Reseña: ‘Un monstruo en mi puerta’, la opera prima de July Jung

Cuando el subtexto brilla tanto que es imposible no verlo

Un monstruo en mi puerta (Dohee-ya, que podría traducirse como Esa chica llamada Dohee) es la opera prima de la coreana de July Jung, producida por Lee Chang-dong (Peppermint Candy, Oasis, Poesía) y que nos ha llegado a España gracias a Mediatres Estudio. Un drama sobre el mundo rural, la corrupción e hipocresía de la sociedad que es difícil que deje indiferente por sus poderosas ideas.

Su protagonista es Doona Bae, en el papel de la policía Young nam, a la que quizás muchos conozcan por su papel en Sense8 o en El atlas de las nubes (ambas de las hermanas Wachowski), junto a la jovencísima actriz Kim Sae-ron haciendo de una maltratada niña Dohee.

La película transcurreen un pueblito apartado donde la agente Young nam ha sido relegada por algún motivo que desconocemos pero que amenaza su carrera. El trato con su jefe es que pase un año desapercibido antes de poder volver, estableciendo ya la primera crítica de la película a la mentalidad coreana de apartar la vista tanto para lo bueno como para lo malo.

Nada más llegar, la primera persona a la que ve es a una niña descalza y desamparada, que huye de inmediato en contraste con cómo la buscará después. Luego vemos cómo la gente de pueblo, burda, cerrada en sí misma y con una suerte de mafia en la industria de la pesca, contiene ese típico aire hostil que, a la larga, resultará más siniestro e hipócrita de lo que podríamos imaginar.

Young nam es una mujer que bebe demasiado, que no quiere sentirse parte del lugar (nunca vemos nada personal en su apartamento, vive sola, no participa en las fiestas y siempre tiene un aura de estoicismo y frialdad para hacerse respetar) y en particular recela del que parece ser el que organiza las actividades pesqueras del pueblo. Para colmo, tanto él como su madre maltratan a la niña que vio en el campo, Dohee, a base de insultos y maltrato físico que se extiende hasta el colegio, donde la pobre es el objetivo de la mayor parte de los niños.  A pesar de las advertencias de los otros policías, decide protegerla y empezar a permitir que se haga un hueco en su vida, aceptándola en su casa para evitar que esté sometida a constantes abusos.

A partir de entonces no solo encontramos una crítica a la forma de comportarse de los pueblerinos, tan cerrados y obsesionados con mantener su bienestar aunque sea a costa de destrozar la vida de otras personas —se toca el tema de la inmigración ilegal, la explotación, el maltrato contra las mujeres y la corrupción policial, sin olvidar la homofobia—, sino de la misma policía y el gobierno. La película logra esto siguiendo poco a poco el desesperante caso de Dohee y cómo la gente está más dispuesta a creer a un hombre, por borracho, corrupto y maltratador que sea, antes que las pruebas que tienen frente a sus mismos ojos. Al parecer, como sucede en muchas de nuestras sociedades, hay que llegar hasta el peor extremo posible, cuando ya no hay vuelta atrás, para que alguien dé un paso adelante y entonces el mundo entero finja horror y desprecio por un criminal… Cuando siempre han sabido que lo era.

La película es larga y con un ritmo reposado. Apenas encontraremos escenas de verdadera tensión (pero las que las hay, golpean con fuerza) pero sí muchos silencios que hablan por sí mismos. El guion apenas explica, se muestra todo lo que necesitamos saber mediante imágenes: el alcoholismo de Young nam, su antigua relación con una exnovia, su reticencia a establecer contacto con nadie, y el conflicto interno de Dohee.

Y Dohee probablemente sea el personaje más interesante, no solo porque la trama gira alrededor de ella y el maltrato psicológico y físico a los niños, sino por su personalidad. Dohee es una víctima callada y retraída, que no se defiende, pero está lejos de ser tonta. A su forma manipula emocionalmente y también sabe aprovechar lo que los demás esperan ver. Hasta cierto punto, cuesta saber qué ha hecho de forma intencional y qué no. El resto del mundo la ve a ella, una superviviente de trece años que reacciona de esa forma solo para salir adelante, como un monstruo. Un monstruo que acude a la puerta de Young nam para que no la golpeen cada noche.

Nosotros aprendemos que solo es una niña inteligente y vemos hasta qué extremo puede llegar alguien desamparado por la sociedad. También sabemos quién es el verdadero monstruo…y la ironía de que la sociedad no lo considere como tal.

Con una música suave y ambiental, que nunca se interpone en el camino, la película sumerge en la historia. La cámara tiene grandes planos que se quedan grabados pero en ocasiones desciende a un nivel casi casero para dar una sensación de cercanía a estas dos protagonistas calladas, heridas y distantes, y que forman un vínculo sincero.

Un monstruo en mi puerta no es una película para ver sin más y dejará más de un estómago revuelto por ciertas escenas o ideas, pero sí una que abrirá los ojos a más de uno y que merece un aplauso. En especial cuando sabemos que es el primer largometraje de la directora. La edición, además, viene con un pequeño libreto que nos habla del trabajo de July Jung y su productor, para aquellos que se queden con curiosidad sobre filmografía coreana.

Lo mejor
  • Personajes (centrados en lo femenino)
  • Crítica social
  • El empleo de la música
Lo peor
  • Hay un par de escenas que revolverán a más de un espectador