Reseña: ‘Interview with the Vampire. Claudia’s story’

Mi último pensamiento fue para mi precioso y frágil Louis...

Hay libros que trascienden la cultura. Anne Rice sentó cátedra —y luego se ocupó de destrozarla— con sus Crónicas Vampíricas y fundó el mito del niño-vampiro que tanto aterroriza y fascina morbosamente a partes iguales. Las historias de Louis, Lestat, Claudia y Armand siguen poblando más de treinta años después el imaginario popular. Entrevista con el Vampiro ya tiene un manga oficial, por lo que otro parece innecesario… Pero siempre nos ha faltado la visión de un personaje, condenado desde su nacimiento, y cuyo fantasma ha dado más relevancia a la narración de Louis. Además, nunca viene mal una visión femenina en una historia llena de hombres.

Esta es la historia de Claudia.

Es la historia de una niña, que «despierta» siendo vampira. Dos hermosos hombres, uno rubio y atrevido y otro moreno y retraído, se presentan como sus nuevos padres (y todavía habrá gente que niegue que son pareja. Tóxica, pero pareja). El rubio, Lestat, deja que beba sangre de su muñeca porque Claudia está realmente hambrienta. Luego, le entrega a un niño para que lo desangre. Así son las primeras páginas del manga, donde Claudia aprende a ser una criatura que sobrevive y depreda. A ser un vampiro. Pronto olvidará la existencia de su madre biológica y que una vez fue humana. En realidad, su existencia como niña humana fue demasiado corta para que la marcara de alguna forma…

Excepto en el punto esencial de que su cuerpo es el de una niña de unos cinco o seis años. Y nunca, jamás, se desarrollará a pesar de que lo haga su mente. Todos los que estén familiarizados con el libro o la película conocen la vida de Claudia, pero por una vez, lo vemos desde su punto de vista. Es increíble la facilidad con la que Ashley Marie Witter consigue que simpaticemos con ella, un personaje cruel y manipulador, porque se respeta su verdadero tamaño —por motivos comprensibles, en la película hubo que subirle la edad a unos 12 años— y su aspecto de preciosa muñeca contrasta dolorosamente con sus acciones y con sus miradas y discursos de mujer adulta.

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Acompañaremos, pues, a Claudia en su camino. Vermeos cómo Louis y Lestat la tratan como su hija de maneras muy distintas. Lestat impulsa su aspecto más depredador, pero Louis la trata como si fuera una niña humana, leyendo, tocando para ella. Y, poco a poco, Claudia va creciendo. Va dejando atrás su mentalidad infantil… pero es algo que ni sus padres (aunque Louis lo hará con el tiempo) ni el mundo reconocen.

Crónicas Vampíricas siempre ha tocado temas inquietantes —que pueden reflejarse de mala manera en los aspectos queer, sobre todo en los libros. Pero me alegra decir que en Claudia’s story la sexualidad de los personajes no se excusa bajo la fachada de ser un vampiro, como pueden excusar algunos fans de los libros por las reticencias de Louis ante amar con todo su corazón, y se toma con absoluta naturalidad—. La misma existencia de Claudia lo es. Ver cómo es el mundo a través de sus ojos lo es. Los sentimientos que desarrolla hacia Louis, en parte como celos contra Lestat, en parte porque necesita que alguien cuide de ella y Louis es el más adecuado de manipular, y también porque encuentra a Louis adorable, son extraños, pero no tan raros. Solo… incómodos para nosotros, que tenemos cuerpos desarrollados. Es raro ver a una niña de 5 años siendo tan posesiva, impulsando a Louis hacia lugares que él no quiere. Porque, bueno, en realidad esta niña tiene más de 70 años.

Y se ha cansado de ser un juguete.

Claudia’s story es un único tomo que resume una vida de casi un siglo. Lamentablemente en este aspecto sigue mucho el estilo de Louis, que solía resumir los períodos bonitos en dos páginas porque le dolía recordarlos. Pero no es el caso de Claudia. Por suerte, en un manga se puede resumir de manera muy hermosa el paso del tiempo y desarrollar un acercamiento a los personajes. La evolución de la dinámica es maravillosa, los momentos en los que Claudia evoluciona y se da cuenta de que nunca podrá aspirar a estar con Louis y, mucho peor, nunca podrá vivir sin alguien «mayor» que cuide de ella, son terribles y bellos al mismo tiempo.

Pero al final un tomo no es suficiente. El final es apresurado y hubiera preferido más peso en el sentimiento de Claudia a la hora de perder a Louis, el terror que experimenta rodeada por vampiros que pueden matarla en cualquier momento.

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Con todo, eso no evita que el camino sea maravilloso. En particular, al no depender de los gustos o disgustos de un actor que interpreta un papel, los personajes están todos muy bien caracterizados. La evolución de Claudia, la infantilidad y el miedo a no tener el poder sobre sus «hijos» de Lestat, los temores y el aire de debilidad que desprende Louis, y la elegancia y sutil maquinación de Armand están perfectamente plasmado.

Resulta interesante ver el conflicto de tres partes (Lestat, Armand y Claudia) por un único hombre al que no dejan de obligar a obedecer la imagen que tienen de él, como una persona dependiente y nada más. En las novelas, cuando Louis o Lestat narran, siempre son mentiras o ideas edulcoradas que cuentan al mundo. En un manga es difícil hacer lo mismo, por lo que nos acercamos algo más a la verdad. Pero también vemos el mundo con los ojos de Claudia. Louis es una criatura humana, delicada, un poco cobarde y pasiva. Lo necesita, lo ama, pero no puede retenerlo porque al final no tiene poder para ello… Lo cual no evita que seamos testigos de cómo usa sus puntos débiles una y otra vez. Pero es incapaz de competir con Armand y Lestat, hombres fuertes y poderosos, cada uno a su manera. Con todo, a pesar de que todos se  comportan igual que Claudia, es muy difícil no ponerse del lado de ella. No solo por su final, sino porque Claudia es consciente de que necesita (al contrario que Armand o Lestat) a Louis.

Al final, Claudia es una adulta, toma decisiones de adulta, y tiene que aceptar la muerte como una madre y no una hija. Es irónico que sus ambiciones se cumplan de una forma tan retorcida. Por otra parte, cabe comentar que su problema con su aspecto se puede extrapolar a todas las mujeres. Incluso si hubiera sido adulta, habría necesitado a un hombre que hablara por ella en casi todas las circunstancias de los siglos XVIII-XIX.

En cuanto al arte, es un estilo bastante realista pero que no llega al cómic estadounidense. Ahsley Marie Witter tiene un aire a manga (y no es de extrañar ya que fue Yen Press quien contrató a la dibujante) y la sucesión de las escenas, sin llegar a ser tan detallada como la de un manga, tiene un estilo menos pesado que un cómic. Las páginas no son en blanco y negro, sino con un delicado ocre  que da un aire antiguo a las escenas y recuerda a un pergamino. Sin embargo, sí hay un color. El de la sangre. En general no se abusa demasiado de ella pero cuando se tiene que presentar como algo impactante, lo hace, en especial en la rebelión contra Lestat.

La edición es de tapa dura, con una portada hermosa donde aparece Claudia en medio de la oscuridad, sujetando lo que podría  ser un crisantemo blanco, asociado a los muertos. En las contraportadas podremos leer detalles sobre la vida de las autoras y sus obras. Lo malo es que no está licenciado en España, por lo que el texto está en inglés —aunque personalmente lo considero fácil de leer—. Pero es una pequeña obra de arte que cualquier fan de los vampiros, de la obra de Witter o Anne Rice debería tener en su estantería.

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Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.

'Interview with the Vampire. Claudia's story'
Lo mejor
  • El impresionante dibujo
  • La caracterización de los personajes
  • El punto de vista de Claudia
  • Se puede leer sin haber leído Entrevista con el Vampiro
Lo peor
  • Un tomo se queda corto



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.