Reseña: ‘Sagrada Reset’, un relato de robots… pero sin robots

Nada es casualidad, todo está calculado

Gracias a Selecta Visión, que ha emitido la serie en simulcast en su canal de YouTube, me he permitido seguir Sagrada Reset semana a semana. Y es una serie que me hace querer hablar de ella. ¿Cómo lo diría? Es… especial.

Kei Asai es un chico aparentemente normal, que vive en una ciudad muy particular: Sakurada. En esta urbe costera, alrededor de la mitad de los habitantes poseen poderes especiales. La mayoría son muy poco interesantes o inútiles. El de Kei es moderadamente útil en comparación con otros: es capaz de recordar cualquier momento que haya vivido ya que dispone de una memoria fotográfica cien por cien fiable.

Aunque muy práctico, el poder de Kei no parece nada espectacular cuando le presentan a Misora Haruki, una chica con el poder del Reset. Este es un concepto que se deriva de los videojuegos, con el que todos hemos fantaseado y con el que muchos autores han jugueteado ya antes. ¿Os imagináis poder guardar partida en la vida real y resetear cada vez que algo no vaya como vosotros queréis? Sin embargo, el poder de Haruki resulta inútil para ella, ya que también olvida todo lo que había hecho tras guardar la partida. Y por supuesto, ahí está el motivo por el que nuestros protagonistas deben trabajar juntos. Sus poderes se complementan, qué casualidad. El Reset también tiene una serie de normas, que pueden resumirse en que sólo se puede resetear una vez por cada vez que guardas, evitando así bucles infinitos.

No voy a engañar a nadie. Cuando empecé a verla, me pareció una serie muy mala. Estuve a punto de dejarla tras el primer capítulo. ¿Por qué no lo hice? Porque me engancharon los diálogos. Nunca había visto diálogos tan pésimos, tan mal escritos. Me parecía como si el autor (la serie está basada en novelas ligeras) fuese una persona que lleva años encerrada en casa y se hubiese olvidado de cómo se expresan dos seres humanos en la vida real. En Sagrada, los personajes se lanzan una y otra vez a la cara preguntas absurdas, conceptos rebuscados y calificativos personales incómodamente directos. Era todo tan surrealista que no podía evitar la risa; la clase de cosa tan mala que se vuelve buena. Seguí viendo la serie sólo porque me resultaba fascinante su artificialidad, y porque el protagonista menciona a Asimov en una escena.

No fue por los personajes, eso desde luego. Kei es un Gary Stu al cuadrado, Haruki una kuudere sin alma cuyos sentimientos sólo afloran gracias a él (algo que ya nos hemos hartado de ver en muchas otras series) y la tercera en discordia, y más interesante de los tres, Sumire Souma, quien se ocupa de presentarlos y tiene un aspecto de manipuladora que no puede con él… desaparece de escena muy pronto (aunque más adelante aprenderemos mucho de sus motivaciones y objetivos a través de recuerdos). A pesar de que nos venden a Kei como un personaje justo, su moralidad y sus métodos son siempre muy discutibles, tanto que a menudo el sentido común te hace ponerte en su contra, y tiene unas desagradables tendencias autodestructivas.

Además, el primer caso que solucionan con sus poderes también parece muy forzado y, a medida que avanzaba la serie, noté que casi todo el mundo en el grupo de amigos/conocidos con poderes de Kei eran chicas. ¿Un harén? Lo que faltaba. Parece que con esta serie todo sean argumentos en contra. ¿Merece la pena verla sólo porque los diálogos sean graciosos? En absoluto.

Resulta que, sin embargo, me di cuenta de que el autor de la novela se estaba riendo en mi cara y no al revés. Me di cuenta de que las conversaciones no eran artificiales porque fuese malo escribiendo diálogos, sino porque nunca tuvo ningún interés en que fuesen creíbles para empezar. Estaba deshumanizando a propósito a los personajes y utilizándolos para monologar sobre diversos conceptos. Era algo estudiado: siempre que un personaje decía algo normal, otro le salía por los cerros de Úbeda. Eso era lo que me había hecho reír al principio, el hecho de que las conversaciones sean anticlimáticas, y Yutaka Kono (que es el autor) lo convierte en una especie de arte. ¿Que casi todos los personajes son chicas y parecen girar en torno al protagonista? Sí, y el escritor no se esfuerza en ocultarlo. Está creando una especie de harén alrededor de Kei… Pero es más que nada porque lo hacen casi todas las novelas ligeras. Sin embargo, estas chicas no están sexualizadas, hay cero fanservice y a duras penas se las muestra como opciones románticas. Para el autor, son sólo personajes con poderes curiosos que sirven para tareas variadas en la historia, y cuando hablan no son más que voces en su cabeza expresando diferentes puntos de vista sobre la vida. Podrían ser todos chicos o un casting equilibrado y no cambiaría nada excepto que atraería menos al consumidor de esta clase de producto. Por eso sospecho que al señor Kono, sencillamente, le traía sin cuidado el género de los personajes y optó por lo más comercial.

Os voy a citar la prueba más clara de que este autor se ríe de su público. Los primeros arcos de la serie están centrados en la idea de que hay una piedra (una piedra normal y corriente, un guijarro de la orilla del río) que  permite controlar todos los poderes de la ciudad. Diferentes personajes están dispuestos a conseguirla a toda costa, y esto hará que Kei y Haruki se vean obligados a espabilar e intervenir en la trama. ¿Cuál es el nombre la dichosa piedra? MacGuffin. Si eso no es tomar el pelo al espectador, no sé qué es.

Lo peor es que la historia se pone interesante a los pocos capítulos. Tenemos una Administración que viene a representar el gobierno de la ciudad y se ocupa de impedir que la gente abuse de sus poderes. Son autoritarios, indolentes y bastante incompetentes. No se puede decir que sean malvados a propósito, pero cumplen la función de villanos a menudo. Enseguida, entre gente que va por libre y agentes de la Administración, se lían unos fregados tremendos y se vuelve muy entretenido ver cómo Kei se las ingenia para resolver las situaciones y hacer frente a poderes específicos a base de resetear, manipular y maquinar. Con las habilidades adecuadas, se puede hacer prácticamente de todo. Sólo hay que saber cómo aunarlas y se emplean algunas combinaciones  ingeniosas (si somos capaces de seguir el hilo de las líneas temporales, las múltiples conciencias y el resto de la parafernalia, claro está). Para cuando añaden a la mezcla planes tan intrincados que hacen parecer un amateur al propio Light Yagami, ya estaba enganchado.

El guion tiene todos los fallos expuestos arriba, algunos de ellos garrafales, y cualquiera con sentido común querrá abofetear a algún personaje (a Kei o a alguien de la Administración) al menos una vez por capítulo. En el resto de aspectos es destacable, en realidad: la animación es buena (aunque no es una serie que requiera animar grandes batallas ni nada por el estilo, lo que quizá les permita centrarse en otras cosas), la música es muy emotiva y el doblaje (sólo en japonés, claro) también muy satisfactorio. Voy a destacar en especial el trabajo de Aoi Yuuki, la actriz que da voz a Sumire Souma, porque su interpretación es brillante. Es capaz de sonar melancólica, risueña y burlona todo a la vez sin despeinarse. El resto de actores también son muy buenos, pero nadie se le acerca.

También voy a subrayar la calidad de la traducción de Selecta, tanto en los diálogos como en (aunque suene raro) las canciones de los openings y endings. Se ha optado por una forma bastante libre, con letras que encajan a la perfección en la métrica japonesa, de forma que puedes cantarlos en español si te da por ahí y sonará bien. Todo sin perder el mensaje general de las canciones. No es más que una curiosidad, pero lo cierto es que ha vuelto la experiencia más divertida.

He de decir que hay romance (cómo no…) entre los personajes principales. No es una trama tan interesante como los poderes, las estrategias y las conversaciones abstractas, pero ahí está y la historia le da importancia. No conformó un elemento que me llamese la atención, y no creo que los fans del género romántico encuentren aquí nada que no hayan visto antes en otros lados. Además, siendo los personajes tan artificiales, que no quepa duda de que va a tener momentos muy forzados. Pero bueno, en las etapas finales de la serie está llevado con mayor naturalidad y se vuelve hasta satisfactorio, por mucho que se pueda eliminar sin que cambie nada.

La mayor parte del público de esta serie habrá visto en ella una típica historia romántica adornada con elementos sobrenaturales. A mi me ha parecido una mezcla entre experimento narrativo y parodia afectuosa de las convenciones de las novelas ligeras, condimentada con muchas idas de olla y disfrazada de harén del montón. Me he divertido mucho con ella, he estado enganchado, la he esperado cada semana; lo que no significa que vaya a estar ni de lejos entre mis series favoritas. Es posible que de aquí a seis meses me haya olvidado de que existe. Pero la serie prueba que puedes convertir un producto genérico en algo mucho más interesante si lo ejecutas de forma poco convencional.

Para mí es, dejémoslo así, un placer culpable.

Lo mejor
  • Las conversaciones, un desvarío constante que poco tiene que ver con el modo en que dos personas se comunican en la vida real.
  • Los poderes, los interesantes modos en que pueden combinarse entre ellos y las intrincadas estrategias para sacarles provecho.
  • El personaje de Sumire Souma, en parte gracias a su excelente actriz de voz.
  • La animación y banda sonora, y el apartado técnico en general.
  • La traducción de Selecta Visión.
  • Ausencia de fanservice.
Lo peor
  • Las conversaciones.
  • Los personajes, artificiales, petulantes y muy poco identificables.
  • El romance predecible y forzado.
  • Arcos, en especial los primeros, que no enganchan.
  • El protagonista obedece a la figura del héroe de novela ligera a lo SAO o Mahouka con un montón de chicas cuyas vidas parecen girar en torno a él.



  • A………….A

    O sea es tan mala y ridicula que hace gracia.
    Conociendo el género creo que no fue algo forzado porque se toma a si misma en serio.

  • Ismael G. M.

    Es decir, que en realidad era una trolleada.