Reseña: ‘El último vuelo de las mariposas’, de Kan Takahama

"Adiós, Konoha. Volveré otro día."

Hace un tiempo anunciamos la publicación de Chou no Michiyuki bajo el título de El último vuelo de las mariposas, de la autora Kan Takahama. Takahama, que ya ha publicado diversas obras en España, vuelve a repetir con la editorial Ponent Mon.

El último vuelo de las mariposas es un tomo único muy rápido de leer —consta sólo de ocho capítulos— ambientado en siglo XVII, en los años de transición entre la era Edo y la era Meiji y la llegada de los holandeses a Japón. La protagonista es Konoha (apodada Kichô) una prostituta del barrio rojo de Murayama. Desde joven, Kichô ha destacado por su belleza y su habilidad en el trabajo. No rechaza a ningún cliente adinerado, sea japonés u holandés, y tiene fama de «serpiente»: te atrapa antes de que te des cuenta. Una vez prendado de ella, te ves obligado a volver hasta arruinarte.

Entre sus clientes se encuentra el doctor Toon, un médico holandés de Dejima con el que mantiene una gran amistad. La raíz de su relación se encuentra en el hermano de Konoha, Genichirô, que está gravemente enfermo de cáncer cerebral y es paciente del doctor Toon. Mientras, el hijo de éste (el sobrino de Konoha, Kenzô), empieza a estudiar medicina con el doctor. Sin embargo, Konoha siempre se sobresalta cuando alguien menciona a sus familiares, ya que aunque les envía el dinero que gana en secreto, nunca va a visitarles…

Por si esto fuera poco, Konoha esconde muchos misterios tras su aspecto de muñeca. Tiene amplios conocimientos de medicina —le salva la vida a uno de sus clientes—, y resulta que, tiempo atrás, alguien compró su libertad, pero regresó a la horrible vida en el prostíbulo al cabo de pocos meses.

En Maruyama mienten hasta los hyôshigi

La historia es corta y sencilla, y es muy rica en simbolismo y metáforas. La más importante, cuyo significado se pierde en la traducción, la encontramos justo al principio en la aparición de la mariposa. El nombre de la mariposa en japonés es kichô, si bien el de la protagonista se escribe con distintos caracteres. Por tanto, ya desde el principio se nos deja caer que El último vuelo de las mariposas, cuyo título parece tan fuera de lugar al terminar el manga sin leer el epílogo, tiene como tema principal la evolución de Konoha, su travesía. Su vuelo.

En cuanto a predictibilidad, cabe decir que esta obra no nos sorprenderá por sus giros argumentales, al no ser este su objetivo. Se centra más en el amor, la enfermedad, el paso del tiempo y la realidad a la que se enfrentaban las cortesanas en el siglo XVII de una forma bastante realista e históricamente correcta. Todos los establecimientos e incluso el personaje del doctor Toon (Antonius Franciscus Bodwin) existieron de verdad.

Pero lo que más llama la atención a simple vista es el dibujo. El estilo de Kan Takahama es maravilloso y en El último vuelo de las mariposas más, si cabe. Las páginas tienen siempre el fondo oscuro, una indirecta al cariz que adopta la historia, y los personajes aparecen retratados siempre de forma única, haciéndolos fáciles de diferenciar incluso entre las geishas. El contenido sexual no se acerca ni por asomo al fanservice, y Takahama retrata siempre con mucha dignidad los desnudos con las ideas de la belleza y la humanidad presentes antes que la de la sexualización.

Y es que la historia en sí es muy respetuosa. Por supuesto, aparecen personajes que se refieren a las cortesanas de manera despectiva, e incluso alguno que intenta aprovecharse de una de ellas engañándola, pero la obra está exenta de putofobia y de misoginia en general.

El final es, probablemente, lo que más puede llegar a decepcionar por su pesimismo. El último vuelo de las mariposas no es una historia feliz y desde luego no complace todos los gustos. Es dura y es cruel sin necesidad de mostrar violencia o abusos. No es un manga convencional. La belleza y la sensualidad con las que se enmascara la tragedia hacen de él una obra especial, vuelven agradable lo desagradable y crean una historia muy bonita, pero que romperá algún que otro corazón.

Lo mejor
  • Un estilo de dibujo precioso
  • Fidelidad histórica
  • Personajes bien tratados
Lo peor
  • Falta de profundidad en ciertos temas
  • Final demasiado abierto



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.