Reseña: ‘Un extraño a la orilla del mar’, y las palabras que lo cambian todo

Ahora que por fin estamos juntos...

Un extraño a la orilla del mar, de Kanna Kii, es una de esas historias normales pero que se te pueden quedar grabadas sin problemas durante mucho tiempo.

Lo que comenzó como un one shot se ha extendido a un tomo y, después, a una serie (Harukaze no Etranger) donde predomina el slice of life. Eso no quiere decir que deje de importar la relación romántica de los personajes, claro. Al fin y al cabo, son los protagonistas y la idea es seguirlos de cerca. Pero, más que su romance y la culminación de su tonteo, la historia busca contar el día a día y cómo se construye una relación. Kanna Kii presenta una trama como cualquier otra pero cuyos detalles y el cariño que desprenden sus escenas, así como la normalidad con la que se presenta, sin tirar por el melodramatismo o insistir en la idea de que estamos ante un amor supremo que romperá barreras, pone en el escenario a una serie de personajes adorables y humanos.

Shun es un joven que ha huido de casa, perseguido por su sexualidad, y que trata de publicar su primera novela. Mio acaba de perder a su madre —y su padre murió cuando era un niño— y pasa las tardes sentado en un banco delante de la casa de Shun, mirando al mar con aire ausente. No quiere volver a casa.

Lo que en otro manga habría empezado con alguna conversación cliché en este se desarrolla con más naturalidad, con malinterpretaciones —normales— y luego con buena voluntad y aclaraciones. Shun y Mio no están hechos el uno para el otro, pero el intento de Shun de consolar a Mio marca a este para el futuro.

Ciertamente, el manga tiene algunos fallos y se nota que no estaba planeado para un formato largo. Esto se soluciona poco a poco a medida que la trama se desenvuelve y deja espacio a la relación de los protagonistas. Kanna Kii parece consciente de los problemas que supone plasmar que un niño pasa años sin comunicarse con Shun y que, cuando regresa sigue enamorado, de él. Por ello plantea problemas, dudas y nada es perfecto. Pero, de todas formas, la historia es tan amable, tan «mona» y optimista que es difícil no comprender a ambas partes y saber que encontrarán la forma de solucionar todo tarde o temprano.

Olvídate de mí. ¿No ves que serías mucho más feliz con cualquier mujer?

Los que estén más metidos en temas LGTB+ sin duda arquearán la ceja cuando Mio afirme que no es homosexual ni le gustan los hombres (lo cual borra la posibilidad de que se trate de un bisexual). En realidad no se trata de algo imposible, porque podría ser demisexual y ya está, y se ve atraído por Shun como persona. Pero lo cierto es que Japón rehuye las etiquetas occidentales con fuerza, lo cual por una parte es positivo y por otra da lugar a muchas malinterpretaciones. Somos culturas diferentes. Pero que en Un extraño a la orilla del mar no solo aparezcan temas como rechazar el sexo, forzarse a una relación en la que la otra parte no corresponde —como sucede con Shun y su amiga de la infancia, Sakurako—, sin demonizar a nadie, y que todo deje secuelas, a la vez que se explora la inseguridad de los personajes ante un mundo que les da la espalda sin llegar a ser cruel, prueba que las intenciones son más que buenas. Y que tengamos una pareja femenina tratada con total tranquilidad también da gusto, la verdad. Ciertamente podría haber más detalles sobre el tema, pero se limita a presentar la actitud japonesa frente a la homosexualidad.

El diseño de Kanna Kii es precioso, no abusa de los fondos en blanco y siempre podremos entretenernos con detallitos pequeños. Es cierto que sus personajes no aparentan su edad —cuando me enteré de que Shun tiene 27 años hacia el final del tomo no me lo creí. Sigo sin creerlo— y que eso puede afectar un poco a la credibilidad. Pero en general es un problema que tienen muchos mangas y no dificulta la lectura.

En este manga no vais a encontrar clichés yaoi. Para empezar, tenemos un ambiente alejado del típico de los institutos, lo que permite a la larga explorar temas de la vida adulta y justificar mejor la ausencia (o inexistencia) de los padres, cosa que no sucede tanto con En la misma clase. En cambio, el tono más slice of life sí que podría acercarse a Puedo oír el sol.

Ya sabes que me gustan las chicas. Y a pesar de todo… me he enamorado de ti, Shun. Así que no te preocupes.

Las escenas que llevan lentamente hacia la cama no se enfocan en la sexualidad, sino en las sensaciones de los personajes y en por qué se dan estas situaciones. Mio quiere demostrar que quiere a Shun. Shun sabe que Mio no está preparado para tener sexo. El rol de uke o seme no existe y cada uno tiene más control en una situación u otra dependiendo de dónde se sientan más cómodos. Es más, el sexo es algo puntual, no el centro de la relación ni el culmen del amor. E incluso se siente en parte forzado porque, y se nota, cierto personaje solo lo hace por cumplir. Pero ya ese gesto es encantador porque lo hace por su pareja, para que esta se sienta cómoda y segura. Y porque la ama. Así que, por él, sí daría ese paso.

 Shun y Mio no son roles, son personajes. Y es una frescura maravillosa.

Milky Way, como ya nos tiene acostumbrados, nos entrega una buena traducción y una edición preciosa, con una portada encantadora y que presenta muy bien el espíritu de la obra.

Seguiré esperando la segunda parte con muchísimas ganas.

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.




Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.