Reseña: ‘La heroica leyenda de Arslan’ #4

Los futuros de Arslan

Las aventuras de Arslan y compañía continúan y por fin parecen encaminarse a desarrollar a los personajes y a meterse en el centro de la historia.

Resumir el tomo es relativamente sencillo. Arslan y sus compañeros se refugian en la fortaleza de Kashan, donde el noble Hodir trata de conseguir que el príncipe se case con su hija y deshacerse de Daryun y Narsus. Previendo que la ambición de Hodir se volvería contra ellos, Narsus prepara la escapada. Por el camino, sin embargo, matan a Hodir. Arslan, convencido de que la teoría de Narsus sobre liberar a los esclavos es correcta, corre a contarles a estos que ya no se encuntran bajo el yugo de su amo. La respuesta de los esclavos es perseguir al príncipe e intentar matarlo. Las cosas no son tan simples como pueden parecer. Tras este golpe emocional, Arslan decide dirigirse hacia la fortaleza fronteriza de Peshawar, que guarda Pars de los reinos de Sindhura, Türk y Turan. Por el camino, sin embargo, acaban separándose tras una persecución de los soldados de Hodir y un encontronazo con los lusitanos.

Estos parecen conocer demasiado bien el territorio parsi, hecho que se explica porque el hijo de Kharlan, Zande, se presenta ante el príncipe Hermes para jurarle lealtad. Ha seguido los movimientos de Arslan y enviado instrucciones a los lusitanos para que le den caza. Sobre Hermes averiguamos unas cuantas cosas, entre otras, cómo Andrágoras estuvo a punto de matarlo y que se salvó gracias a la ayuda de unos misteriosos hechiceros relacionados con su abuelo. No se revela mucho de sus intenciones, excepto que buscan provocar el caos en Ecbatana y el reino entero.

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Hermes, a su vez, ve su futuro amenazado cuando Tahamenay pide la cabeza de Andrágoras para poder casarse sin incurrir en la bigamia. Como el príncipe Guiscard le explica, ahora ya no hay nadie que pueda protegerlo: si el arzobispo Bodin y el propio rey piden su muerte, no habrá nada que lo impida. Tanto Hermes como Guiscard están interesados en mantener vivo al rey, el príncipe lusitano porque quiere el apoyo de Hermes para cuando suba al trono y Hermes por motivos personales. Pero la llegada de los terribles y genocidas Templarios parece que va a poner muy difícil la supervivencia de Andrágoras.

A nivel general, y con una pequeña escena sobre qué es de Étoile, protegido en el castillo de San Emmanuel, esto es lo que sucede en el tomo.

Lo más interesante, sin embargo, es que la historia por fin empieza a desarrollar a Arslan. No llega a convertirle en foco, todavía no, pero sí nos muestra su personalidad mediante contrarios: Narsus y Hermes.

Aparte de su irritante capacidad de salirse siempre con la suya —en realidad es típica de todo el grupo menos los niños. En el momento en que Gieve se une a Arslan y Elam, sabes que no les va a pasa nada. Le resta mucha tensión a la historia—, Narsus es una persona bien intencionada que físicamente tiene un aire a Arslan. Hace las veces de mentor y se le nota en la sonrisa que empieza a apreciar de verdad al príncipe. Pero también ve que es delicado, frágil. Por eso más de una vez guarda silencio, observando sus reacciones, dejando que aprenda por su cuenta. Esto es lo que ocurre cuando Arslan cree que los esclavos lo van a recibir de brazos abiertos por haber matado a Hodir.

Que Narsus tenga una experiencia similar y aun así insista, tanto por moralidad como por motivos pragmáticos, en liberar a los esclavos resulta interesante y un claro reflejo en Arslan. Sobre todo porque a Narsus le pasó cuando estaba en la cima de su poder —dio la libertad a sus esclavos, pero estos no supieron gestionar el dinero y volvieron a pedir trabajo, echándole la culpa de que hubiera intentado librarse de ellos— mientras que Arslan lo vive siendo un exiliado, huyendo por su vida y sin una pizca de la confianza en sí mismo que tiene Narsus. Un golpe así podría haberlo echado completamente abajo, sobre todo si pensamos en las constantes advertencias de los nobles, que nunca aceptarán que se libere a sus esclavos. Y, para colmo, muchos de estos tampoco querrán ser liberados porque el sistema es cómodo.

En medio de aventuras que casi siempre salen bien, por fin nos presentan algo de realidad y es que el sistema es muy difícil de romper, seas o no un rey.

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Así, Arlsan parece seguir la misma senda de Narsus. Su voluntad por sentirse como un igual, que averiguamos que tiene que ver porque se crió entre plebeyos y no en el palacio —lo cual abre una interesante línea argumental que seguro que no va a ser muy feliz—, se refleja a su vez en otro personaje que tiene mucho que ver con Narsus: Elam. Desde que le conoció, Arslan se muere por ser su amigo. Seguramente porque tienen la misma edad, pero también porque Arslan siempre se ha sentido inútil y admira que un chico tan joven pueda resultar tan útil. Hasta tal punto llega, que Arslan no tiene el más mínimo reparo en acudir a salvarlo. Como bien apunta Gieve, Elam solo es un paje. Arriesgar tu vida, la del heredero de Pars, por alguien así es una estupidez. Pero Arslan no se preocupa por esas cosas. Ni aun entonces conseguirá que Elam venza las normas de la jerarquía pero, quién sabe, es posible que un día no muy lejano consiga lo que Narsus no: que Elam no lo trate como un señor.

Por otra parte está Hermes. Arslan y Hermes son claros paralelos, no solo por ser príncipes que luchan por el trono o porque su paleta de colores es blanca/negra, sino por sus actitudes. Hermes es una versión cruel y despiadada de Arslan, que lo ha perdido todo. Por ello se aferra a la venganza y a reclamar lo que es suyo. Su obsesión por hacer sufrir a Andrágoras en vez de ejecutarlo probablemente se vuelva en su contra en el futuro, pero de momento nos revela su parte más repugnante. En el momento en que parte a buscar a Arslan en persona, pensando que lo matará y le entregará la cabeza a Andrágoras, o que los hará luchar el uno contra el otro, cuando ni lo conoce ni tiene nada que ver con el asesinato de su padre… Pero es quien ha ocupado su lugar. Cuesta decidir si odia más a Andrágoras por ser el responsable o a Arslan por haberlo sustituido. Cabe preguntarse qué pensará cuando se encuentre al príncipe.

En cualquier caso, Hermes sirve como reflejo de Arslan, otro camino que podría haber seguido. Vemos en los recuerdos de Hermes que este era amable e inocentón de joven, pero la tutela de los hechiceros y su desfiguración lo han convertido en un ser que poco tiene de personaje excepto en sus momentos en solitario. Son estos los más interesantes, cuando se quita la máscara y demuestra debilidad y estar profundamente acomplejado. Incluso hasta el punto de exagerar las quemaduras, que sí, son feas, pero podrían ser peores. Supongo que es una relación con su debilidad más que el drama de tener una cicatriz así, en un mundo de guerreros donde sobrevivir con cicatrices es un orgullo.

En términos artísticos, se nota a Arakawa mucho más cómoda con sus personajes… excepto Arslan. Sigue sin saber llevar su cara, excepto en las situaciones más extremas. Los fondos siguen siendo bastante vacíos, pero con la aparición de más personajes y la grandiosidad de algunas escenas (como la imponente llegada de los Templarios) se le puede perdonar. La traducción es bastante decente y se agradece que se incluyan los términos persas. Además, la edición incluye otra entrevista de Arakawa. Como siempre, es divertido mirar debajo de la cubierta y encontrarse bocetos de la autora.

En fin, la trama de Arslan por fin parece encaminarse hacia un sitio concreto: Peshawar, el exterior. Sin duda, tardaremos en volver a ver al príncipe por Ecbatana.

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Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.

'La heroica leyenda de Arslan' #4
Lo mejor
  • Buen uso de los personajes
  • Mezcla de varias tramas paralelas
Lo peor
  • El dibujo de Arslan sigue flaqueando
  • Los fondos siguen siendo planos

La heroica leyenda de Arslan


la heroica leyenda de arslan ficha

La heroica leyenda de Arslan es una serie de novelas fantásticas de Yoshiki Tanaka. Cuenta con dos adaptaciones al manga, una en 1991 de manos de Chisato Nakamura y otra de Hiromu Arakawa, la renombrada autora de Fullmetal Alchemist, en 2013. A partir de este último se ha realizado una al anime de mano de Liden Films, si bien ya existía otro en formato OVA también de los años 90. La historia sigue las desventuras del príncipe Arslan, heredero de la corona del rico reino de Pars, que súbitamente se ve obligado a luchar por liberar a su reino y salvar a sus padres de la invasión de los radicales guerreros lusitanos.

Con una serie de compañeros de lo más variopintos, que van desde el mejor guerrero del reino, su viejo amigo, un pintor fracasado pero increíble estratega y hasta la hija de un merecenario, Arslan debe proteger Pars de las invasiones exteriores de los reinos de Sindhura y Turan, jugando con las alianzas políticas, mientras intenta encontrar una forma de retomar la capital Ecbatana. En su camino se interpondrá el misterioso hombre de la Máscara de Plata, que desvelará muchos secretos del pasado de la familia real, así como los oficiales lusitanos. Pero no todo es blanco y negro y Arslan encontrará que hay muchos parsianos deleznables y lusitanos que no actúan tan movidos por la maldad como por el fanatismo.

Mientras que buena parte de la primera temporada toma como referencia el guión del manga de Arakawa, en la segunda ya se siguen directamente las novelas de Tanaka.

Su adaptación más reciente a formato anime se estrenó en abril de 2015 y en julio de 2016 comenzó la segunda temporada con Liden Films y Sanzigen (sustituido en la segunda temporada por Felix Film) como los responsables de la adaptación. Ambos se han licenciado en España gracias a Yowu Entertainment. El manga de Arakawa, por su parte, llegó a España en 2015 con Norma Editorial.





“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.