Análisis: ‘White Day: A Labyrinth Named School’, ideal para Halloween

Y no solo para Halloween

Halloween está aquí y hemos aprovechado para analizar un título que podría estar bien para pasar esta noche… o cualquiera. White Day: A Labyrinth Named School es el remake para PlayStation 4 y PC de un popular juego coreano de ordenador que salió originalmente a la venta en el año 2001. Han pasado dieciséis años desde entonces y, en agosto de este año, PQube ha traído a occidente la versión mejorada.

Para hacer este análisis se ha jugado a la versión de PlayStation 4.

Todo empezó con un diario

Lee Hui-min es el nuevo alumno del instituto Yeondu. Un día se encuentra el diario de Han So-young, la chica que le gusta (a él y a todos, por lo visto) y decide que es una buena excusa para colarse en el instituto de noche y dejárselo en su pupitre, junto con una caja de dulces. ¿Por qué dulces? Quizás sea casualidad, quizás el destino… El caso es que se trata de la víspera del White Day y nuestro protagonista reconoce una oportunidad cuando la ve.

Un detalle que es posible que el nuevo estudiante de Yeondu desconociera era que el instituto cierra sus puertas al caer la noche. El pobre solo iba a devolver un diario (y a hacer un dulce regalo) a una compañera y se ha quedado encerrado. Qué mala suerte. Pronto descubrirá que no está solo: la propia So-young y otras dos estudiantes, Kin Seong-ah y Seol Ji-hyun, también vagan por los pasillos del lugar… además de dos conserjes sedientos de sangre armados con sendos bates de béisbol y una horda de fantasmas.

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La historia en sí parece muy simple y, durante el inicio del juego, da la impresión de que es poco más que una excusa para que Hui-min pase una noche de infarto huyendo de espíritus y conserjes por igual. Según avanzamos, sin embargo, pequeños detalles que parecían inconexos van relacionándose entre sí y formando una historia bastante interesante. Además, mientras buscamos una salida, encontramos una serie de documentos entre los cuales se hallan las historias de fantasmas, breves relatos de terror cuyos protagonistas podremos encontrar a lo largo de la aventura.

Y, ¿qué hay del final? ¿Será Hui-min capaz de cumplir su misión? ¿Saldrá con vida del instituto? White Day cuenta con un total de ocho finales diferentes que dependerán de las elecciones que hagamos en los diálogos, así que habrá que echarle unas cuantas partidas para descubrir todos los secretos de Yeondu y de sus moradores, tanto vivos como muertos.

Objetivo: sobrevivir

White Day es un juego en primera persona en el que manejamos a Lee Hui-min. Si bien todo empezó con un diario y una caja de dulces, el objetivo real del juego es sobrevivir a la noche en Yeondu. Si fuera un instituto normal, esto sería pan comido. Evidentemente, no es el caso.

El juego está dividido en partes, al final de las cuales hay un jefe al que enfrentarse. Sin embargo, los grandes enemigos presentes prácticamente desde el inicio son los conserjes. Hay dos, uno en el edificio antiguo y otro en el nuevo, y ambos van armados con un bate. Si os ven por ahí, os perseguirán soplando un silbato y, una vez os alcancen, os golpearán hasta la muerte. Durante la partida habrá que caminar lentamente (nada de correr si no es absolutamente necesario), usar un mechero para no encender luces (alertan a los conserjes de nuestra presencia) y esconderse continuamente.

¿Cuáles son nuestras armas para defendernos de estos dos señores que quieren apalearnos? Los escondites, básicamente, puesto que no se nos permite defendernos físicamente. Solo podemos escondernos en un baño o un aula y curarnos con objetos que encontremos por ahí tirados o que compremos en las máquinas expendedoras. Y ser pacientes, claro, pues el juego nos da pistas de cuándo nos acercamos a este sanguinario par: uno de ellos cojea de forma audible y el otro silba de puro aburrimiento. La paciencia es la clave; tenemos todo el tiempo del mundo y conviene evitar encuentros innecesarios.

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Si bien hemos dicho que los conserjes se deben evitar huyendo y escondiéndose, los jefes finales se combaten con ingenio. A lo largo de nuestra exploración iremos encontrando notas y objetos que deberemos emplear para acabar con los espíritus que atentan contra nuestra vida. No es extremadamente complicado, pero hay algo que dificulta el proceso: la imposibilidad para guardar la partida desde que aparece el jefe hasta que lo derrotamos y un tiempo limitado para lograrlo.  Por suerte, esta parte del juego es la única en la que hay que darse prisa.

Como es de esperar en una aventura de este tipo, de vez en cuando nos encontraremos con fantasmas (generalmente inofensivos) que nos darán un buen susto… A no ser que estemos atentos. Y es que la aparición de estos entes cuenta como escena que nos podemos saltar y, como tal, nada más empezar aparece en la pantalla dicha opción, que ya nos avisa de que va a pasar algo.

Un detalle que hay que tener muy en cuenta en todo momento es que la partida se guarda automáticamente en ciertos puntos y que el único método de guardado manual es utilizar unos rotuladores desechables en los tablones que hay esparcidos por el instituto. Insistimos: desechables. Hay un número limitado de veces que se puede guardar, así que hay que usar los rotuladores con cabeza.

Por último, hay que decir que es importante elegir bien al principio el nivel que dificultad con el que queremos jugar. Estos van desde “Muy fácil” hasta “Pesadilla” y se diferencian principalmente por la cantidad de rotuladores que se pueden obtener, el daño que hacen los conserjes, la inteligencia de éstos y la frecuencia con la que aparecen los fantasmas. En los modos normal y de inferior dificultad, por ejemplo, aparece un dibujo de un ojo alertándonos de la presencia de alguno de los conserjes y recibiremos mensajes de texto que nos darán indicaciones por si estamos perdidos. De esta manera podemos evitar abrir una puerta y encontrárnoslo por sorpresa. Es recomendable elegir una opción que permita disfrutar del juego al máximo, puesto que la gracia es sobrevivir, no dar un agradable paseo por el instituto.

Apartado técnico

El apartado gráfico es sencillo, pero no está nada mal. Estamos ante un juego de miedo, así que no es necesario que las cosas sean preciosas, aunque sí es preciso que los objetos que nos encontramos sean reconocibles. White Day no cuenta con unos gráficos de diez, pero sí cumple los requisitos básicos que le podemos pedir. Los personajes son expresivos, los fantasmas dan miedo (o al menos, mal rollo) y las instalaciones de Yeondu son bastante realistas. Evidentemente, el 3D puede mejorar mucho, pero no hace falta para disfrutar el juego.

Por otro lado, el sonido es buenísimo y no por tener una música pegadiza. Ruidos que te ponen nervioso y hacen que no quieras girarte por miedo a lo que vayas a encontrar, el viento golpeando contra las ventanas, algún que otro trueno… Incluso los pasos del personaje que manejamos son suficientes para tenernos en tensión. Aunque lo que más nos interesa es estar atentos al sonido de los pasos, las llaves y los silbidos de nuestros amigos los conserjes. Es impensable plantearse jugar White Day con el volumen a cero.

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El título, por otra parte, ha llegado a occidente con audio en inglés y coreano y con subtítulos en varios idiomas, entre ellos el castellano. El doblaje es bastante bueno… Pero no se puede decir lo mismo de los subtítulos en castellano. Resulta algo desconcertante escuchar algo en inglés que no se parece en nada al texto que estás leyendo. Además, de vez en cuando es habitual encontrarse algún error tipográfico o cambios bruscos de registro que una persona no haría.

Posiblemente uno de los peores aspectos del juego junto a la traducción en castellano es que, una vez te han explicado cómo se usa un objeto, ya no volverá a aparecer dicha explicación. En muchos juegos, al buscar en el inventario, lo habitual es que aparezca una explicación de qué es, para qué sirve y con qué botón se usa. Aquí no tendremos lo último. Si nos saltasmos la pantalla que dice que el mechero se enciende y apaga con R1, por ejemplo, tocará usar todos los botones hasta dar con él… y quizá en el camino atraigamos la atención de un conserje sin querer.

Conclusiones

White Day no destaca especialmente por dar sustos a pesar de estar plagado de fantasmas. En su lugar, da mucho mal rollo, te tiene en tensión constante, te obliga a pensar y constituye un verdadero juego de supervivencia.

El apartado gráfico es bueno, aunque no destacable (ni de manera positiva ni negativa), a diferencia del magnífico sonido que aporta un ambiente que quizás no sea escalofriante, pero sí te hace dudar de todo lo que oyes. ¿Ese ruido son nuestros pasos? ¿Seguro que eso es solo el viento? ¿De verdad que no aparecerá alguien si nos giramos? Con semejantes efectos, no hace falta música que nos acompañe en nuestra aventura.

La otra cara de la moneda, como ya se comentó, son las traducciones que no se corresponden con el audio, una historia que tarda en desarrollarse, los errores tipográficos y ciertas indicaciones que no es posible volver a ver si la primera vez no quedó algo claro.

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A quien le gusten los juegos de supervivencia seguro que disfrutará de White Day y se lanzará a hacer todas las rutas. Son un total de ocho y cada una dura entre cinco y ocho horas, según la dificultad y el rato que pasemos esquivando a los conserjes. Esto hace que, si bien es un juego corto (ocho horas se pasan volando), es potencialmente largo.

Como conclusión, se puede afirmar que White Day: A Labyrinth Named School es una buena opción para jugar en Halloween, en alguna noche de lluvia y viento o en cualquier momento. Los sonidos y la sensación continua de peligro harán que hasta un bello día de primavera se convierta en una terrorífica noche en el misterioso instituto Yeondu.

White Day: A Labyrinth Named School está disponible para PC y Playstation 4.