Reseña: ‘Vaiana’

La búsqueda de uno mismo y el valor de la familia

Quien me conozca sabe que mi visita al cine para ver Vaiana era obligada. Llevo a Disney bajo el brazo desde que tengo razón de ser, y no es de extrañar que haya disfrutado con (casi) todos sus filmes cinematográficos. Me siento afortunada de haber nacido y crecido en la adorada década de los noventa (aclamada por propios y extraños como el Renacimiento Disney), cuando la compañía sacó a la luz clásicos inolvidables como La Bella y la Bestia o El Rey León, hasta día de hoy dos de mis obras favoritas. Sin embargo, siempre le he sido fiel al estudio, incluso en las épocas más difíciles. Allá por el año 2000 yo seguía riéndome y emocionándome con títulos como Lilo y Stitch, Atlantis: El Imperio Perdido, El Emperador y sus Locuras, o incluso la desapercibida Hermano Oso. Hacía todo lo posible por conseguir que mis padres me alquilaran al menos una o dos pelis los fines de semana en el videoclub que había enfrente de mi casa y ellos cedían con tal de no aguantar una de mis poderosas pataletas por falta de filmes Disney.

Sin embargo, no todo fue bien en aquellos años para la compañía, en lo visible cuando llegaron títulos como Zafarrancho en el rancho, Chicken Little o Salvaje. Historias que decepcionaban y apenas llegaban a transmitir valores característicos de la casa de Mickey Mouse. ¿Qué le estaba pasando al estudio? ¿Cómo era posible que cayera en picado de aquella forma, tras una larga lista de éxitos y una fórmula perfecta para todos los públicos?

Albergué algo de esperanza tras arriesgarme con Tiana y el Sapo en el cine, en el año 2009. Y volví a sentir algo, incluso más fuerte, que con las anteriormente mencionadas. ¿El motivo? Su protagonista. Tiana no era una princesa. Era una mujer trabajadora, independiente y valiente que estaba dispuesta a tener dos trabajos de camarera con tal de cumplir el sueño que compartía con su padre y abrir su propio restaurante. Unos valores que quizás con cinco o diez años no habría comprendido. Sin embargo, por aquellos años puramente universitarios y cargados de momentos duros en lo profesional y lo personal, Disney logró dar con la tecla. Y tras aquello y el éxito rotundo de Enredados, le siguieron obras como Big Hero 6, Frozen: El Reino de Hielo o la aclamada Zootrópolis, una cinta que consiguió impresionar a la prensa y a la crítica por tratar un tema tan delicado de la actualidad de la forma más original posible.

Pero hoy no vengo a hablar de ella; eso lo dejaré para otro día. Antes de que vuelva a irme por las ramas, abro mi cuenta de Spotify y comienzo a escuchar la banda sonora de Vaiana mientras escribo mi más sincera opinión acerca de la última creación de los directores de La Sirenita y Aladdín, John Musker y Ron Clements.

Qué hay más allá… ¿quién soy yo?

Uno de los temas que más disfruto en una película de la factoría Disney, aparte del “romance” (¿qué? Seguro que no soy la única que se enamoró de un león a los seis años) y el musical que la rodea, es la búsqueda, crecimiento y realización interior del protagonista. Es por ello que otro de mis filmes favoritos de Disney es El Planeta del Tesoro. Jim no tiene que salvar a ninguna princesa, sino a sí mismo a través de un viaje lleno de peligros y encontrar, así, su propio camino en la vida. Tras conocer un poco de la sinopsis de Vaiana y descubrir que la dirección corría a cargo de quienes adaptaron la obra de Robert Louis Stevenson o construyeron el personaje de Tiana, supe que ya tenía motivos más que suficientes para saber que iba a disfrutarla.

La historia nos cuenta el viaje interior de Vaiana, una nativa de las islas del Pacífico de hace dos mil años. Hija del jefe de su tribu, siempre ha sentido curiosidad por saber qué hay más allá del arrecife que separa su hogar del inmenso océano. Un día se da cuenta de que su destino se encuentra al otro lado, y decide iniciar un viaje que le llevará hasta Maui, un semidiós canalla a quien debe convencer para que la guíe y la ayude a salvar a su pueblo de una terrible amenaza que comienza a asolar sus tierras.

Uno de los puntos a favor de nuestra nueva princesa es, efectivamente, dicha condición como hija del jefe. No hay ningún tipo de interés romántico en la historia, ni siquiera está obligada a casarse con el futuro jefe de la tribu. No. Ella es la futura soberana, y como tal, aprende desde pequeña las costumbres y tradiciones de su pueblo, iniciándose con las más simples y modestas. Camina junto al pueblo, se hace querer y desea lo mejor para todos, aunque su corazón la guíe siempre hacia las aguas.

Llega un momento en el que Vaiana, a pesar de soñar con cruzar el mar, madura y escucha con atención las palabras de su padre. La joven ama a su gente, a su familia y comienza a tomarse más en serio sus deberes como sucesora del jefe de la tribu, aunque con una espina clavada en el pecho ante la incertidumbre de preguntarse si hay algo más allá que no es capaz de ver, que la hace sentirse incompleta.

Vaiana es un personaje muy cercano que atrapa al espectador. No sólo es divertida, sino que, además, es valiente y de armas tomar. No se queda de brazos cruzados esperando que alguien la salve. Corre, salta, golpea. Demuestra de lo que es capaz a lo largo de todo el filme, con o sin ayuda adicional. Aunque hay que destacar cierto deux ex machina en la segunda mitad de la película, durante el resto de la cinta Vaiana demuestra que se vale por sí misma.

¡Ojo! No estoy diciendo que Vaiana sea el primer modelo del feminismo en Disney, ni muchísimo menos. Tenemos ejemplos conocidos como Mulán, o más desapercibidos por el público más amplio como Tiana o Nani, la hermana de Lilo. Sólo recalco que es bueno saber que Disney, a pesar de seguir usando la fórmula del príncipe y la princesa en clásicos más recientes, también siga por el camino de historias de chicas (o chicos) que no necesiten una pareja para tener un final feliz.

Unos secundarios que funcionan… y otros que no

Disney es conocido por sus secundarios. Carismáticos, divertidos. Aportan humor, pero algunos de ellos, los más importantes, también dan lecciones de vida o son personajes que necesitan de la ayuda del protagonista para encontrar, a la par, su propio camino.

Vaiana conoce en su viaje a Maui, un semidiós cetrino y egoísta que parece que sólo le importa él y su imagen como poderosa deidad ante los humanos. Con la voz original de Dwayne Johnson y la de Mark Ullod en España, este personaje consigue llamar por completo la atención del espectador con una canción divertida y colorida que, no nos engañemos, nos recuerda al Genio de la lámpara en su viva y divertida actuación demostrando a Aladdín lo que es capaz de hacer con sus poderes cósmicos. Con el aditivo de sus tatuajes vivientes, el diseño de este secundario y su papel en la historia junto a una personalidad fresca, lo hacen un personaje imprescindible en la aventura. Y es que, a pesar de que él es la deidad, el ser poderoso de la historia, Vaiana tiene que sacarlo de más de un aprieto, hasta tal punto que él comienza a verla con otros ojos. Y no en el sentido romántico de la palabra.

Y no sólo eso. Maui es un personaje muy vulnerable que puede ser herido y que busca, además, la aceptación de los demás. Su historia llega a calar en lo más hondo del espectador y demuestra que tiene deseos puramente humanos con los que sentirse identificados.

Ahora bien, el problema de los secundarios de esta película reside en los animales, esos pequeños imprescindibles en toda película de la factoría Disney. En resumen: uno de más, uno de menos. Mientras que el pequeño cerdito Pua, adorable sin duda, sólo aparece en la primera media hora de la película y el espectador se queda con ganas de saber más de él, el gallo Hei Hei se come la pantalla durante el resto de la misma… haciendo en todos sus planos exactamente lo mismo, un chiste que se recicla una y otra vez, en un círculo vicioso y repetitivo, hasta tal punto que acabas odiando al personaje con todo tu ser y te preguntas el por qué decidieron darle tanto protagonismo.

Es más, el océano ya de por sí era un secundario aceptable que cumplía con la función de divertir al público con sus bromas a Maui y la ayuda que le otorga a Vaiana a lo largo del filme. Igualmente, personajes como los Kakamora o Tamatoa, de quienes no quiero hablar en esta reseña para evitar destripar parte de la trama, cumplen también con su papel sin necesidad de reciclar y abusar de un recurso humorístico.

Repito, a alguien debió gustarle mucho la broma del gallo y su característico chiste, pues, según mis informes, la personalidad de Hei Hei era completamente diferente antes de decidirse por ésta… ¿cuál habría sido, pues?

El valor de los seres queridos

La familia de Vaiana, por otro lado, está muy bien estructurada y seguro que más de un espectador se sentirá identificado al relacionar los pensamientos de su padre, la amabilidad de su madre o las locuras de su abuela con rasgos de nuestros propios seres queridos. Y no sólo eso. Todo el pueblo entrega una parte de su ser a Vaiana en cada una de las primeras secuencias del filme. Aprendiendo a tejer cestas, a recoger cocos o a bailar las danzas tradicionales, la joven recibe el cariño de los suyos y desea entregarlo a cambio.

El padre representa el deber, el pensar con la cabeza con decisiones propias de un jefe. Por otro lado, su abuela, madre de éste, se considera la loca del pueblo por su actitud y su extraña pasión por el mar. Alegre, divertida y activa, enseña a Vaiana desde pequeña el valor de ver más allá y hacer caso a su corazón. Y a pesar de que la madre de Vaiana es un mero intermedio entre ambos polos opuestos, no pasa tampoco desapercibida en momentos clave e importantes para la joven, para entender o aceptar los sentimientos de uno y otro.

A lo largo de su viaje, Vaiana conoce la otra faceta del semidiós Maui. Comienza a surgir una bonita amistad entre ellos, con la cual aprenden a solventar los problemas que los atormentan gracias al apoyo mutuo. Hay momentos divertidos, momentos tristes, momentos tiernos. Como dos hermanos que se pelean, también se comprenden y acaban descubriendo lo bueno que hay en cada uno de ellos. Y es ese, precisamente, uno de los valores más preciados que aporta Disney a día de hoy y que sigue otorgándonos escenas tan entrañables e inolvidables.

Animación que roza lo real

Tras hablar de la narrativa y de los personajes, cabe comentar con especial importancia la animación de la película. Y es que el fotorrealismo conseguido en el filme es precioso y digno de mención. No sólo el movimiento de las olas o la textura de la arena, o esos paisajes terrestres o marinos llenos de color y vida, desde los más realistas hasta los más extravagantes como el mostrado con el mundo de los monstruos o los fantásticos presentados con los espíritus antepasados de Vaiana, sin olvidarnos de la combinación de dibujo tradicional con animación por ordenador usada en cierto momento del filme y los movimientos de los tatuajes de Maui.

Hablamos ya de la anatomía de los personajes, haciendo mención especial a ese pelo tan precioso que se adapta a cualquier situación del filme, tanto seco como mojado. Si se prescindiera del estilo caricatura de los rostros de los personajes, podría pasar por cabello real.

Tampoco es la primera vez que Disney construye unas proporciones diferentes a las usualmente elegidas y “apropiadas” para el cuerpo de una princesa. Pero, como dije anteriormente, bien es de agradecer que hayan pensado en el realismo del cuerpo humano. Y, aunque existen proporciones gigantescas establecidas en los cuerpos masculinos, como la del semidiós Maui o la del padre de la protagonista, tanto en las escenas del pueblo de Vaiana como en los recuerdos de sus antepasados nos encontramos con cuerpos dispares y variados: mujeres más esbeltas, más rellenitas, más ancianas o más delgadas. Los hombres también cumplen con la regla y hasta los más pequeños de la aldea se diferencian por matices notorias, por lo que existe un equilibrio realista y para nada discriminatorio.

La música, un imprescindible

Por último, no podía faltar una banda sonora que reflejara el crecimiento interior de Vaiana junto a los demás sentimientos y situaciones presentadas en la gran pantalla. Qué hay más allá (How Far I’ll Go), interpretado por  Auli’i Cravalho en su versión original y por María Parrado en España, aparece en varias ocasiones a lo largo del filme con el propósito de mostrar, poco a poco, como Vaiana va comprendiendo cuál es su destino, uno que le otorga sabiduría para su futuro liderazgo y que, además, no le hace renunciar a quien es en realidad. Hay canciones bastante pegadizas durante todo el transcurso de la película, como De Nada (You’re Welcome) o Brillante (Shiny), tan frescas y divertidas como lo son sus voces cantantes.

Aquí está (Where You Are) nos muestra a través de las palabras del padre de Vaiana y el pueblo entero las antiguas costumbres y tradiciones de las islas, y Un nuevo hogar (We Know The Way) la trepidante travesía de los antiguos navegantes del Pacífico. Sin olvidarnos tampoco de esos temas puramente instrumentales con voces que narran en el idioma original de estas tierras sentimientos en momentos importantes de la película, como An Innocent Warrior o la tan reconocida Logo Te Pate, un canto tribal al trabajo en equipo y al esfuerzo en conseguir lo que uno desea -y sí, he buscado la traducción-. Todo producto de la colaboración de Opetaia Foa’i, cantante de Te Vaka, grupo reconocido de Oceanía y el Pacífico, de Mark Mancina, compositor del querido clásico Tarzán y el letrista Lin-Manuel Miranda, responsable de Hamilton, un gran éxito de Broadway.

Desearía también mencionar el doblaje de España. Si bien en mi opinión la mayor parte de las voces están bien escogidas -sigo teniendo sentimientos encontrados con la elección para las voces de las princesas Disney desde los tiempos de Tiana-, la adaptación de los temas musicales no llegan a convencerme del todo. Aunque todo sea dicho, para gustos los colores, ¡que yo igualmente las sigo cantando como una cría!

Cumple con lo prometido y más

Vaiana es uno de esos clásicos de un viaje plagado de peligros y aventuras que cumplen con los valores incautados por Walt Disney desde sus comienzos, pero da un paso más allá en estos tiempos que corren. El filme intenta hacer llegar al espectador un mensaje ecologista en pos de salvar la naturaleza, y otro familiar que le da especial importancia a la importancia de cumplir con nuestro deber sin olvidar nunca quienes somos y a las personas que amamos. Junto a una protagonista valiente e independiente que apoya la igualdad de género y la búsqueda de la felicidad a través de otros caminos diferentes al de comer perdices junto a una pareja, Vaiana se convierte en un imprescindible de los estudios de Walt Disney Animation para toda la familia. Sin duda alguna, tanto grandes como pequeños disfrutarán de esta gran aventura ambientada hace dos mil años en el Océano Pacífico.

¡Qué puedo decir, sólo de nada! ¡Por la reseña, el mar y el sol…!

Vaiana
Lo mejor
  • El crecimiento interior de Vaiana y su personalidad logra llegar al espectador
  • Mensaje puramente ecologista y feminista
  • Diseño de los personajes igualitario
  • Fotorrealismo increíble de elementos de la naturaleza, paisajes y cabellos
  • La banda sonora es una delicia
Lo peor
  • La historia es un clásico narrativo que puede no sorprender al público más exigente
  • Existe cierto desequilibrio entre la aparición de varios secundarios
  • El chiste del pollo Hei Hei se hace repetitivo y llega a cansar



  • Yer

    La historia no deja de ser el clásico “viaje del héroe” que tantas veces hemos visto, y lo que me duele de Vaiana es que no se molesta en innovar en su narrativa. Sí, está MUY bien el hecho de que no haya componente romántico ni que no necesite a nadie y se baste sola. Eso lo aplaudo, pero la película es… predecible. Musicalmente, distan mucho de otras de la compañía, y a mí parecer sólo tiene dos temas que destaquen: You’re welcome y How far I’ll Go. El resto me han resultado olvidables.
    Me ha entretenido, visualmente es preciosa y los peques la gozarán pero queda lejos de la grandiosidad.

    • espeyuna

      Sí que es cierto que la narrativa es predecible, salvo algún giro inesperado que me cogió desprevenida en el cine. Quizás he exaltado el guión de la película por tratar bastante bien la igualdad de género y el concepto de heroína, viniendo de un estudio que ha destacado en sus tiempos por la regla narrativa de que las princesas han necesitado ser rescatadas en todo momento por el héroe.
      Sobre las canciones, estoy de acuerdo en que esas dos destacan por encima de las demás, aunque el tema instrumental Logo Te Pate no me parece para nada olvidable. Igualmente, esa es mi opinión personal, y puede distar poco o mucho de la de los lectores. ¡Muchísimas gracias por el comentario! ;)