que sus ropajes y orejas y cola de bestia y el cuarto a Esdeath, la villana sadomasoquista capaz de convertir un uniforme de reminiscencia nazi en algo próximo a un traje de criada francesa. De hecho, seguí haciendo mi investigación para descubrir cosas como que el aparente protagonista no hacía aparición en una de las portadas hasta el decimoquinto tomo en su publicación nipona, para que os hagáis a la idea.

Por suerte, esa componente sabe autolimitarse en el propio manga, como ocurría en los dos primeros tomos, aunque en muchas situaciones no puedo evitar pensar que esas mismas escenas sin el contenido erótico aportarían exactamente lo mismo y no distraerían la lectura. Por otro lado, la inclusión definitiva de la ya antes citada villana Esdeath en la narrativa pone en bandeja este tipo de situaciones dada su personalidad, haciendo que en situaciones sea casi justificado. Al final el tema termina convirtiéndose en una reacción entre “no me cuaja” y “es soportable“, con incluso alguna risa ocasional al respecto.

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Antes de pasar a tratar el argumento, con sus inevitables spoilers (avisados estáis, ya sabéis que leer una reseña de un tomo avanzado tiene lo que tiene), una puntualización sobre mi anterior reseña. Efectivamente, decía que el estilo de dibujo era muy errante en los primeros capítulos y que veía que se encauzaba. Y en ese aspecto, perfecto, ya ha sabido alcanzar su estilo y mantener una calidad constante (a pesar de marcarse algún que otro panel mucho más llamativo para dar el golpe de efecto, como todo mangaka), proporcionando unos combates dinámicos que tardan el tiempo justo en resolverse y una narrativa ágil que nunca nos llega a aburrir  como lectores. Chapó por eso.

El ritmo de los acontecimientos también contribuye a ello. Si bien se alterna entre algunos capítulos emocionales, algunos expositorios (al fin y al cabo necesitamos conocer aún cuál es verdadera amenaza más allá del Imperio y sus perros genéricos) y otros de más pura acción en la realización de misiones de asesinato, es capaz de lograr un buen equilibrio, soltando alguna que otra pincelada de humor muy agradecida tras los momentos duros.

Y ahora, la última llamada a los que no quieren leer sobre las cosas que ocurren: empiezo a destripar a partir de aquí. Intentaré que sea lo menos explícito posible en lo que a estos dos tomos respecta, pero tened cuidado si sois especialmente sensibles y especialmente si no habéis leído los dos anteriores.

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Tras la primera baja en el equipo, la realidad azota a nuestro protagonista de una forma bastante agresiva. Sí, ya había vivido de primera mano muertes muy cercanas, pero ahora comprendía perfectamente los peligros reales de una batalla. No obstante, dado el negocio en el que están, ha de sobreponerse a la pérdida y mirar hacia el futuro, ¿y qué mejor forma de hacerlo que entrenando?

De esa forma entramos en un breve arco en el que seguimos conociendo a los personajes un poco más y cogiendo cariño, poco a poco, al equipo titular, asimilando como lectores que a pesar de la moral gris de la obra, no dejan de ser héroes indiscutibles y desinflando un poco la moral de los primeros tomos. A eso se le añade el regreso de Esdeath a la capital tras haber aniquilado a toda la resistencia del Norte, incluyendo violenta tortura a sus héroes y disfrutando de ello. ¿Se estaba empezando a volver un shonen genérico tras poner buenas cartas sobre la mesa?

A todos los efectos Esdeath es, inevitablemente, una villana for the evulz, y no empieza a caracterizarse. Por suerte, poco a poco empezamos a conocer los motivos de sus subordinados y los que luchan por el Imperio. Adoración, deuda, honor, justicia… Muchos son los matices y poco termina importando de qué bando están si creen luchar por el bien o el mal. Hay un grupo de asesinos sueltos y tienen que pararlos. Es lo lógico, ¿no?

Pero también entra la oscura moral en ello y se aprovecha esa excusa de defensa para deshacerse de aún más rivales (ya sean otras partes de resistencia o simplemente bandidos) y cargarles el muerto a Night Raid, lo que hace que su objetivo tenga que ser doble: limpiar su nombre y deshacerse de la nueva (y grave) amenaza que suponen los subordinados de la villana. Una buena trampa de miel para deshacerse de nuestros protagonistas.

Efectivamente, no hay nada que salve la distancia entre el “bien” y el “mal” con esto, pero por otra parte, se comienza a reunir un grupo de usuarios de Armas Imperiales al servicio de Esdeath que sí que se condensará como la contraparte de Night Raid en términos morales e incluso narrativos, salvando una buena idea que empezaba a irse por el desagüe y manteniendo la moral gris que caracteriza a este manga tanto entre los miembros del grupo protagonista como los del rival.

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Poco queda por comentar de este par de tomos sin reventar definitivamente el interés al lector, así que felicitaré el desarrollo (más bien, el comienzo de una clara caracterización) de los personajes, que empiezan a evolucionar de simples clichés a subversiones o deconstrucciones de estos, lo que mejora mucho la forma de contar la historia. También toca felicitar el uso inteligente de las armas, dando lugar a combates inteligentes pero fáciles de seguir sin tener que disparar de nuevo la escalación de poder.

¿Decae Akame ga KILL! en estas dos nuevas entregas? Quizá al principio, que se traza errante, pero sabe asentar las bases para una subida constante que disfrutarán quienes se hayan visto entretenidos con los primeros capítulos del manga.

“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.

Akame ga KILL! #3, #4
Lo mejor
  • La calidad de dibujo comienza a estabilizarse en un buen nivel
  • Buen equilibrio narrativo
  • Los personajes comienzan por fin a desarrollarse
Lo peor
  • A veces, el fanservice se vuelve un tanto incómodo para la lectura
  • La moral gris se diluye durante un tramo de la historia



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.