Reseña: ‘La música de Marie’, una utopía para pensar

Los paisajes imposibles de Furuya encierran un mensaje doloroso

Hay obras que se salen de lo normal y una de esas es La música de Marie, de Usamaru Furuya y que nos llega en un único tomo gracias a Milky Way.

La historia presenta un mundo utópico localizado en un futuro lejano, donde un chico llamado Kai es capaz de escuchar prácticamente todos los sonidos de la isla donde vive, Pirito. Junto a su amiga, profundamente enamorada de él, Pippi, recorre la isla durante varios capítulos para mostrarnos cómo es esta especie de sociedad steampunk menos sucia y que tiene ciertas reminiscencias a Nausicaä del Valle del Viento. Poseen una maquinaria muy avanzada, capaz de hacer fotos, de construir automatas —aunque no tienen movilidad propia—, ferrocarriles y tantos otros elementos y a cambio, los venden a otras islas donde tienen economías centralizadas en, por ejemplo, la agricultura, el tejido u otros elementos. Así se establece un ciclo donde a nadie le falta nada, ni tampoco se crea un capitalismo donde domine el sector de Pirito.

Desde el principio, los propios personajes no dejan de resaltar una y otra vez lo bonito y tranquilo, casi aburrido, que es el mundo donde viven. Nadie tiene peleas serias y no hay peligros. Hasta tal punto es un buen mundo que pueden peregrinar siempre a finales de año hasta una isla central donde se reúnen gentes de todas las islas para rezar a la divinidad Marie.

¿Y quién es esta Marie? Parece ser una especie de autómata gigantesca que recorre el cielo y, cada vez que sucede algo malo, emite una bella música que calma las almas de la gente. Es la guardiana del orden, la paz y el amor, creada por Dios con ese preciso propósito y apoyada por los Tres Sabios de un curioso bosque capaz de trasladarse de lugar a voluntad.

Kai tiene una fuerte relación con Marie, gracias a algo que le sucedió cuando tenía 10 años, y su vida, para horror de Pippi, cada vez se enfoca más hacia ella. Pero, con el paso de los años, empieza a crecer una desagradable sospecha en el corazón de Kai acerca de su querida Marie y cómo funciona su mundo.

La música de Marie pretende realizar una durísima crítica a nuestra sociedad moderna, unida a la idea de la evolución de la tecnología y el uso que le damos como personas. Hasta cierto punto, es una pregunta directa de hasta qué punto deberíamos dar libertad a los seres humanos.

¿De verdad necesitamos todo lo que tenemos?

La obra tiene aparentes incoherencias, detallitos que te van dejando caer y que prácticamente no se resuelven hasta el final, cuando todo cobra sentido y corres a releer para darte de bruces con la sutilidad con la que se ha tratado siempre el tema. A esto ayuda la enorme cantidad de exposición que hay en el manga. Más de la mitad consiste en presentar el mundo, con impresionantes y casi surrealistas escenarios que harán las delicias del lector. El diseño de los escenarios, innovador y a la vez hasta cierto punto histórico, está muy por encima de los personajes. Furuya tiene un estilo rígido, poco expresivo y una anatomía un poco torpe para los protagonistas. Y al principio no importa, ya que solo son vehículos para presentar el mundo.

Pero después averiguas lo importantes que eran sus historias para el mensaje final y no se puede evitar desear que estuvieran algo más trabajados en términos de diseño. La personalidad de los personajes tampoco es muy destacable —en particular Pippi puede resultar algo odiosa, si bien el estudio final de su historia da un vuelco a su interpretación—. Todos son amables, simpáticos y predispuestos a ayudar gracias a la sociedad en la que han crecido. Puede parecer —y es un poco— artificial, pero forma parte del mensaje.

Por suerte, la variedad de culturas presentadas (es una lástima que la trama principal transcurra en la isla menos innovadora, si bien en términos visuales se entiende por qué ha sido escogida) y la forma del mundo ayudan a paliar muchos de estos problemas. Sin duda, el capítulo donde se da una reunión con los habitantes de otras islas a presenciar el nuevo año es de los mejores por el enorme esfuerzo que hay por presentar sociedades diferentes. Vemos, sin miedo, islas donde solo hay bodas homosexuales, o islas donde claramente estamos ante referencias al Islam, y siempre se trata desde el respeto y el interés. Detalles preciosos, como el funcionamiento de las bodas, o de las fiestas anuales llenan las páginas y hacen que el ritmo, siempre tranquilo, resulte más aceptable.

En La música de Marie no vais a encontrar acción, ni tampoco una historia increíblemente retorcida, pero sí una idea potente, una pregunta que el autor resuelve —y con la que el lector puede no coincidir—, si bien deja otras en el aire que irritarán a más de uno porque es difícil saber hasta qué punto se puede escarbar una respuesta.

Pero, ante todo, es un manga lleno de amor y de reflexión, de esas historias a las que se vuelve una y otra vez de forma inconsciente, aunque solo sea por el diseño de sus impresionantes fondos. La edición de Milky Way ayuda muchísimo, junto a una decente traducción (aunque las ha habido mejores) y una portada preciosa. A pesar de que el tomo sea bastante imponente, merece que acabe en vuestra estantería.

Lo mejor
  • Impresionante diseño de fondos
  • La atención al detalle
  • Los foreshadowing que se dejan caer
Lo peor
  • El diseño de los personajes es muy rígido
  • Hay elementos del final que romperán la cabeza a más de uno
  • El principio puede hacerse lento



  • rafilion

    Me lo apunto. ¿La impresión de la edición que tal es?

    • Suzume

      Muy buena o/
      Al menos la que me ha tocado a mí (????)