Dishonored 2 o cómo el feminismo puede mejorar una saga

Y, desde luego, superar su precuela

Dishonored fue, sin lugar a dudas, un proyecto muy ambicioso que revolucionó el mundo de los videojuegos. En 2012, la propuesta de una nueva IP se trataba de una apuesta arriesgada, pero el juego superó las expectativas y enamoró a cientos de jugadores con su trama oscura llena de intrigas y traiciones y un interesante aunque poco desarrollado worldbuilding. La historia de Corvo, acusado falsamente del asesinato de la emperatriz Jessamine y el secuestro de Emily, su hija, nos llevó a Dunwall, una ciudad steampunk basada en la Inglaterra de la Revolución Industrial, con un toque de magia y una dinámica muy atractiva a la hora de jugar, dando la posibilidad de combinar modo sigiloso con caos y violencia. Los personajes…

¿Qué decir de los personajes?

Personajes femeninos en #Dishonored: mujer en la nevera, damisela en apuros, vieja bruja, maestra, cuidadora, madame malvada, prostitutas y sirvientas.

Pasado el boom inicial del juego, la feminista Anita Sarkeesian comentó en su canal de YouTube, Feminist Frequency, y publicó diversos tweets acerca del contenido machista de Dishonored. Y es que, a pesar de ser un buen juego y tener unos personajes (masculinos) grises y realistas, las mujeres dejaban mucho que desear.

Cuatro años más tarde, Dishonored 2 salió al mercado con Emily como coprotagonista, acompañada de un elenco de mujeres cuyos diseños, personalidad y desarrollos personales resultaban envidiables en comparación con los de sus predecesoras. ¿Qué había pasado?

La respuesta a los comentarios de Sarkeesian fue abrumadora, tanto que el propio codirector creativo de Dishonored y de Arkane Studios, Harvey Smith, acabó por recibirlos. Y su respuesta, mancillada por los medios, sorprenderá a más de uno.


El infalible método de callar y escuchar: cómo los hombres aprenden de feminismo

Este mismo año, tras la salida de Dishonored 2, Harvey Smith y Anita Sarkeesian se encontraron en la E3, donde ella le entrevistó acerca de la saga. Surgió, cómo no, el tema de las críticas y el feminismo, y el vídeo nos revela lo siguiente:

HS: Nos sentamos a hablarlo y tu comentario —que siempre recordaré y me llevaré a la tumba— fue que […] Dishonored es un juego que hace muchas cosas bien, pero la variedad de  roles de las mujeres es muy estrecha. Al principio te tomas la crítica como: «espera un momento», y luego lo miras y guau, toda mujer en Dishonored es una sirvienta, una prostituta, una bruja, una reina o una niña pequeña.

AS: O está muerta. O muere.

HS: O muere, sí. ¡O es una maestra, también tenemos una maestra! Pero de todas formas, no fue una decisión intencional. Cuando algo así pasa puedes ponerte a la defensiva, si quieres, o puedes decir: «chicos, dejadme preguntar una cosa. ¿Queríamos dar ese mensaje?». Y la respuesta es no, no queríamos. ¿El juego sería peor si revisáramos eso o sería mejor? Sería más rico e interesante. […]

Al contrario de lo que afirman las malas lenguas, Anita Sarkeesian no obligó a Harvey Smith a convertir a Emily en protagonista de Dishonored 2. No fue presión feminista lo que «destruyó Dishonored» ni lo llenó de mujeres. Sarkeesian arrojó algo de luz sobre el machismo de un videojuego con muchas posibilidades y Smith captó y agradeció el mensaje. El equipo entero decidió escuchar y reflexionar, y así Emily Kaldwin, hija de la emperatriz asesinada, ganó profundidad como personaje y una historia propia que merecía tantas oportunidades de ser contada como la de Corvo.

Pero ¿lo hicieron bien? ¿Basta con dar papeles importantes a las mujeres para que un juego sea feminista?


La deconstrucción de una saga: comparando los personajes

¡Alerta de spoilers!

Dishonored 

Dejando de lado los personajes más secundarios, destacamos a Jessamine, a Emily y a Kalista.

No hay mucho que decir de Jessamine. Aparece durante unos dos minutos al principio del juego antes de ser brutalmente asesinada. Su muerte es el detonante de la trama. A raíz de ese suceso, Corvo Attano, su guardaespaldas y amante será encarcelado, liberado y más tarde elegido por El Forastero. Este le concederá dones nuevos y mágicos para llevar a cabo su venganza contra los asesinos de Jessamine y recuperar el honor arrebatado a ambos, así como rescatar a su hija secuestrada.

Sin embargo, la emperatriz seguirá formando parte del juego como objeto. El Forastero —el dios de este mundo— se hace con su corazón y lo convierte en un contenedor del espíritu de Jessamine, un «regalo» para Corvo que le ayudará en su misión. El Corazón nos señala las runas y los talismanes que hay en el mapa, que nos otorgarán poderes nuevos, y además permite conocer información, secretos y pensamientos de cualquier personaje que encontremos, susurrados con la voz y el conocimiento de Jessamine en la mente de Corvo.

Su hija Emily tenía sólo diez años cuando Jessamine fue asesinada ante sus ojos. Antes de eso, se nos cuenta que era una niña muy activa y curiosa con una gran fascinación por el mundo más allá de Dunwall, su hogar. Algunos la consideraban indisciplinada y mimada y criticaban la forma de Jessamine de educarla, permitiéndole pasar tiempo con Corvo y aprendiendo esgrima.

Conociendo esta información podríamos estudiar el personaje de Emily y analizar si la intención a la hora de diseñarla era diferenciarla del arquetipo clásico del personaje femenino, dándole unos intereses más «propios de hombres», pero la falta de información sobre Emily en este aspecto es grande, de modo que lo dejaremos como un simple dato curioso.

Tras la muerte de su madre, a Emily se la retiene en el Golden Cat, un establecimiento mitad prostíbulo, mitad baños de vapor. El lugar está regentado por Madame Prudence, una antigua prostituta que en algún momento de su vida ascendió socialmente, y que resulta ser muy desagradable tanto con Emily como con sus empleadas. Después de que la rescaten, la niña encuentra refugio en el Hound Pits Pub, donde espera a que Corvo regrese de sus misiones y se la asigna como aprendiz de Kalista Curnow, aunque estudiar, como se nos muestra en el juego, no entra dentro de sus prioridades.

Poco antes del final del juego, Emily vuelve a ser secuestrada y su rescate se convierte en el último objetivo de Corvo.

Su tutora Kalista es, con toda probabilidad, el personaje más maltratado de la saga desde el punto de vista machista. No se nos revela nada de su pasado a excepción de que ha tenido una vida dura y ha tenido que aprender a defenderse por las malas. Se une a los Leales al trono (partidarios de Jessamine y Emily) a cambio de comida y refugio, y demuestra ser una persona solitaria y seria. La única mujer con la que llega a interactuar en todo el juego es Emily.

Hasta la llegada de la niña, sin embargo, su función es expresar preocupación por su tío, que corre peligro de ser envenenado en cierta misión.

Pero como todo esto sabía a poco, se le concedió una escena desnuda en la que un personaje la espía mientras se baña. Como no podía ser de otra manera, Corvo también tiene la opción de echar un vistazo hasta que ella los descubre y, con razón, se enfade.

Su historia termina en Dishonored, y Emily solo la menciona en la secuela en un arrebato de nostalgia, a pesar de que, por edad, podría seguir viva.

De modo que las mujeres protagonistas de este primer juego son una mujer en la nevera que más tarde devendría un objeto, en el sentido más literal de la palabra; una niña pequeña, débil como tal, raptada en diversas ocasiones hasta que el protagonista llega a su rescate y una chica sexualizada, sin una historia digna de mención ni mayor relevancia. A favor de Emily, cabe decir que, a pesar de su edad, es el personaje más dinámico y mejor desarrollado. Sin embargo, su faceta encantadora, valiente y ansiosa de aventuras se pierden al condenarla a estar siempre esperando. Emily muestra un gran potencial —que terminaría de aprovecharse en Dishonored 2—, aunque sea a través de perpetuar un cliché.

Por supuesto, hay otras mujeres más allá de estas tres. Lady Boyle y Doña Andrajos (Vera Moray) también son personajes poderosos en el juego, siendo la primera una excéntrica aristócrata y un objetivo a eliminar durante una de las misiones, y la segunda, una adepta del Forastero sumida en la locura. Sin embargo, ambas pecan de los mismos fallos que sus predecesoras: una inmensa falta de desarrollo. Si bien a Doña Andrajos se la trata con más dignidad que a Kalista, se le da una historia e incluso cuenta con cierta importancia en la secuela, Lady Boyle no pasa de ser un simple NPC en una misión entretenida.

Dishonored 2

Emily vuelve a aparecer con veinticinco años, convertida en la legítima emperatriz y heredera del trono de las Islas. Como protagonista, al igual que Corvo, su personalidad y su actitud variarán según las elecciones del jugador y el nivel de caos dentro de la historia, pero se aprecian en ella las enseñanzas de su padre. Emily se ha convertido en una chica seria, metódica y responsable —¿en parte por la influencia de su antigua tutora? Nunca nos lo terminan de contar— y una buena gobernante, se supone. Se encuentra con el dilema del asesino de la corona, una persona que está eliminando a todos sus enemigos políticos e intentando hacerla quedar como responsable.

Ha madurado, pero no ha olvidado el carácter aventurero de su yo más joven, lo cual redondea la evolución de su personaje. No entierra su pasado ni lo ignora, sino que lo usa como punto de partida y aprende de él cuando su tía Delilah aparece para arrebatarle el trono y debe huir al exilio.

A continuación se nos introduce a Meagan Foster, protagonista el próximo DLC, Muerte del Forastero, y uno de los personajes más complejos de esta entrega y de la saga en general. Meagan es la capitana del Dreadful Wale, navío con el que viajará Emily/Corvo a lo largo de su aventura, una mujer muy reservada y con mucha rabia acumulada en su interior. Se convertirá en un personaje clave para la historia al haber conocido en persona a gran parte de los enemigos, como la propia Delilah y sus aliados más cercanos: el duque Luca Abele, que asesinó a Deidre, la amiga y pareja de Meagan, y la bruja Breanna Ashworth, cuando perteneció durante un breve tiempo a su aquelarre. Meagan tiene relación directa con aliados y enemigos, y el juego lo muestra de forma clara y visible, sin dejarse nada en el tintero como en la precuela.

Meagan es una mujer atormentada por su pasado, un pasado que descubriremos poco antes del final del juego y le añadirá una capa de profundidad y revelará sus auténticas intenciones: la redención, en cierta manera, y su incapacidad de deshacerse de su antigua identidad, algo que, por desgracia, podría verse como character regression y que dependerá de cómo enfoquen su actitud en Muerte del Forastero, que saldrá a la venta el próximo 15 de septiembre.

Y, hablando de antiguas identidades, Jessamine vuelve a hacer acto de aparición en esta entrega. De nuevo ejerciendo de Corazón, con sus mismas funciones de detector de objetos mágicos y susurrador de secretos, la antigua emperatriz saldrá un poquito de su condición de objeto gracias a Delilah, que nos revelará el pasado de ambas como hermanas. Jessamine, que se nos ha presentado siempre como una mujer noble, una mártir para su gente, resulta no ser tan buena como nos habían hecho creer. Si bien fue una emperatriz decente, jamás intentó encontrar a su hermanastra, expulsada de la Torre de Dunwall por su culpa y condenada a vivir en las calles.

A raíz de estos acontecimientos, Delilah creció resentida contra su padre, Jessamine y el mundo, llegando a desear poder cambiarlo con tanta fuerza que se convirtió en una visionaria hambrienta de poder capaz de lo que sea necesario para cumplir sus propósitos.

Delilah no es un mal personaje, pero su rol como villana deja bastante que desear en Dishonored 2. No supone una gran amenaza; en ningún momento se llega a sentir angustia ni la urgencia de completar las misiones antes de que haga algo irremediable, y eso es algo con mucho impacto negativo en el juego. Lo más aterrador de Delilah es su don para manipular a las personas y hacerse querer y necesitar. Ella sola es capaz de organizar a mentes únicas, brillantes y locas para allanar su camino hasta el trono, consiguiendo incluso ir y regresar del Vacío, hogar del Forastero. Sin embargo, nada de eso afecta de manera directa a Emily o a Corvo. Únicamente la batalla final contra ella puede conseguir despertarnos esa ansiedad que provocan los villanos, y ni siquiera eso dura demasiado tiempo cuando le coges el truco a sus habilidades.

De nuevo, hay más personajes femeninos que se diferencian de sus predecesoras por la cantidad de contenido, historia y profundidad que se les da, además de la cantidad de poder que ellas solas han conseguido. Alexandria Hypatia es una brillante doctora y la creadora de la Solución Addermire para las toxinas de las minas, tan buena que rehusaba el dinero de sus pacientes y probaba en sí misma sus medicinas antes de administrárselas a otros —lo cual, a su vez, le da un interesante toque de locura (a pesar de que eso la lleve a convertirse en víctima de violencia sexual)—. Breanna Ashworth escapó de su vida de aristocracia y bonanza ante la idea de un matrimonio forzado con un hombre que le triplicaba la edad y, junto a Delilah, fundó el aquelarre de las brujas de Brigmore, donde rehizo su vida. Incluso entre los NPC que salen al encuentro del protagonista abundan las mujeres.

Y no sólo eso, también en esta entrega las mujeres demuestran tener más libertad sexual que en Dishonored, teniendo en cuenta que Meagan y Delilah son canónicamente bisexuales, Breanna es lesbiana y tiene una relación (un tanto ambigua en el juego) con Delilah, e incluso la propia Emily tiene un amante cuyo género no aparece especificado a propósito —en la versión original; en España y otros países sin pronombres neutros se asume que ese amante es un hombre—. Incluso aparece una mujer transgénero, Mindy Blanchard. Si bien eso no aparece dicho en el juego, Harvey Smith así lo ha confirmado y eso convierte a Mindy en el primer personaje trans de la saga.


¿Entonces?

El feminismo en los juegos hace bien a todos. La representación es importante, y una buena representación, necesaria.

Los buenos personajes femeninos son algo más que «una mujer fuerte e independiente» capaz de blandir una espada o hacer magia. Son complejos, tienen un pasado, unas motivaciones, una personalidad. Hay que quererlos y tratarlos con respeto y dignidad. Demostrar que no están sólo para ser mujeres, darles su merecida historia, desarrollo y evolución, sin necesidad de sexualizarlas ni enfrentarlas a sucesos traumáticos, violentos y humillantes para fortalecerlas después. No hace daño a nadie.

Dishonored no es un mal juego. Tiene una buena historia, un worldbuilding con gran potencial y unas mecánicas impresionantes, pero es machista. Uno puede escudarse tras la frágil excusa del «realismo» histórico  —dado que jugamos en un mundo oscuro, cruel y patriarcal realza la posición sumisa de la mujer— e ignorar la condición fantástica de este y todos sus elementos sobrenaturales: un universo alterno, brujas, runas y talismanes, dioses originales, asesinos mágicos, etc., pero el juego seguirá siendo machista. A nivel de jugabilidad y de contenido, Dishonored 2 puede no estar a la altura o saber a menos, ya que la precuela —sin los DLC— era autoconclusiva, pero se nota en él la mejoría del equipo directivo y las ganas que se han puesto al crear a sus personajes femeninos.

Queda todavía mucho camino y mucha lucha por delante, pero el equipo de Dishonored ha dado un importante paso con este juego.




Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.