Reseña: ‘Antiguos alumnos’ #1, o cómo la vida sigue tras graduarse

Las relaciones son complicadas... y maravillosas

La editorial Tomodomo vuelve a deleitarnos con otra secuela de la aclamada obra En la misma clase después de haber traído también Sorano y Hara.

En el 2014, la editorial japonesa Akaneshinsha lanzaba al mercado Antiguos Alumnos, una historia donde vemos cómo se desarrollan las vidas de los personajes principales de las dos obras anteriormente mencionadas. Así, en este primer tomo de la secuela, volvemos a encontrarnos con Sajo y Kusakabe —la pareja estrella—, Komatsu —el fiel amigo del profesor Hara— y Arisaka e Hibiki —la pareja poco convencional formada por el profesor y su exalumno, a la que conocimos en Sorano y Hara—. Al mismo tiempo se nos presentarán nuevos personajes que darán nuevos giros argumentales y aportarán otras dinámicas en las vidas de nuestros ya conocidos protagonistas.

Cualquiera puede preguntarse qué puede haber de nuevo o diferente en Antiguos alumnos respecto a sus predecesoras En la misma clase y Sorano y Hara. Pues en principio dos cosas: lo primero es que ya no estamos en un ambiente de instituto, porque la vida sigue tras graduarse con sus cosas buenas y sus cosas malas; y lo segundo —derivado de lo anterior— es que, precisamente, gracias a no estar delimitada a un único ambiente o espacio, la historia nos muestra la vida cotidiana de más personajes, como por ejemplo el propio Komatsu —al que sólo conocíamos dentro de los tugurios que frecuenta Hara—. Pero, ¿qué nos cuenta cada una de las historias? Vamos a verlo sin entrar en excesivos destripes.

No hay duda de que los protagonistas indiscutibles de esta saga de Asumiko Nakamura vuelven a ser Sajo y Kusakabe. Mientras que En la misma clase asistíamos al nacimiento de su relación, aquí veremos cómo se desarrolla la misma en un contexto nuevo. Tras graduarse ambos siguen caminos diferentes, pero deciden seguir adelante con su particular historia de amor: mientras que Sajo ingresa en la Universidad de Kyoto para ser farmacéutico, Kusakabe entra de lleno en el mundo de la música pasando a ganarse la vida como guitarrista profesional, algo que implica muchas giras, muchos viajes… y estar mucho tiempo lejos de Sajo. Esto significa que puede pasar un mes o más sin que se vean, aunque, para nuestra sorpresa, tampoco se llaman o se mandan muchos mensajes. Y, sin embargo, esto no afecta a su relación puesto que, cuando por fin pueden estar juntos, todo fluye con normalidad y sin sobresaltos, exceptuando alguna duda puntual —sobre todo por parte de Kusakabe—. En los capítulos dedicados a esta entrañable pareja se nos mostrará más el día a día en la vida de Sajo y asistiremos a momentos importantes para él, como por ejemplo el hecho de hacer nuevos amigos ante los que ya no oculta —por fin— el hecho de que tiene un novio.

Komatsu es otro protagonista interesante, un personaje que, bastante recargado de clichés gays, resulta cómico y entrañable por su forma de afrontar las cosas. El peculiar amigo de Hara se dedica al mundo de la moda en su propia empresa… hasta que un día se encuentra por casualidad con un antiguo amigo/amante: Ryuuichi, un hombre que puede resultar algo repulsivo por su filosofía de vivir la vida sin importarle nada ni nadie. Koma no puede evitar rememorar el pasado que vivió con Ryuu cuando era un pipiolo y cómo llegó a hacer cosas obligadas por las que se arrepentiría a posteriori.

Finalmente —y cerrando el compendio de protagonistas— tenemos a Arisaka e Hibiki, a quienes vimos iniciar su amorío en la secuela Sorano y Hara. El profesor buenazo de química sigue adelante con la extraña relación que mantiene con Hibiki, un exalumno que estudia un módulo de Repostería, animado por el propio Arisaka, al conocer su talento para la cocina. Avanzando poco a poco, sin prisa pero sin pausa, y con una relación que Hibiki considera algo estancada, ambos se mantienen juntos a pesar de los problemas que tuvieron que superar.

Una vez más, Asumiko Nakamura vuelve a mostrarnos con su habitual maestría el lado más tierno y frágil de aquellas personas que aman y son amadas. Las historias que nos cuenta transcurren de una forma muy natural, lejos de tópicos —tristemente habituales en otros BL— y con un lenguaje directo. En muchas ocasiones las imágenes hablan por sí solas, sin necesitar ningún tipo de diálogo.

Pero, de todas formas, ¿hay algo criticable en esta secuela? En general las diferentes tramas entretienen e ilustran bien la evolución de los distintos personajes, tanto de los que ya conocíamos en profundidad como de los que no. Aun así, el mayor pero’ lo encuentro en la historia de Komatsu y Ryuuichi. Si antes dije que éste era un personaje repulsivo se debe al hecho de que es un manipulador compulsivo: apesta a toxicidad. No duda en aprovecharse de la buena voluntad de Koma en todos los aspectos —sobre todo en el sexual— incluso para obligarlo a hacer cosas que no quiere o con las que no está del todo cómodo, ¡y lo peor es que, años después, Komatsu guarda un buen recuerdo de él a pesar de todo! No es muy creíble que estés dispuesto a irte de copas con alguien que te ha dañado tanto.

Además de esto, otro punto que algunos pueden considerar negativo es la relación entre Arisaka e Hibiki por varios motivos aunque ambos se respetan y no hay nada de tóxico entre ambos. Uno de ellos sería el tema de la edad: no hay que olvidar que, a pesar de que el dibujo pueda engañar algo, el profesor Arisaka tiene 40 años y Hibiki sólo 18 —recordemos que la mayoría de edad en Japón son los 20—. Dependiendo de la forma de pensar de cada uno, esto puede ser algo que haga fruncir el ceño, en especial si recordamos que en Sorano y Hara, la relación de ambos comenzó cuando Hibiki era aún alumno de Arisaka, algo que les trajo muchos problemas. Aquí dejaré que sea vuestra subjetividad la que decida si está bien o no.

No quiero extenderme más así que, como conclusión y a falta del segundo y último tomo de esta secuela, que saldrá el día 25 de este mes, solo decir que Antiguos alumnos deja un buen sabor de boca. Contemplar la vida cotidiana en las relaciones de sus personajes, en particular en el caso de Sajo y Kusakabe, resulta tierno y consigue hacer esbozar al lector una media sonrisa en algunas ocasiones. Por otro lado, la edición de Tomodomo es impecable, con una buena traducción, explicaciones a pie de página y un diseño de rústica con sobrecubierta. A mayores, no olvidéis que el dibujo de la autora, Asumiko Nakamura, es especial. ¡Que a nadie le pille de sorpresa!

Aficionada a muchas cosas y sin tiempo para todas. Intento transmitir a los demás aquello que me ha gustado y compartir también lo que no me agrada.
Un gusto: la lluvia en diciembre.
Un disgusto: las críticas destructivas.

Lo mejor
  • Historias realistas y bien elaboradas
  • Personajes variados en los que se ve la evolución respecto a cómo aparecían en las obras anteriores
  • Vida cotidiana bien plasmada con sus cosas buenas y sus cosas malas
Lo peor
  • Convertir en 'atractivo' un personaje tóxico
  • Para algunos puede ser chocante la relación entre Arisaka e Hibiki por la diferencia de edad y las circunstancias en las que están juntos



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.