Reseña: ‘Ad Mortem’ de Blanca Mira y Eduard Balust

Un mix que no termina de funcionar

Ad Mortem, con guion de Blanca Mira y dibujo de Eduard Balust, se publicó en 2016 de mano de Norma Editorial. Se trata de un tomo único ganador del concurso de la susodicha editorial que narra las aventuras de Sigurd Arakami hacia su conversión en nigromante y recorre un poco parte del globo durante las mismas.

Me gustaría decir que la historia es sencilla y, hasta cierto punto, así es. Hemos visto infinitas veces la trama del chico que pierde a su madre (¿qué mejor forma de empezar un manga que con una Mujer en la Nevera?) y va en búsqueda de su misterioso y poderoso padre. También hemos leído sobre el aprendizaje y la llegada al poder mediante extraordinarias habilidades que se consiguen tras un despertar. Ad Mortem peca de juntar todos los clichés del shonen manga, junto ideas muy sexistas (todas las mujeres que aparecen en la historia, menos la madre que muere a las dos páginas, están para insinuarse o ser el objeto sexual del protagonista), como pasa con otros mangas españoles como bien puede ser Shinto. No sé si es por admiración o simplemente con el objeto de atraer al público pero, en este caso, no parece ponerse de acuerdo entre si quiere tener su propio estilo o ser un manga shonen con elementos medio eróticos (por surete no llega a haber nada muy exagerado) machistas que llegan al punto de que el protagonista casi viole a una mujer y esta esté dispuesta a tener sexo con él porque es guapo.

La historia de Ad Mortem acumula demasiado y no tiene espacio para contarse. El principio es torpe, rápido y nunca aclara por qué es en un Japón que no vuelve a tener relevancia en la historia, igual que cierto personaje que sale para ayudar al protagonista y jamás regresa, excepto porque a los autores debe de gustarles la idea. Hay saltos ridículos que no permiten un buen desarrollo de personaje y al pasar de una organización a otra, cada vez lanzando más y más personajes que nunca se profundizan a la cara, el resultado es caótico. No hay respiro, solo explicación, explicación y más explicación. Al final los cadáveres casi no tienen papel, más desde el momento en que entran en juego los poderes de sangre y no hay lugar ni para peleas ni para resolver conflictos.

Algunos incluso están por estar, como la enfermedad de Sigurd que no juega apenas ningún papel. En especial el final es decepcionante y salido de la nada. ¿Cómo se pretende que se sienta algo por personajes que no hemos visto o conocido y que se nos presentan en la misma página?

Una lástima porque, sin ser un concepto nuevo (ya hemos visto a niños odiando a su padre desde Evangelion a FMA, organizaciones en la sombra como las de D.Gray-Man, pueblos que viven aparte al estilo vampiro en cualquier manga del mismo estilo, así como la Humanidad plantando cara a los enemigos en… todo, aunque en particular se nos puede venir a la mente Ataque a los Titanes) podría haber elegido una de las tantas historias que ha querido tratar y haber obtenido un resultado más decente.

En su lugar tenemos mil características que nunca se tocan. El hecho de que los nigromantes sean una especie aparte nunca tiene más papel que el justificar que Sigurd tiene, al estilo Contratista de Darker than Black, que satisfacer sí o sí una necesidad muy urgente relacionada con un pecado capital y que en su caso es la lujuria (heterosexual, al parecer) y que trata de justificar todo el fanservice con el inexistente sex appeal del protagonista.

Los diálogos son forzados y se acumulan demasiado porque deben explicar el mundo. La mayor parte del tiempo sólo están para darnos información, no fluyen y en ocasiones son… un poco antinaturales.

En cuanto a diseño, lo cierto es que es complicado. Los personajes son reconocibles aunque siempre recuerden a algo que ya hemos visto. No los hace únicos pero sí ha hecho un buen trabajo diferenciando a tantos como hay. Una lástima que la mayoría no tengan papel. Ciertamente las expresiones son rígidas, muchas de las batallas no tienen movimiento y las perspectivas a menudo se vuelven en contra del dibujante. Pero en general es un diseño bonito y agradable al ojo, en especial si se presta atención a los fondos que, en ocasiones, llegan a ser espectaculares.

La edición de Norma Editorial es elegante, prometedora, con algunas páginas a color muy atrayentes (y zombies en la cubierta que no se termina de comprender para qué están si luego salen en una página). El trabajo está muy bien conseguido y sin duda es uno de los elementos más elaborados del manga.