Reseña: ‘Trinity Blood’ #2, “en la misma línea, pero más suave”

O de cómo Tres salva siempre a Abel y Esther

Las aventuras de la joven monja Esther y los padres Abel y Tres continúan en el segundo tomo de Trinity Blood. Si en el anterior tuvimos una historia completa, centrada alrededor del marqués Gyula Kadar, en esta ocasión veremos un poco más del mundo de los humanos amenazados por los vampiros con historias cortas mientras los protagonistas viajan hacia Roma.

A veces es difícil separar el relleno de lo que es necesario para conocer a los personajes. En este se mezclan ambos casos de una forma que resulta un poco incómoda. Todas las historias están enfocadas a mostrarnos que Abel es un doctor Jekyll y Mr. Hyde; por una parte tontorrón, adorable y un poco pelma y por otra una suerte de santo destructor. También a recordarnos que, aunque ahora Esther sea un poco inútil, en el futuro servirá de ayuda. En el futuro. Entre tanto se explota su papel de damisela en apuros que se acerca pero no a Abel y a Tres y es muy, muy agotador. Hay referencias constantes a lo bonita que es y a que los hombres quieren violarla —en un capítulo hasta la medio desnudan— y casi siento que la autora nos esté recordando que debemos querer a Esther porque es pequeñita, valiente y muy mona. Y las cosas no funcionan así.

No solo eso, sino que la repetición, aparte de cansina, hace que se pierda el impacto emocional. Los enemigos aparecen muy poco o no tienen realmente historia y es difícil encariñarse de un matusalén, por dramática que sea su historia, cuando se nos muestra ante todo su faceta asesina, violadora o «mafiosa». Los hay que tienen dignidad, sí, pero eso no excusa sus actos y es difícil verlos como seres humanos. Algo similar pasa con personajes como Etoile que… ¿para qué se incluyen…? No son necesarios y tampoco tienen espacio para desarrollarse. En ese aspecto sí son relleno, y los datos que nos dan —el comercio de pastillas de sangre o que los vampiros trafican con ocio— se podrían haber contado en cualquier otro momento en dos líneas. La idea de que los vampiros odian que les llamen «monstruos» ya se dio en su momento. Así que, a grandes rasgos, sí. Este tomo es relleno.

El gran problema, sin embargo, y espero equivocarme, es el tipo de matusalenes que se presentan. Una sirena, un hada… ¿Son elementos que se pretenden recuperar después? Porque parecen demasiado extraños en comparación con lo que se ha mostrado hasta ahora.

Por otro lado, se presentan a diferentes personajes de Vaticano, coloridos y curiosos. El padre León García de Asturias, tan morenazo que parece salido más bien de Andalucía, es un estereotipo ligón y algo perezoso, pero en principio no demasiado agresivo… Al menos no con las mujeres. Así mismo, el Profesor no podía ser otra cosa que inglés, pero siempre es divertido encontrarse a científicos locos. Es de esperar que vuelvan a salir y tengan mucho que ofrecer.

En particular el Profesor quizás tenga una relación estrecha con Tres; su capítulo sí ha servido, al menos, para formar un vínculo emocional con el robot. Incluso si él nos recuerda que no tiene sentimientos, es difícil no compadecerlo o desear que no salga herido de las batallas. Puede que sea en gran medida gracias a los personajes que le rodean, que lo ven como un humano, que este tomo no sea algo que recomendaría saltarse. Y por las gracias que la misma mangaka promueve entre Abel y Tres, claro. Como si la historia no fuera ambigua de por sí.

Y hacia el final vemos por fin más personajes femeninos no sexualizados y que parecen tener mucho poder: la cardenal Caterina Sforza, claramente sacada de la figura histórica, y la hermana Kate. Sin duda tienen mucho que ofrecer.

En cuanto a la calidad de este tomo, no es destacable. Las hojas se comen parte de los diálogos y en ocasiones la traducción de Tres vacila entre la impersonal de un robot y expresiones hechas desconcertantes: «voy tirando, no estoy para perder el tiempo». A ello no ayuda algún que otro diálogo descolocado. En fin, el diseño caótico no ha mejorado desde el primer tomo y sigue resultando muy difícil distinguir lo que sucede en las escenas de acción. Eso no evita que, a pesar de las extrañas elecciones de postura, el estilo siga siendo hasta cierto punto elegante y bonito. No puedo esperar a ver cómo mejora con el tiempo.

En definitiva, el segundo tomo de Trinity Blood no ofrece mucho, excepto algunas curiosidades, pero se deja leer. Aun así, probablemente habría sido mejor elección saltar a la llegada a Roma antes.

Lo mejor
  • Nuevos personajes del Vaticano
  • El diseño sigue siendo bonito, aunque extraño
  • Esther da visos de poder mejorar en el futuro
Lo peor
  • Mucho relleno
  • Edición mediocre
  • Repetitivo



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