Reseña: ‘Armamento Alquimista’, de Nobuhiro Watsuki

Cuando intentas parodiar a los shônens y te sale mal

Armamento Alquimista (del japonés Busô Renkin, «arma alquimia») es una obra de Nobuhiro Watsuki, el reconocido autor de la famosa serie de samuráis Rurouni Kenshin. Se publicó en 2003 tanto en Japón como en España por Shônen Jump y Planeta DeAgostini, respectivamente, después de Rurouni Kenshin. Sin embargo, y a pesar de que la ópera prima de Watsuki ya le había hecho famoso, los diez tomos de Armamento Alquimista no obtuvieron tanto éxito.

El planteamiento no es muy novedoso. De hecho, la historia es más que conocida: monstruos malignos, la humanidad en peligro y un grupo de luchadores que deben enfrentarse a ellos en secreto, en este caso guerreros alquímicos. Sin embargo, la gracia de Armamento Alquimista se encuentra en su forma de narrar esa historia, que intenta parodiar los clichés del género shônen, como son las armas con nombres divertidos, los personajes que gritan sus ataques al enemigo, o un capítulo especial ambientado en la playa.

Un ejemplo lo encontramos en el mismo principio: Kazuki Muto es un estudiante de dieciséis años normal y corriente del instituto privado Ginsei. Una noche presencia cómo un monstruo está a punto de atacar a una chica indefensa, de modo que decide interponerse entre la criatura y ella… y muere atravesado. Tal cual.

Kazuki despierta ileso al día siguiente y lo asocia todo a un sueño, salvo que no lo es. Realmente murió y en vano, pues la «chica indefensa» era en realidad una cazadora de monstruos que trataba de tenderle una trampa al que lo mató. Conmovida por su valentía (y su estupidez), Tokiko Tsumura resucita a Kazuki mediante el poder de la alquimia y le da una segunda oportunidad para vivir.

La gracia es que el kakugane, el objeto mediante el cual Kazuki puede seguir con vida, se convierte a su vez en un arma alquímica, lo único capaz de destruir a los monstruos devoradores de hombres que acechan por todo el mundo disfrazados de humanos: los homúnculos. Kazuki, deseoso de aprovechar su nueva vida y proteger a su hermana menor Mahiro, decide aprender a luchar y convertirse en un guerrero alquimista como Tokiko.

Pero en Armamento Alquimista, la parodia se convierte en un arma de doble filo. Por una parte, las pullas están bien dirigidas y resultan cómicas; por la otra, la historia termina cayendo en los mismos tópicos que critica.

Hablemos de los personajes, el ejemplo más claro:

Kazuki es el típico héroe del shônen. Albergaba alguna esperanza para él tras su muerte en la primera página del primer capítulo, pero una enseguida se da cuenta de que no tiene salvación. A los dos días de recibir su arma alquímica ya se enzarza en entrenamientos autodidactas y es capaz de derrotar homúnculos él solito. Watsuki se empeña en que tenga un desarrollo y una evolución profunda desde que pone fin a la vida del primer homúnculo al que se enfrenta, pero el resultado queda muy poco natural.

Además, por si le faltaba algo más de «especialidad», el gran misterio de la trama está relacionado directamente con él y con su naturaleza.

Tokiko, como buena coprotagonista, es la antítesis de Kazuki. Su oscuro y traumático pasado la persigue allá donde va y es lo que la ha impulsado a convertirse en una de las mejores guerreras alquimistas. Eso sí, cuando hay que dejarle páginas al novato de Kazuki para lucirse, no le cuesta nada recibir heridas. Es una tsundere, característica que se enfatiza a medida que Kazuki y ella se van enamorando.

Como apunte, su relación es tan forzada como las evoluciones de ambos e igual de innovadora. Y, por si fuera poco, tóxica. En cierto capítulo, Tokiko le dice que, si él muere, ella también morirá.

Koshaku Chôno, alias Papillon o Papillon Mask, es el principal antagonista de Kazuki, si bien no el gran villano de la historia. Se trata, con toda probabilidad, el personaje mejor desarrollado de Armamento Alquimista. Es un chico superdotado pero enfermo terminal, y quiere convertirse en homúnculo para que su cuerpo se vuelva inmortal. Es el creador de los homúnculos que vagan por la escuela Ginsei, y responsable indirecto de la muerte de Kazuki.

Una de las cosas más sorprendentes de este manga es, por cierto, la ausencia casi total de fanservice femenino, mientras que el masculino abunda, siendo Koshaku el principal ejemplo.

Mamoru Sakimori, conocido sobre todo como Capitán Bravo, hace las veces de figura paternal y mentor de Kazuki y de Tokiko. No se puede contar mucho sobre él sin entrar en spoilers importantes pero, más que un personaje, es una herramienta para que la trama avance y cumpla ciertas necesidades. Lo más destacable de su personalidad es que es una versión adulta de Kazuki, motivo por el cual se llevan de maravilla. Es además, como el propio Kazuki y como Koshaku, la representación perfecta de las parodias y el humor característicos de este manga.

Gôta Nakimura tiene un papel fundamental al de unirse a Tokiko y a Kazuki. Actúa como pieza clave para equilibrar los combates contra los homúnculos. Está enamorado de Tokiko, su compañera, y por ello desprecia a Kazuki, siendo el tercer vértice de un triángulo amoroso que nadie había pedido.

Y, por último, Victor Powered, cuyo nombre ya revela mucho sobre el personaje. Fue un guerrero alquimista muy poderoso que desapareció hace cien años. Evidentemente, regresa. Es un personaje cargado de spoilers, y cobra gran relevancia en el último arco del manga, casi tan Gary Stu como Kazuki.

Armamento Alquimista presenta muchos personajes secundarios muy diversos, y el autor emplea una generosa cantidad de páginas en cada tomo para hablarnos de ellos, de su proceso de creación y sus características. Por desgracia, la gran mayoría —en especial los homúnculos, con la excepción de Washio— son, sin ir más lejos, de relleno. Tanta información innecesaria interrumpe el ritmo narrativo de la obra, que tampoco es que sea excelente. Eso ocurre en especial durante los primeros tomos, en los que Watsuki se queja de la falta de espacio y de la distribución de los capítulos. De hecho, se queja mucho y de muchas cosas. Por irónico que parezca, una de las protestas más recurrentes del autor es que apenas puede desarrollar a los personajes, mientras que hace poco para remediarlo.

A medida que avanza la historia, por suerte, el infodumping desaparece y el manga adopta un cariz más serio. La intención de parodiar termina y da paso a otro shônen más lleno de tópicos y clichés, lo cual es una auténtica lástima.

A pesar de todo, no es un mal manga. El concepto de la alquimia es algo distinto al que se acostumbra a tratar, es sencillo de leer y tiene un humor muy simpático, ideal para pasar un buen rato. El dibujo no es muy distinto al de Rurouni Kenshin, limpio y de trazos dinámicos, y resultará atractivo al público adolescente, como todo buen shônen.

Lo mejor
  • Escenas dinámicas y bien dibujadas
  • Parodia (en ocasiones acertada) a los clichés del género shônen
  • Falta de fanservice femenino
Lo peor
  • Personajes mal construidos
  • Cae en muchos de los tópicos que critica
  • En ocasiones, falta de coherencia
  • Puede dar la sensación de estar hecho con prisas e improvisado
  • Romance forzado, tóxico e innecesario



  • Ismael G. M.

    Pensaba darle una oportunidad luego de haberlo abandonado hace años, pero ya con lo que leí tengo suficientes motivos para pensar que no.

    • Blue Simplicity

      Si te ríes con su humor, podrías intentar dársela. Claro que, si lo abandonaste, motivos tendrías y quizás no es muy recomendable…

      De todos modos, ¡gracias por leer!