El anime ‘Orange’ cautiva en un episodio que refleja la esencia de la adolescencia

Nada es lo que parece

Quizás sea de las pocas personas que aún no haya disfrutado de la lectura de Orange, el manga de Ichigo Takano que en España edita Tomodomo Ediciones. Con una premisa que despertaba mi interés y con su adaptación televisiva ya estrenada en Japón, decidí probar con el anime en primer lugar, darle una oportunidad, para ver si lograba superar, o al menos cumplir, con unas expectativas creadas de antemano a raíz del material promocional mostrado.

Orange tiene muchos puntos positivos que pueden convertirla en una de las mejores adaptaciones de esta temporada de verano. Aunque cuenta con una historia sencilla ambientada en el instituto, con unos personajes habituales en este tipo de historias y la puesta en escena de la amistad y el romance durante la adolescencia, esta obra cumple la calidad que busco en la demografía shojo.

Naho es nuestra protagonista, una chica normal de dieciséis años, con un vida como la de cualquier otra, rodeada de sus amigos y cumpliendo con su rutina de estudiante. Todo cambia cuando un día recibe una misteriosa carta de quien dice ser su yo de diez años en el futuro. El contenido de la carta, para su sorpresa, predice las cosas que están a punto de suceder a lo largo del día, además de aconsejar a la joven no llevar a cabo determinadas acciones. Muchas de estas hacen referencia a Kakeru, el nuevo alumno de su clase e integrante de su grupo, pero Naho ignora las advertencias de la carta e invita y accede a que se le invite a salir con ellos.

Los planos están cuidados al detalle y alcanzan su mayor auge en los momentos que desean transmitir una mayor carga de sentimiento, acompañados de una banda sonora cautivadora y melancólica. Los amigos de Naho, aunque describen poco su personalidad en los primeros minutos, han demostrado complementarse cien por cien y conseguir atrapar mi interés, en especial Azu, la chica abierta y divertida de la pandilla.

Otro aspecto de la serie que me ha llamado la atención es la conexión entre la Naho de dieciséis años y su yo futuro de veintiséis. Con una serie de saltos temporales correctamente implementados a lo largo del capítulo, observamos un par de detalles y descubrimos otro par que dejan en la más completa incertidumbre a quienes no hemos disfrutado aún de la obra en papel, y que, seguramente, hayan emocionado a quienes ya conocen el principio, desarrollo y final de esta conmovedora historia.

Y es que Orange arranca con fuerza, diciéndote “quiero ser ese anime de demografía shojo que muchos recordarán en unos años“. El anime logra tocar y enfatizar de manera realista y creíble la inocencia e inmadurez de la adolescencia, el arrepentimiento de las acciones en una época llena de cambios y el paso a la etapa adulta, y a la vez hacer hincapié en la importancia de vivir el presente.

Aunque desearía acabar con la incertidumbre que me acompaña desde que terminé el primer episodio hace menos de veinticuatro horas, decido morderme las uñas, aguantar y disfrutar con vosotros cada semana de esta hermosa adaptación antes de lanzarme a por el manga original. De momento, el anime de Orange no ha cumplido mis expectativas, las ha superado.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.