Reseña: ‘Golem’

Distopías a la romana

Una historia sobre aquello que sucedió en el futuro. Cuando Golem llegó a mis manos, sólo eso y la portada era lo que conocía de la obra del autor italiano Lorenzo Cecotti. Prácticamente nada de información, una recomendación de un amigo y no mucho más que me condicionara sobre el cómic editado por la editorial Sapristi. En su contraportada, muchas buenas palabras sobre el contenido de las 280 páginas que estaba a punto de leer, que, por preservar mi ignorancia, preferí obviar.

Ya sabéis que no estoy excesivamente acostumbrado, salvo excepciones, al cómic occidental. Y mucho menos al europeo (más allá que algún otro clásico francobelga o, si eso, los Mortadelos y demás ibañadas), así que una obra de acción adulta como la que estaba empezando a leer era prácticamente territorio inexplorado para mí…

…o quizá no tanto. Las primeras páginas ya empezaban a sentar las bases de algo que se sentía obvio (lo cual tampoco es malo, porque cualquier persona que busque esta obra encontrará que éste es su tema principa): la distopía. Un anuncio gubernamental diciendo lo maravillosa que es la Roma del futuro cercano en la que se basa la historia, lo mucho que ha evolucionado la tecnología y economía gracias a las cuatro megacorporaciones que existen en Eurasia. ¡Incluso curar el cáncer toma menos de una semana! Y quered al gobierno.

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No tardamos en ver cómo esta fachada de realidad perfecta no tarda en desmoronarse con detalles muy bien planteados: los muertos que se encuentran por la calle son una vista por la que nadie gira el cuello un ápice, por ejemplo. Cocinar está prohibido por ser peligroso, y está perfectamente interiorizado. ¿Para qué hacerlo, si las empresas nos lo dan hecho? Pero quizá el ejemplo más impactante sea el del poco respeto por la humanidad inherente a las personas. Por la identidad. Por la relación.

Eso está perfectamente reflejado en unas cuantas páginas algo separadas entre ellas. En un momento se nos establece que la cirugía estética es perfectamente natural e incluso asequible si tienes algo de dinero que te pese en el bolsillo. Sencilla, e incluso poco invasiva. Tan fácil como mirarse en el espejo y seleccionar tu diseño como si estuvieras comenzando una partida en el mmorpg de turno. Más adelante vemos cómo una chica se ha implantado unos pechos que no quedarían nada en desentono junto a la hechicera de Dragon’s Crown. Los compañeros la vitorean y uno de ellos afirma explícitamente que “bueno, entonces es hora de cambiar a la actual”. Un chico, por supuesto, con cientos de modificaciones en su ser. Tantas que no le quedaba espacio para el cerebro.

Porque claro está, nuestros protagonistas con capaces de ver más allá de la fachada, nunca harían cosas que todos los demás, cuestionan el sistema y se interesan por lo insólito y externo al macrocapitalismo exacerbado de la metrópolis. Unos personajes que, sin ningún tipo de influencia externa son la excepción y que tienen algo que ofrecer al mundo sin motivo aparente. Si bien es cierto que estas historias necesitan de este tipo de personajes, no puedo decir que me los hayan vendido de forma adecuada.

Si seguimos avanzando con la historia, por desgracia, la construcción del mundo acaba allí (salvo un par de pinceladas dadas algo más adelante). Si quieres narrar algo en menos de 300 páginas de cómic tienes que ir muy rápido y poner las cartas sobre la mesa toma demasiado tiempo. Eso sí, podemos encandilarnos con los detalles viendo cómo el mundo, si bien a medio crear, es capaz de respirar y plantearse de forma clara y concisa.

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Desgraciadamente, diría que ahí se acaban las virtudes, ya que el resto huele a genérico y sabe a acelerado. Una historia distópica de liberación con mensajes anti-capitalistas, un desarrollo de personajes prácticamente nulo y unos giros de guión que puedes ver diez páginas antes. No sorprende y quiero pensar que el autor no aspira a hacerlo: simplemente quiere dar más pinceladas sobre lo malo que es el régimen actual y por qué deben esforzarse en que no lo sea. Caen los yunques. Pasas las páginas y la idea no transpira, los personajes no calan.

Pero intentaré evaluarlo como lo que no he entendido que sea: una historia distendida, de ágil lectura y para revisitar de vez en cuando si te apetece una historia de acción acelerada que leerte en un par de horas y deleitarte con el arte. Porque ahí sí que pasa a ser un producto que se disfruta como el que disfruta un filme de Michael Bay. Explosiones, hostias como panes y más explosiones, acción con buenos efectos especiales/dibujo y, sí, una dinámica que te hace apagar el chip de lo que pretende mostrarse como importante y te lleva al entretenimiento.

El arte, eso sí, está muy bien planteado. Los colores, e incluso el trazo, siempre atentos a la ambientación. Los diseños son certeros a la hora de agradar. El nivel de detalle es justo el que pretende: cuando se busca llamar la atención sobre una viñeta, está ahí. Cuando no, los diseños resplandecen por ser justo lo que tiene que enseñarte. Las transiciones, dinámicas (si bien excesivamente prestas, como ya he adelantado). En lo visual, el trabajo de Cecotti es impecable y eso es meritorio.

En resumen, mi desconocimiento (y expectativas no demasiado altas, todo hay que decirlo) sobre Golem me ha hecho disfrutarlo de una forma que ha tenido que adaptarse poco a poco a lo que el volumen único presentaba. Pero si quieres la historia profunda que intenta ofrecerte la sinopsis, has llegado al lugar equivocado, pero si simplemente quieres disfrutar sin pretensiones, lo harás de buena forma.

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Golem
Lo mejor
  • El apartado artístico da gusto
  • Se presentan algunas ideas distópicas que podrían ser interesantes
Lo peor
  • El mensaje detrás del relato es tan obvio que pierde su interés
  • Los hechos y giros de guión son demasiado predecibles
  • No acaba de cuajar en general