Reseña: ‘Shinto’ #1

Cuando el machismo te estalla en los ojos

Muchos mangas que no han nacido en Japón suelen tener un importante complejo de inferioridad. Imitan el formato que saben que ha triunfado. Es algo que ocurre en Japón muy a menudo: si Naruto gusta, vemos que salen muchísimas obras que siguen el mismo estilo. Pero cuando ocurre en mercados reducidos la imitación es mucho más descarada y además resuena porque ni siquiera es japonesa.

Shinto de Sebastián Riera es uno de esos mangas que nacen para sumarse a la corriente y desaparecer poco después porque no ofrece nada original. Ninjas con un parecido demasiado descarado a los de Naruto (hasta diría que el principal antagonista se parece demasiado a Itachi Uchiha), la reutilización de sus montruos (¿os gustan los sapos  gigantes? Porque aparecen) y el típico aire shonen que se basa en el protagonista plano y tonto, en el chico e inteligente y la chica fanservice. Vamos a hablar de esto más tarde, pero cuando quiera ver tetas compraré hentai.

La historia se centra en Eisuke, quien revivió a su hermano mayor Masashi en un momento de trauma. Solo que su hermano regresó siendo diferente y tan poderoso que se ha convertido en un mal para el mundo. De ese modo, junto con sus amigos, parte a buscar la espada Kusanagi, el único objeto lo suficiente fuerte para destruir a Masashi.

El argumento es tan simple como este y se aferra al clásico esquema de encontrarse enemigos que superar. Este sistema funciona en mangas japoneses que pueden extenderse hasta el infinito y da tiempo a desarrollar un equipo o a afirmar un poco el mundo. En una edición que sin duda se va a ver recortada por el mercado español, parece una elección bastante pobre.

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Por ese motivo, y a imitación de los mangakas japoneses que se sienten obligados a tener un comentarista que explique todo a sus lectores por si no ven el dibujo, nos encontraremos duelos que, por una vez, sí necesitan algo de explicación. Los diálogos siempre serán explicativos y en general el que tiene una voz menos definida es, irónicamente, Eisuke. A pesar de su personalidad pasota y enfurruñada, como no podía ser de otra forma, sus monólogos suenan extrañamente maduros y típicos de los escritores que narran en primera persona con palabras redundantes para dar más dramatismo a la obra.

Es difícil decir si esto se debe a la falta de espacio, a la falta de profundidad de personajes, a la mala narrativa o en general es un mix. Rin y Hashima se dedicarán a hacer de dueto cómico y Hashima, y Kentaro en particular, explicarnos cosas evidentes por si no nos hemos dado cuenta de que el protagonista es especial. Como si con ver expresiones de sorpresa o incredulidad entre los típicos comentaristas no fuera suficiente. Por lo demás, los diálogos se dividen entre ser pura exposición o tener expresiones tan manidas como “esto se pone interesante”.

En cuanto al arte… Hay estilos y estilos, pero es fácil distinguir cuándo algo no te gusta por el mismo (que puede pasar con los que tienen One Piece, Nana o JoJo’s Bizarre Adventure y serán gustos personales de cada uno) y cuándo algo resulta feo por la falta de mano hábil. En Shinto abundan mucho las faltas de profundidad en las caras, los malos perfiles, un grave problema con la anatomía de los personajes (en especial en los pechos femeninos, que sólo aparecen bien hechos cuando están al aire). Las expresiones exageradas se quedan en un limbo que no sabe si llegar a la caricatura o hacer algo más serio. Aunque los pocos fondos que salen, porque en general no hay nada y todo es plano, son bastante aceptables tienen en general un toque tosco y poco definido, como si no estuviera terminado.

En general los problemas anatómicos podrían ser pasables si se usaran bien las perspectivas, hubiera grandes planos o existiera cierta fluidez. También puede suceder como en Ataque a los Titanes, donde el arte es cuanto menos malo, pero al menos tiene una historia coherente, domina de forma magistral la tensión y es fluido. No es el caso de Shinto, una historia que ni siquiera nos presenta el mundo (hay magia, eso es evidente, y la inspiración es japonesa, pero encontramos laboratorios y pistolas) y solo podemos ir cogiendo de vez en cuando algún detalle.

La edición de Babylon no ayuda demasiado: las imágenes a veces aparecen un poco cortadas, hay muy poco espacio con el margen y en algunas partes cuesta distinguir si ha habido problemas con la tinta de impresión o si es cosa del dibujo del autor. La saturación de viñetas tampoco ayuda a facilitar la lectura. Lo único destacable es que las onomatopeyas están en japonés. A pesar de que la portada es decente y que incluye un marcapáginas y un recortable, además de comentarios de autor y borradores, el exterior no puede impedir que el trabajo interior resulte bastante deslucido.

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En fin, es inevitable hablar del flagrante machismo de esta historia. Salen pocas mujeres, la única que no está sexualizada es Reiko… ¡Hasta que, por algún motivo, reaparece con todo el protector roto y mostrando los senos! ¡Un golpe maestro de originalidad y dramatismo! Las demás son un constante punto de fuga para atraer al lector adolescente masculino. Porque ya sabemos que a ningún niño le gusta que pongan a mujeres inteligentes y Riera en personal se regodea en recordarnos que Rin es una inútil que solo hace el tonto y se desnuda… porque sí. Ni los personajes saben por qué lo hace. A eso se le llama crear un buen personaje, sí señor.

El fanservice tiende a incluirse en obras que en teoría no tienen contenido sexual y sí mucha mediocridad para compensar la ausencia de buenos personajes o de historia. Shinto cumple punto por punto estas exigencias, hasta el extremo de que ningún personaje femenino tiene un pasado definido y solo son compañeras o están ahí para admirar a los hombres o mueren para ellos… ¡O ser malas con complejo de no llevar nada que les proteja el cuerpo porque sí, al contrario que los hombres! ¡Y por si no nos damos cuenta, los planos serán desde abajo o muy centrados en el pecho! Da gusto leer a autores que restan toda dignidad posible a sus personajes femeninos sólo porque así creen que van a vender algo más.

En definitiva, Shinto acaba siendo un manga mediocre, que tiene mal ritmo, una historia que hemos leído mil veces, machista, sexualizador y que no ofrece nada nuevo.

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Lo mejor
  • Es una versión aguada de Naruto
  • Algunos fondos son interesantes
Lo peor
  • Sexualización
  • Machismo
  • Dibujo mediocre
  • Falta de contexto



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