Reseña: ‘Parasyte’ #1, ¿depredación o simbiosis?

'Prove that you are different from monkeys'

Reseñar Parasyte, de Hitoshi Iwaaki y editada en españa por Planeta Cómic, es al mismo tiempo un reto y un placer. Un placer porque se trata de una de las más renombradas obras de horror y ciencia ficción en la historia del seinen, y a decir verdad también es uno de mis cómics favoritos. Un reto porque fue escrita y dibujada hace casi treinta años, con todas las diferencias de estilo que eso supone respecto a obras más actuales… y porque, como cuenta entre los mangas que más me gustan, va a costarme un poco ser objetivo. Pero vamos a intentarlo.

En realidad, la premisa es muy simple. Sin que se sepa cómo ni por qué, unas extrañas criaturas aparecen en la Tierra y comienzan a invadir los cuerpos de los seres humanos. Devoran sus cerebros, los reemplazan en la sociedad y fingen ser gente normal, pero consumen a la gente cuando nadie les observa. Hasta aquí todo bien, es un argumento que ya se había usado antes en ciencia ficción y que se seguiría usando después. Todos hemos visto alguna obra occidental con premisas similares. Lo interesante viene ahora.

Nuestro protagonista es un chico con suerte, pues el parásito que le ataca no consigue colarse en su cráneo. En su lugar, para sobrevivir, devora su brazo derecho y lo reemplaza. Así que el pobre Shinichi, un estudiante de instituto sencillo y algo pusilánime, se queda perplejo al descubrir que ahora su mano le habla y puede adoptar infinidad de formas. Pronto se da cuenta de que la cosa no es tan mala, ya que el parásito lo necesita con vida (vive de los nutrientes en su sangre y morirá si se separa del brazo) y funciona como una extremidad corriente la mayor parte del tiempo. El problema son los demás parásitos que andan sueltos: como tienen la capacidad de sentirse unos a otros mediante ondas cerebrales, también lo detectan a él y lo consideran una amenaza.

Entonces (además de los previsibles intentos de asesinato) llegan las consideraciones éticas y morales para Shinichi. Si es el único que sabe la verdad y puede detectarlos, ¿debe tratar de cazarlos? ¿Debe contar lo que sabe a las autoridades, hacer que estudien al parásito de su brazo? ¿O es mejor que se mantenga al margen? Miggy, que es como se llama a sí mismo su mano derecha, no siente empatía alguna por los miembros de su propia especie… pero tampoco por los seres humanos, y le da igual si se los comen. Su propia supervivencia es lo único que le concierne.

En realidad, es la clásica historia del chico de instituto al que le sucede algo extraordinario y trata de llevar una vida normal a pesar de las constantes amenazas. Pero Iwaaki la escribe de forma que se convierte en algo mucho más interesante, un constante tira y afloja entre la voluntad de Shinichi de socorrer a los demás (a pesar de sus propios miedos) y el empeño de Miggy en hacer siempre lo más lógico, lo menos peligroso, lo más práctico. El parásito  es un ser inteligente sin humanidad. No es ningún superpoder que vaya a permitirle salir por ahí, saltar de tejado en tejado y rescatar gente de los monstruos. Le protegerá para protegerse a sí mismo, pero se pondrá en su contra si Shinichi trata de hacer algo más que sobrevivir.

Por el camino, el autor nos lanza a la cara otra clase de dilemas éticos, concernientes a la humanidad en sí misma. ¿Por qué horrorizarnos al descubrir las acciones de esta especie antropófoga, cuando nosotros devoramos toda clase de animales sistemáticamente? Si destruimos el medio ambiente y ellos reducen nuestra cantidad, ¿quienes son los villanos, desde el punto de vista del planeta? Estamos acostumbrados a que la empatía nos haga ver con horror el canibalismo, pero con una especie inteligente que carece de ella en la ecuación, ¿no parecen absurdos mucho de nuestros principios? Todo ello es una cuestión de estándares. Estaremos siempre del lado de los de Shinichi, como humanos que somos… pero al mismo tiempo tendremos que admitir de vez en cuando que la lógica de Miggy es bastante más precisa.

Hemos hablado de Shinichi y Miggy, pero hay más personajes En este primer tomo tenemos un par de villanos (uno de ellos se volverá muy interesante en tomos futuros, aunque aquí solo veremos pinceladas), el interés romántico (que francamente es soso y está por estar, una herramienta narrativa para reflejar la evolución de Shinichi) y los padres de nuestro protagonista, que también van asistiendo a los cambios de actitud de su hijo, pero cuyas interacciones con él son más interesantes. Aun así no es la clase de obra con montones y montones de personajes: del resto de compañeros de clase en general ni sabremos el nombre en este tomo, todo está enfocado a unos pocos.

Aunque me haya puesto serio con toda la ética y los monstruos antropofogos, la verdad es que la vida cotidiana de Shinichi y las interacciones de Miggy en ella son la mar de entretenidas. La forma de pensar del parásito le pondrá en unas cuantas situaciones incómodas, bastante graciosas, y muchas veces personajes de tercera fila resultan demostrar hasta cierto desparpajo. Tenemos por ahí incluso a un profesor aficionado a lanzar tizas a los alumnos charlatanes… lo que nos traerá recuerdos a algunos, aunque hoy en día los profes no tienen permitido hacer esas cosas, creo. Parece ser que las escenas con tizas quedaron fuera de la adaptación animada por esa misma razón.

Y, ya que menciono el anime, aprovecharé este párrafo para dirigirme a aquellos familiarizados con él y que tengan curiosidad por conocer las diferencias entre ambas versiones. En pocas palabras: la cosa no varía demasiado. MADHouse hizo un excelente trabajo con la animación, cambió la forma en que se desarrollan algunas escenas sin importancia, eliminó otras y añadió gafas al diseño del protagonista (lo cual fue inteligente porque les permitió mostrar más gráficamente algo que sucede en tomos posteriores, pero en realidad como cambio es insignificante). También recubrió al producto de una pátina de modernidad: si en el manga el padre de Shinichi leía noticias en el periódico, en el anime las leerá en su tablet. Los personajes usarán el móvil para llamarse, en vez de emplear teléfonos fijos, etc… nada resaltable, pero que hace la historia más fácil de digerir en la actualidad, al no sacarte del contexto cotidiano. También me arriesgaría a decir que Shinichi es un poco más bobo y menos formal en el manga, pero… ¿no tendré esa impresión por culpa de las gafas? Dichosas gafas.

Aun así, si has disfrutado del anime, disfrutarás del manga. Y buscar las escenas alteradas o eliminadas puede ser divertido en sí mismo. Entre las situaciones del manga que no se adaptaron al anime, la más llamativa de este tomo es una en la que un león se fuga del zoo y se encuentra como un parásito. Puedo entender por qué la quitaron (Shinichi ni se entera de que esto sucede y no vuelve a mencionarse) pero es muy interesante de leer. El narrador deja muy claro en esas viñetas uno de los temas principales de la obra.

Hay una escena en particular de la que quiero hablar, que me chocó y quizá no sea del todo culpa de la época en que se escribió, ya que está en ambas versiones. Es de esa clase de situaciones que a veces encuentras en anime y te chocan, como cuando ves a un profesor regañando a un alumno por ir a las recreativas (y te preguntas qué narices le importa a él) o a un trabajador disculpándose en nombre de algo que ha hecho su empresa… Cosas del encontronazo entre culturas. Sin entrar en demasiados detalles, en Parasyte una profesora queda embarazada y vemos cómo los profesores se reúnen para amonestarla entre todos y exigirle saber quién es el padre, decir que es mal ejemplo para los alumnos, etc… Y soy incapaz de saber si está ahí porque es (o era) lo normal en Japón, porque el autor pretende denunciar el absurdo de esa clase de cosas o qué. No es para nada lo habitual en la serie ver algo así, y siempre me deja descolocado.

En cualquier caso, pese a todas las implicaciones que el autor quiera dar o dejar de dar, este no deja de ser un manga de batallas, así que analicemos ahora la acción y el dibujo. Para empezar, el estilo es un producto de su época. Aunque en general es bastante formal en cuanto a proporciones y objetos, y tiende a ser realista, se nota la influencia de los setenta/ochenta bastante a menudo. En especial puede verse en las escenas cómicas, cuando Shinichi sobrerreacciona y grita con el rostro de perfil. Esa forma de dibujar unos dientes exageradamente grandes me recuerda muchísimo a Urusei Yatsura, de Rumiko Takahashi, y otras obras cómicas de la misma época. Según el tipo de lector que seas, esto podría transmitirte el encanto de algo dibujado hace treinta años o parecerte fuera de lugar en esta clase de obra. Cuestión de gustos.

Cuando realmente se luce Iwaata es en las escenas más serias. Su forma de dibujar los ojos, pequeños y fríos, consigue transmitir muchísimo. Podrías llegar a saber si una persona es humana o parásito sólo por su mirada, incluso cuando no llegues a tener claro cómo lo estás distinguiendo. No es que importe mucho (con Miggy siendo capaz de localizar mentalmente a sus congéneres, ninguno iba a ser capaz de engañar a Shinichi ni al lector de todos modos), pero la atención al detalle está ahí. De todos modos, esto no quiere decir que nos encontremos ante un dibujante de infarto. Si tuviese que compararlo con una obra más reciente y conocida, pongamos Death Note (que también es una historia dibujada en estilo realista sobre un estudiante de instituto que se encuentra con algo sobrenatural y tiene dilemas morales… o los tendría si Light no estuviera pirado, ajem), tendría claro que Parasyte sale perdiendo. El dibujo de Iwaata es menos pulido que el de Obata, tiene menos variedad de rostros, utiliza menos sombras y en general es algo más básico. Con todo, se sostiene perfectamente y consigue transmitir todo lo que quiere el autor, y eso es lo importante.

Y están los parásitos. En una serie que se llama Parasyte, sus diseños merecen un apartado propio. Criaturas que ocupan parte del cuerpo de los humanos, se transforman y tienen montones de ojos, dientes y garras afiladas. Todos los parásitos a los que se enfrenta Shinichi se deforman siguiendo patrones característicos (quizá la cara se les separe formando líneas verticales que parecen bocas, o toda la cabeza se les abra formando un gran tentáculo en espiral). Sin referencias visuales es difícil saber de qué estoy hablando, pero (y esto es a lo que voy) a pesar de ser engendros horribles, todos tienen características reconocibles y transmiten la sensación de estar ante un organismo factible, uno que da verdadera grima. Y en cuanto a Miggy, suele tener más o menos la pinta con la que aparece en la portada: un ojo al final de uno de los dedos de Shinichi y una boca dentada en plena palma de la mano. Lo mejor es que aunque al principio también horroriza, cuando te acostumbras a él tiene bastante carisma.

Pero prometí hablar de la acción y me estoy desviando, así que a ello vamos. Las peleas son en general rápidas, y sangrientas. Las mutilaciones, brazos cortados, torsos devorados y fluidos esparcidos son el pan de cada día. ¿Significa esto que alguien a quien incomode el gore no debería leerla? Caray, es difícil de decir, pero creo que no. Curiosamente, el propio tomo trae páginas con cartas de fans de la época que enviaban al autor (y con las respuestas de Iwaata, generalmente interesantes) y uno de ellos le escribe para comentarle que no le suelen gustar las obras sangrientas pero con Parasyte no tiene problema. Creo que entiendo a lo que se refiere. Sí, vas a ver violencia, mucha, pero no es que el autor vaya a recrearse especialmente en ella. Se limita a mostrar las consecuencias lógicas de ser atacado por un ser con fuerza inhumana y tentáculos acabados en cuchillas. Además, creo que ser en blanco y negro disminuye un poco el impacto (quizá en anime pueda desagradar más). A ojo de buen cubero, me arriesgaré a decir que cualquiera que pueda leer Death Note, Ataque a los Titanes o la típica serie americana a lo CSI con asesinos que se ensañan, puede leer esta sin problema.

Si las peleas son rápidas es porque, en la medida de lo posible, son realistas. Los parásitos suelen matar instantáneamente. Cuando dos de ellos luchan, la estrategia es un factor muy importante. Iwaata representa estas peleas con una enorme claridad y dinamismo. No tienen demasiadas, digámoslo así, flipadas. La espectacularidad no es el objetivo, y si vienes sólo por la acción, quizá te dejen algo frío. Pero son buenas y precisamente su brevedad las vuelve muy intensas (al menos, las que no acaban antes de que te des cuenta de lo que ha pasado). Pero eh, no es que Shinichi se pase el tomo entero pegándose con parásitos. Aunque hay bastante acción, la mayor parte del tiempo no vemos eso. Y menos en este primer tomo, que pasa bastante tiempo estableciendo personajes. Quizá las escenas de asesinatos esporádicos a humanos indefensos sean más habituales que las peleas en sí.

Ya he estado bordeando la frontera del spoiler aquí y allá, y si sigo hablando voy a acabar traspasándola, así que es hora de llegar a una conclusión. Recomiendo Parasyte a todos aquellos a quienes gusten las series posteriores que han bebido de ella (Death Note, Ataque a los Titanes, Tokyo Ghoul, etc). Es una obra muy sólida, que plantea situaciones interesantes, dilemas varios, acción bien hecha y uno de los dúos protagonistas más memorables del manga. Seguramente no gustará a aquellos que quieren un cómic que vaya muy al grano, con batallas con doquier, técnicas espectaculares y fantasía por todas partes. El dibujo es claramente ochentero, pero ha envejecido muy bien en general y la acción es dinámica y (literalmente hablando) brutal. Si crees que puede interesarte una historia sobre un chico que pasa casi todo el rato discutiendo con su brazo mutante, dale una oportunidad.

Una última curiosidad, ahora que has llegado hasta aquí. El anime tiene como opening una canción llamada Let Me Hear, de un grupo llamado Fear and Loathing in Las Vegas. Es casi toda en inglés, pero tal como es la voz del cantante, seguramente no entiendas ni una sola palabra si la oyes… Y sin embargo, tiene toda la pinta de estar compuesta expresamente para la serie. Busca la letra en Internet y lee, porque sospecho que han captado la esencia de la serie mejor de lo que yo podría hacerlo.

Lo mejor
  • Los protagonistas. Miggy es el contrapunto ideal de Shinichi, y los temas que exploran son interesantes de leer, casi tanto como su relación. Los otros personajes del entorno del protagonista también son bastante agradables.
  • Los parásitos son fascinantes como personajes, plantean dudas legítimas y reflexivas, pero también funcionan como villanos aterradores.
  • La acción es dinámica y brutal, con batallas breves y estratégicas y recreaciones realistas de lo que ocurriría cuando alguien es atacado por una trituradora con patas.
  • El estilo de dibujo es sólido y el autor consigue transmitir lo que quiere con gran facilidad. El diseño de los parásitos es original y creíble, permitiendo distinguirles fácilmente incluso cuando están transformados. Además, aunque hay algún chiste verde por ahí, nunca se hace uso de fanservice visual.
Lo peor
  • El tomo pasa como la mitad del tiempo estableciendo cosas de la historia, y aunque son interesantes se podría considerar que tarda un poco en arrancar la verdadera trama.
  • Si eres muy sensible, quizá las mutilaciones y litros de sangre te impidan disfrutar la serie (aunque las hay mucho peores en ese sentido).
  • Las expresiones ochenteras en la cara de los personajes en las escenas cómicas podrían quedar un poco fuera de lugar en la obra.