Reseña: ‘El verano de Coo’

A veces hay que descansar antes de seguir adelante... y cambiar

En 2007 se estrenó, de mano de Keiichi Hara (Colorful, Miss Hokusai), El verano de Coo (河童のクゥと夏休み/Kappa no Kū to Natsuyasumi). En su momento me causó una gran impresión y, hasta cierto punto, me sentí traicionada. Porque es una película preciosa, que hasta cierto punto puede recordar a Mi vecino Totoro: se basa en la relación entre un niño y una criatura mitológica que debería ser inquietante pero es adorable y representante de la naturaleza que el ser humano debería proteger. Pero Hara, en concreto, y de una forma mucho más directa que Miyazaki, te dice que hay que madurar y que las cosas cambian. Eso a muchos niños no les hace gracia. A mi al menos no me la hizo. Ahora he vuelto a verla y ha sido un placer poder contrastar visiones y apreciar mejor el mensaje que Hara lanza a los espectadores.

Con esto no quiero decir que un niño no pueda disfrutar de una película, al contrario. Simplemente que hay cosas que disfrutamos más como adultos. El verano de Coo es una historia sobre niños pequeños muy diferentes, pero tiene un enfoque muy maduro que habla de la sociedad japonesa y de los adultos y también hace pensar sobre en qué clase de persona queremos convertirnos en el futuro.

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Para ponernos en contexto, el protagonista de la historia es Coo, un niño kappa que en la era Edo perdió a su padre a manos de un samurai. Por culpa de un terremoto quedó atrapado en la tierra y «fosilizado» hasta que un niño de la actualidad, llamado Koichi, lo desentierra y lo sumerge en agua, revitalizándolo. Desde ese momento tendrá que vivir con la curiosa familia que le ha tocado en gracia y buscar si quedan más kappas en un mundo industrializado y super poblado por humanos. Todo mientras Koichi se enfrenta a los problemas de las envidias de sus amigos y del primer amor.

A lo largo de la cinta encontraremos temas dolorosos. Uno de ellos es la injusticia. El mundo, más allá de las paredes de la vivienda de los Uehara, es injusto. Y a veces no hay nada que se pueda hacer para evitarlo, excepto soportarlo y tratar de empezar de nuevo más tarde. Este aspecto más maduro se representa a la perfección con Coo y también con la chica que le gusta a Koichi, Sayoko. Ambos son obligados a crecer antes de tiempo por sus circunstancias y resultan extraños, casi disonantes, por su serenidad. Pero siguen siendo niños que necesitan apoyo y comprensión.

De la misma forma, podríamos hablar del abuso en sus distintas formas verbales, físicas (los niños pueden ser muy matones pero ¿qué hay de cuando un adulto coge a un niño para fotografiar algo que lleva? ¿O de vecinos que te persiguen para ver a tu kappa y te insultan porque no les dejas echar un vistazo?) y de la falta de intimidad. ¿Hasta dónde se pueden vulnerar los derechos de una criatura, humana o no, que siente y padece solo para satisfacer el ego de los agresores? Lo cierto es que los humanos, quitando a Sayoko y la familia Uehara, no salen muy favorecidos en esta historia:

Uno pensaría que situar a un kappa en la actualidad derivaría en una suerte de película al estilo E.T. el extraterrestre, con los científicos persiguiéndolo y el gobierno acordonando la zona. No es el caso. La sociedad japonesa acepta con bastante sencillez su existencia, igual que la familia de Koichi. Si bien la madre y la hermana de Koichi al principio no quieren a Coo en casa —al contrario que el padre—, pronto se acostumbran a su presencia, a su forma educada y respetuosa de hablar y lo integran en la familia. Lo normalizan. Porque los humanos se apropian de todo y lo adaptan a su forma de ser. Así pasa con toda la tierra donde vivían los kappas, así va pasando poco a poco con Coo, que se convierte en una suerte de hermano pequeño al que quieren y protegen. Eso es lo que se supone que debería pasar con los tokiotas cuando averiguan que hay un kappa vivo. Lo convierten en un mono de feria al que quieren ver y fotografiar, pero del que recelan y sospechan. Al final, su miedo y sus prejuicios pueden causar tanto daño como al principio de la película y nos queda claro que los humanos no han cambiado mucho desde la era Edo.

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Lo peor es que lo dramático no es tanto cómo trata el mundo a Coo, sino que es todo muy frío y distante. Porque lo reducen a un mero objeto que promocionar o usar. Como se dice en cierta parte de la película, que «lo raro llama la atención, pero pronto la gente se aburrirá de ello». Pero, hasta entonces, la gente lo quiere como excepción en su vida durante diez minutos y no le importará molestar o ignorar sus sentimientos más desgarradores con tal de obtener una instantánea. Y luego le ignorará.

Lo cierto es que uno no puede menos que preguntarse qué puede hacer Coo. Es un extranjero, no puede ir por la calle solo sin que lo persigan con cámaras y lo asfixien con la distancia que supone un móvil haciendo fotos. Los momentos más bellos de la película son los íntimos que tiene Coo con su familia, alejados de la hipocresía de los humanos en general. Gracias a estos momentos privados, vemos que Coo, aunque es un niño inocente, curioso y responsable, tiene una vena de formalidad que nos extraña y desconcierta. Porque, al final, no es un humano.

Y eso está bien.

En cuanto a trama, lo cierto es que aunque tiene grandes mensajes, como que aunque maduremos, no tenemos por qué hacer cortes brutales en nuestras relaciones; que siempre hay que intentar vivir de acuerdo a lo que somos. Y que, igual que cuando Coo salta por primera vez al mar, incluso si algo escuece, no tiene por qué ser malo.

Por desgacia, también peca de abrir ciertos hilos y no cerrarlos. No es un gran error, porque no son importante

s a nivel general y no afectan al desarrollo, pero ya que se usan tendría que darse una explicación, puesto que Coo parece no saber de dónde vienen. El nacimiento de los poderes de Coo parece salido de la nada y que no tenga más motivo que asustar a los humanos y hacer la escena todavía más dramática. También es posible que como occidental no termine de comprenderlo. Pero siento que son elementos que se descuelgan un poco cuando te paras a pensarlo. Luego hay otros detalles que desconcertarán a los espectadores españoles, como la libertad que se da a Koichi para investigar la localización de los kappas, hasta el punto de viajar a otra provincia solo cuando no tiene ni 12 años. Sinceramente me rompió bastante la suspensión de la incredulidad, porque incluso quienes cenan con Koichi comentan que es algo excepcional.

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La película tiene una calidad artística maravillosa, excepto en dos momentos donde el dibujo parece de una mala serie de anime de bajo presupuesto, cosa que todavía no consigo comprender. Pero a nivel general, sentarse a disfrutar de los paisajes, del movimiento de los personajes o de las divertidas interacciones entre Koichi y Coo, el gran personaje que es el perro Ossan, y los momentos familiares que a todos nos resultarán familiares de una forma u otra, es un placer. Se nota amor en prácticamente cada imagen. Le acompaña una banda sonora más que decente que resuena en sus momentos más importantes, como el juego en el río o el final.

Sobre la localización, es bastante decente y en general Selecta Visión ha hecho un buen trabajo doblando a los personajes. Sin embargo, algunas voces quedan tremendamente forzadas, como poner a un adulto a doblar a Koichi (de verdad, ¿por qué cuesta tanto poner a una mujer o una voz más creíble? Ningún niño tiene esa voz) y es casi imposible conseguir que Coo quede tan impresionante como en japonés. Es cierto que es una película con costumbres, silencios y expresiones que a se nos escapan, al menos a quienes no estemos acostumbrados a ver en su versión original, pero en ocasiones como esta merece la pena. Porque no es una película muy internacional o, al menos, no tiene un comportamiento más fácil de adaptar como puede darse con muchas películas del Studio Ghibli, y parte de su belleza es ver lo que ocurre como lo planearon en japonés.

En general todos estos «errores» se pueden ignorar a favor de los mensajes y del ritmo de la película, fluido y agradable. Es difícil no acabar cogiendo cariño a la familia, incluso a la hermanita pequeña, y llorar con sus desgracias o desear que puedan seguir juntos, que el verano sea eterno.

No lo es, pero siempre nos dejará un maravilloso recuerdo.

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Lo mejor
  • Gran calidad en términos de animación
  • Mensajes profundos y bien presentados
  • Buenos personajes
Lo peor
  • Bajón de calidad momentáneo
  • La voz de Koichi desentona mucho
  • Algún que otro argumento que no se termina de cerrar



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