Reseña: ‘Tongari Booshi no Atorie’, dibujando magia

If I can just save mom, I'll do anything!

¿Cuántas historias sobre niñas brujas conocemos? Bastantes. Se nos puede venir a la cabeza Nicky la aprendiza de bruja, Little Witch Academia o Harry Potter. Tongari Booshi no Atorie, de Shirahama Kamome, traducido como Atelir of Witch Hat (o el Taller del Sombrero Picudo/de Bruja, quizás) puede ser una más pero, desde luego, sabe establecer dónde está su encanto.

Coco es una niña que es, no encuentro otra palabra, fangirl de la magia. De pequeñita un brujo le dio un libro de magia, que la fascinó por lo chispeante y bonita que resultaba. Desde entonces intentó una y otra vez aprender a hacerla con el libro como referencia, pero sus intentos fueron tan infructuosos que acabó por resignarse al hecho de que se nace bruja, no se hace.

Sin embargo, las cosas cambian cuando el brujo Qifrey llega a su casa. Allí Coco ayuda a su madre, una hábil modista a la que acuden incluso las damas de las clases altas, y un día se rompe un carrujae volador. Qifrey, un joven tranquilo y encantador, que había admirado la mano firme de Coco para dibujar, se revela como un verdadero brujo y se ofrece a arreglar el carruaje. Aunque instruye a Coco para que nadie entre a la habitación donde realizará su magia, la niña es incapaz de soportar su curiosidad —y más cuando otros dos niños intentan colarse—.

¿El resultado?

La magia consiste en escribir y dibujar. Coco ve el cielo abierto. ¡Con el libro puede aprender a hacer todo lo que quiera! Por desgracia, jugar con la magia es peligroso y hay motivos por los que las brujas decidieron impedir que la mayor parte de la población accediera a ellas. Ignorante de todo eso, Coco empieza a dibujar sin pensar. Qifrey llega justo a tiempo para evitar que el hechizo se la trague. Sin embargo, su madre no tiene la misma suerte y queda petrificada. Para colmo, Qifrey no sabe cómo deshacer el hechizo sin verlo, lo cual es imposible porque ha quedado dentro de la casa, aislada por la magia. Pero, en vez de borrarle la memoria a Coco, Qifrey decide tomarla de aprendiz cuando descubre que un brujo le entregó el libro de hechizos cuando era pequeña.

Desde ese momento, comienza la vida de Coco como aprendiz de bruja y la carrera por intentar salvar a su madre.

La historia es simple, pero efectiva. Se desarrolla sobre todo gracias a las personalidades de los personajes y una lenta pero hermosa construcción de mundo. La parte más importante es, claro, la magia. Durante los primeros capítulos aprendemos las reglas de su dibujo (tales como que, si exageras una línea, tu magia de aire puede salir disparada como un torpedo) más básico y contemplamos los conjuros más complicados y elaborados, preguntándonos cómo funcionarán. Es muy fácil empatizar con la protagonista, porque Coco ha empezado muy tarde a aprender magia, al contrario que sus tres amigas (todas tienen 12 años) y eso la aparta de ellas por su desconocimiento y torpeza inicial. En particular Agete, una chica orgullosa, siente rabia porque esté intentando alcanzarlas sin más cuando ellas han trabajado tanto desde pequeñas para están donde están… Y meterá a Coco en más de un lío. Por suerte Tetia, sonriente e hiperactiva, será un buen apoyo para Coco.

Por otra parte, la evolución de Coco es maravillosa. Está lejos de ser una genio, sus manos tiemblan y fallan cuando intenta dibujar con pluma y en general es toda sonrisas e ilusión. Si avanza es por amor y devoción, no porque sea la protagonista. En todo caso tiene alguna pequeña ayuda para paliar su ignorancia mágica, y eso son los años de trabajo, que le han dado un pulso firme dibujando patrones sobre ropa, lo cual la sacará de un importante atolladero.

Entre tanto, la trama se va tejiendo con lentitud. Nos asomamos a una reunión de brujas y nos enteramos de que hay cierto grupo que promueve la violencia mágica. Qifrey sospecha que el brujo que le entregó a Coco su libro podría pertenecer a él; sería la primera vez que tendrían un hilo de unión con los mismos. La intuición de Qifrey no está desencaminada, pues volvemos a ver al responsable poniendo a prueba a Coco, al parecer sin importarle que arriesgue su vida y la de sus amigas.

Pero estos elementos están más de fondo y lo que predomina es el día a día, cómo Coco y sus compañeras, en particular Tetia, van superando sus propios prejuicios para aprender a apoyarse las unas a las otras.

Sin duda, el diseño es lo que más brilla. Es preciosista hasta el extremo, con un nivel de detalle y un estilo que hacen evocar manuscritos antiguos pero sin que deje de resultar moderno. La mangaka adopta una narración suave y en absoluto pesada, a pesar de que podemos perdernos en sus páginas para descubrir el mimo que se pone a cada rincón. Los movimientos son gráciles, la acción también y las expresiones hablan por sí solas sin necesidad de brillitos exagerados. Kamome, además, ha trabajado para Marvel, de modo que podemos echar un vistazo a la variedad de personajes que tiene en su página y saber que no solo dibuja niñas encantadoras (aunque tengan pinta de ser su debilidad, en especial tras leer la obra con la que debutó).

Tongari Booshi no Atorie no es una obra innovadora, ni pretende serlo. Es un mundo creado con mimo, fácilmente reconocible y con unos personajes que empiezan desde ideas simples pero que, por eso, pueden tener un gran potencial en el futuro. No es un manga para romperse la cabeza pensando, recuerda más al estilo de Bride Stories, en el que lo que importa es disfrutar de las maravillas que se nos van a mostrar. ¡Recomendable a todo aquel que guste de buen dibujo, personajes adorables y magia! ¡Mucha magia!

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.

Lo mejor
  • Precioso dibujo
  • Personajes encantadores
  • Mundo cohesionado
Lo peor
  • Es una historia muy simple que no atraerá a quienes busquen (al menos al principio) grandes tramas



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.