Reseña: ‘En la misma clase’ #2, tropezando en el camino hacia la madurez

A veces los más maduros son los personajes que menos esperamos.
En la misma clase - Tomodomo

En la misma clase 2 retoma bastantes ideas del tomo anterior sobre la envidia, la madurez y añade el deseo sexual, ahora que ya se ha asentado con tranquilidad la idea de que los personajes son homosexuales y están bien con ello. Ahora… ¿es una buena idea ir por ciertos derroteros?

Antes de entrar en ello, cabe comentar que Nakamura tiene un estilo minimalista, divertido y directo, que te sigue sacando sonrisas con buena parte de sus historias. Las miradas asesinas, las peleas tontas, los gestos dulces, el aprender a respetar el espacio de la otra persona y a abrirse al mismo tiempo a tu pareja. Sajô y Kusakabe todavía siguen aprendiendo lo que es una relación y resulta ameno y encantador leer sus pequeñas aventuras del día a día. Pero como tiene que pasar en un segundo tomo, ya no estamos en fase de presentación, sino de desarrollo. Así que damos un salto adelante y empezamos a hablar de temas más fuertes

Como el sexo.

¿Hasta qué punto se nos enseña que una relación importa porque culmina con sexo? El manga no explora demasiado esta idea pero se puede ver en la insistencia de Kusakabe por pasar una noche en un hotel y, a la vez, su respeto por las reticencias de Sajô. El sexo equivale a madurez, al menos en nuestra sociedad, pero nuestros personajes (incluido el profesor Hara, como veremos en nada) siguen siendo niños… por mucho que el dibuje empuje a pensar lo contrario.

A veces, intentar ser adulto es demasiado y, además, estúpido. Más si eres un crío que intenta abarcar responsabilidades que no lo convienen. Ahí donde Kusakabe parece el más infantil de todos, en realidad aprende a respetar las necesidades de Sajô, que se carga sobre los hombros el cuidar de una madre enferma cuando tendría que confiar más en los demás. La verdad es que reconozco que esperaba que Sajô siguiera hasta desmayarse, muy a lo cliché de manga/anime, pero en cambio le echa a su madre en cara que perdone por todo a su padre y de él espere que pueda comportarse como un adulto (aunque también ha sido su decisión). Esos momentos de rencor, de decir la verdad en personajes tan cerrados como Sajô, hablan de una buena narrativa.

También, aunque Nakamura cae en algunos clichés como las relaciones forzosas de Hara, juega con sus lectores al meter a Tani y dar la impresión de que va a ser el tercero de una relación que sabemos que solo es de Kusakabe y Sajô. La resolución es divertida, aunque se veía venir. Y aun así espero que salga más.

Pero, seriamente, incluso si el enfoque del sexo entre los protagonistas es respetuoso, cuesta ver el papel de Hara que sí es el tercero en discordia y sabe bien, como dice él mismo, que no tiene lugar con Sajô. Entonces ¿por qué se insiste tanto? Porque no es solo con los protagonistas. En este tomo nos muestran que Hara conoció a un profesor que buscó acercarse a él. Uno podría pensar que Hara solo repite lo que le hicieron con otro alumno dolorosamente similar a ese profesor. Sin embargo, fue Hara quien buscó la relación con su sensei y luego tuvo que renunciar a ella y «comportarse como un adulto». Su aspecto, sin duda, lo es. Pero su obsesión infantil y cómo se rebaja una y otra vez al nivel de adolescentes resulta desconcertante y hasta un poco forzado. Además, resulta tóxico, porque la historia nos empuja a sentir lástima por él (y a veces lo consigue). En realidad deberíamos llevarlo a la cárcel por acosar a un adolescente.

Luego hay temas complejos de tratar y que no creo que salgan muy bien parados en este manga, como la típica relación entre los celos del personaje pasivo con una mujer (y además con una mujer en el aspecto negativo) o que Kusakabe sea femenino por gustarle la moda, teñirse o rizarse el pelo. Al menos Kusakabe no parece tener problema con esto último así que un pequeño respiro sí que tenemos.

Quitando esto, con todo, sigue siendo una lectura disfrutable y encantadora. La traducción y localización de Tomodomo sigue siendo maravillosa y la portada y calidad son un gustazo. Incluso con sus pequeños males, En la misma clase sigue siendo un manga que merece la pena leer.

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.

Lo mejor
  • Creciente respeto entre la pareja
  • Los intentos por madurar de ambos
  • Tani
Lo peor
  • El empleo del acoso sexual
  • La romantización del acoso



  • Rivka Ociosa

    Me encantó este manga :) A pesar de lo novedoso que es en algunas cosas, es inevitable que no caiga en algún tópico, pero bueno… se lo perdono jajaja. Aunque a Hara le daría más de una colleja si pudiera.
    No sé si analizarás el manga de “Sorano y Hara” que se basa totalmente en el profesor y en cómo ve él la vida, pero es recomendable para entenderlo un poco más (aunque sigue igual de pervertido ¬¬).

    Buena reseña, como siempre ^^

    • Suzume

      Muchas gracias Rikva <3
      Pues… lo haré si me da el dinero(?) La verdad es que Hara no me cae mal, pero me desagrada mucho el papel que le han puesto y no me apetece mucho leer historias de pedófilos así que no sé… :SSS

“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.