El romance de Utena y Anthy: 20 años revolucionando el mundo (I)

Wait for me... Utena

Utena la chica revolucionaria fue una serie que, en 1997, marcó a toda una generación. Sus lecciones morales, su simbología, el tratamiento oscuro del género de las magical girl, el acercamiento al machismo y el romance lésbico siguen sorprendiendo hoy en día. Kunihiko Ikuhara, que siempre había querido hacer una historia independiente con Sailor Uranus y Neptune, decidió recoger todas sus ideas y volcarlas en un mundo propio y original en el que no le faltaron impedimentos para llevar a cabo una relación romántica entre dos mujeres. Chiho Saito, la propia autora del manga, se negó al principio a que Utena y Anthy estuvieran enamoradas, si bien al final reconoció que las veía como un matrimonio. La serialización tuvo problemas y la televisión siempre obliga a censurar en ciertas ocasiones.

Aun así, Ikuhara logró plantar un romance hermoso y abierto, lleno de impedimentos, baches y complicaciones a superar, lo que tornó la historia de Utena y Anthy todavía más entrañable.

Ya hablamos en su momento de cómo Utena era una crítica a los roles de género y el machismo, pero quedan muchísimas cosas por tocar. Así que por su 20 Aniversario, esta vez vamos a hablaros de sus protagonistas y su romance, tan detallado y bien llevado. Un romance que luego culminará de forma todavía más obvia en la película.

Aviso de spoilers de toda la cronología de Utena

El encuentro


Utena

La serie lleva por nombre a la protagonista indiscutible de la misma: Utena Tenjou, una de las alumnas más destacadas de la academia Ohtori. Con su propio estilo, sin mucho aprecio por las estrictas normas de sus profesores, armada de un espíritu atlético y con hordas de fanáticas –sí, en femenino– a su alrededor, Utena no es una chica corriente porque ha venido a traer una Revolución que desconoce… y a convertirse en un Príncipe.

Pero, a pesar de toda su fachada de chica rebelde, Utena no ha tenido una infancia sencilla. Con pocos años de edad, sus padres fallecieron en un trágico accidente y ella se quedó tan destrozada que decidió meterse en un ataúd junto a ellos porque la vida había perdido todo su sentido: nada era eterno. Todo puede perderse en un segundo. En ese momento hicieron su aparición unos infantes Saionji y Touga (que Utena volverá a encontrarse en la Academia, obsesionados con la idea de salir del cascarón antes de morir en él -creando entonces uno de los grandes temas de la serie-, sin recordarlos) e intentaron convencerla de que saliera de su tumba voluntaria… Sin lograr absolutamente nada. Utena necesitaba ver algo eterno para poder seguir adelante, para creer que había algo en la vida que mereciera la pena.

Y entonces conoció a Dios: un príncipe joven que se preocupó por ella. Cuando Utena se atrevió a seguirlo a través de la oscuridad, él le enseñó algo que quedó grabado en el corazón de la niña: una chica siendo atravesada por espadas de odio, enfrascada en un sufrimiento eterno. Aunque Utena quiso ayudarla, Dios le explicó que nadie podía, a lo que ella reaccionó con la premisa ya conocida: se convertiría en un príncipe y volvería para salvar a la niña de su sufrimiento.

Así pues, el sello se pactó con un anillo. Un anillo con el emblema de una rosa. Uno que marcaría para siempre el futuro de Utena y guiaría sus pasos hacia la Academia Ohtori.

Pero… ¿cómo fue todo desde el punto de vista de Anthy?

Anthy

Para entender la importancia de Utena para Anthy, tenemos que remontarnos al pasado de ésta última. Anthy vivió siglos antes de que Utena naciera y era la hermana de Dios o, como le conocemos mejor en la serie, Akio. Como buen príncipe, este vivía por y para ayudar a los demás —concretamente, para rescatar a las hijas de los demás—, y se dejaba la piel hasta el punto de casi morir por agotamiento. El propio Akio nos cuenta que, entonces, Anthy era prácticamente una diosa, y decidió sellar los poderes de Dios con tal de salvarle la vida. Eso provocó que su hermano no pudiera ejercer más el papel de príncipe salvador. Como consecuencia, la humanidad se enfadó, responsabilizó a Anthy y la asesinó.

No contentos con eso, Anthy fue condenada a un sufrimiento eterno. Durante años y años, fue atravesada una y otra vez por las espadas del odio de los humanos, y su hermano no hizo nunca nada al respecto. Bien porque no podía, bien porque no quería. Con el tiempo, la primera excusa se convirtió en la segunda.

Y todo habría seguido así de no ser porque, un día, Dios trajo a Utena ante una Anthy malherida y desprotegida, todavía con el aspecto de una niña pequeña. Él, por su parte, mantenía todavía su imagen de príncipe, lo cual nos indica que los abusos sexuales aún no habían tenido lugar. El cuerpo de Anthy aparecía atravesado por las espadas y sostenido sólo por ellas. Tendría que estar muerta. Lo estaría si no fuera tan poderosa. Pero su cuerpo acabará en un ataúd que encontramos al final de la serie; un símbolo recurrente en Utena, pues, como acabamos de ver, nuestra protagonista empezó su historia dentro de uno.

¿Qué significó para Anthy que Utena quisiera ser su príncipe? Esperanza, sin duda. Tendría que esperar todavía unos años a que Utena fuera lo bastante mayor, pero por primera vez tenía la certeza de que alguien iba a salvarla. En el último arco de la serie, Akio le dice a Utena que Anthy sólo podía ser salvada por el príncipe en el que confiara. La confianza en Akio —pues Dios dejó de existir— había desaparecido porque él nunca la ayudó, pero ahora estaba Utena.

Así pues, Anthy la recordó. Y cuando volvió a verla en el Coliseo de los Duelos, en el enfrentamiento contra Saionji, Utena peleaba por Wakaba y no por ella.

El arco de los duelistas


Utena

Cuando comienza oficialmente la serie, Utena es una adolescente de 14 años que quiere comerse el mundo y que ha olvidado a Anthy. A pesar de esto último, todavía permanece en ella la idea de ser un príncipe, por lo que se viste con un uniforme bastante masculino, pero se siente insultada si le dicen que es como un chico. Utena busca el rol, no ser un hombre.

Así pues, no reconoce a Anthy en su primer encuentro oficial. Sin embargo, el aroma de las rosas le trae recuerdos. Además, descubre que no es la única que lleva un Sello de la Rosa adornando su dedo… aunque no tiene ni idea de lo que significa ni entiende lo que está pasando. Aun así, acaba metiéndose de lleno en el juego de Akio cuando acude a ayudar a su amiga Wakaba. Entonces, en cierto modo, la historia se repite: Utena es una persona noble y justa y siente por Anthy cuando ve cómo la maltrata Saionji. Su vena impulsiva la lleva a actuar sin reflexionar y se enfrenta a Saionji.

Tras vencer, Anthy pasa a seguirla incondicionalmente, lo que implica un cambio de clase de la propia Anthy para poder estar con su dueña y un nuevo cuarto en el que pasan a vivir las dos. Utena hace preguntas a Anthy que no reciben respuesta y nuestra protagonista no siente mucho interés por el sistema de duelos. Cuando Saionji decide recuperar a Anthy, Utena piensa en perder a propósito porque no le interesa todo el tema de la Prometida de la Rosa… pero es incapaz de traicionar su forma de pensar y gana otra vez, reaccionando ante la actitud posesiva de Saionji. Luego le asegura a Anthy que lo ha hecho por su mascota, Chu-Chu, pero nosotros sabemos la verdad.

Se ha creado un vínculo entre ambas, pero Utena todavía no quiere rendirse. Por ejemplo, se niega a aceptar estar prometida con una mujer, ni tampoco que esta la trate como si fuera su señora.

A pesar de las apariencias soy una chica totalmente normal. No quiero una prometida, ¡todo lo que busco es un chico normal!

Aunque Utena generalmente va contra las normas impuestas en la Academia, parece aplicarlas sin pensar a los demás, en concreto a Anthy con la cuestión social: solo Utena parece ser la excepción a todo, algo que, aunque pueda tener una lectura egoísta, es debido a su inocente forma de pensar. No acepta que Anthy deba ser su prometida solo por ganar un duelo, porque le roba la libertad, así que la anima –obliga– a conocer gente y a hacer más amigos, pasando tiempo con Wakaba o con Miki. La anima a acudir a una fiesta en la que, al final, Utena debe reaccionar y cumplir su papel de príncipe salvador, librando a Anthy de ser más humillada públicamente. Pero no aprende nada de la experiencia. Utena no se da cuenta de que está imponiendo sus ideas sobre Anthy, haciendo oídos sordos a lo que sucede a su alrededor.

Aun así, se va forjando poco a poco una amistad entre ellas –algo fría y distante en un principio–, duelo tras duelo. Pasan la mayor parte del tiempo juntas, cada una conoce ya la rutina de la otra y Utena es cada vez más consciente de que debe salvar a Anthy… porque ella ha decidido ser un príncipe. Continúa con esa idea sin saber el daño que le está ocasionando a Anthy sin querer.

Hasta que llegamos al duelo con Touga, en el episodio 11.

Utena empieza a dudar si realmente puede convertirse en un príncipe. Se siente confundida al creer que Touga es el que le dio su anillo siendo pequeña y estas dudas la llevarán a perder contra él en el duelo… y queda destrozada, tanto en su ego como al ver la realidad de Anthy: obediencia a quien la gana en duelo. Su reacción es pasar a comportarse de forma normal, renegando de su papel como príncipe y vistiendo el uniforme femenino de la escuela. Aun así, no puede evitar seguir preocupándose por Anthy, con gestos como el de darle su pañuelo. Aquí, Wakaba pasará a actuar como la voz de la conciencia de Utena:

Touga: ¿Por qué deseas volver a batirte en duelo conmigo?

Utena: Para recuperar algo importante para mí.

Utena gana el duelo, vuelve a ser ella misma y está contenta de poder regresar a casa con Anthy. ¿Es porque Utena ya tiene sentimientos románticos por ella de forma inconsciente? ¿Ha empezado a querer a Anthy sin darse cuenta? El título del capítulo 12 deja clara esta ambigüedad: Tal vez por amistad. Tal vez.

Anthy

Para nuestra coprotagonista han pasado varios años desde su encuentro con Utena, pero no habrán sido más que un suspiro para ella. Ahora es una joven de la edad de Utena pero, al contrario que ella, Anthy cumple el estereotipo de mujer pasiva y obediente, algo que mantendrá siempre sea quien sea su duelista. Es introvertida, débil e indefensa, y apenas muestra sus sentimientos; es sumisa hasta el punto de no mover un solo dedo para defenderse de golpes.

Anthy siempre ha tenido poderes descomunales, pero la serie nos muestra que sólo los utilizó para sellar el poder de Dios. Es decir, que siempre se quedaba a su sombra. Cuando Utena la conoció, era atacada por las espadas y no podía defenderse. Ahora, en su papel de Prometida de la Rosa, tampoco los utiliza. ¿Por qué? ¿Por qué soporta situaciones como esas? Eso es algo que Utena —y buena parte del fandom— no logra comprender.

 

Mientras esperaba a Utena, Anthy ha sido sometida por Akio a incontables abusos que la han reducido a esto, a la Prometida de la Rosa. Akio la ha manipulado hasta el punto de que Anthy se cree que tiene que ser sumisa. Debe serlo, por su bien y el de él. Los duelos no son más que un juego de Akio, pero Anthy está obligada a participar de todas formas y sin quejarse. Ella es un objeto, el premio, y su dueño puede hacer con ella lo que le dé la gana. Si la golpea, se aguanta. Si quiere que sonría, sonríe. No tiene ni voz ni voto, a pesar de ser la pieza más importante y poderosa del juego de Akio. Esa es la influencia que puede llegar a tener un abusador sobre su víctima.

Pero hay una nota disonante dentro de esa sumisión, y esa es Utena. Anthy le da un trato especial desde el primer momento. Le desea suerte, por ejemplo, algo que no hace con Saionji ni con ningún otro duelista. Lo hace incluso cuando ella no es su «dueña». Son detalles nimios y que pasan desapercibidos pero con un gran significado detrás: que se acuerda.

A medida que avanza la saga, Anthy se muestra algo más cercana a Utena. Se preocupa por ella e incluso la defiende cuando Nanami la insulta. Pero no hay que olvidar que la Prometida de la Rosa siempre actuará como lo desea su dueño, aunque este no se lo diga, y Anthy tiene una gran facilidad para calar a las personas que la rodean. Cuando le confiesa a Utena que le gustaría hacer amigas y dejar de ser la Prometida de la Rosa, lo dice simplemente porque es lo que a Utena le gustaría oír. Anthy odia las multitudes. ¿Cómo no iba a odiarlas? Pero lo dice de todas formas porque, cuando vio que Utena no la reconocía, Anthy debió de perder la esperanza. Se encerró en su papel de Prometida y no se molestó en explicarle nada. No se atreve a alejarse de Akio para confiar del todo en ella, y todavía falta para que desarrolle sus propios sentimientos.

Cuando Utena pierde el duelo contra Touga, Anthy se mantiene cordial con ella, al igual que con los demás estudiantes. Siente lástima por ella, piensa que todo su esfuerzo es en vano y que es una ilusa. Sólo es una chica. Una niña sin experiencia, y ella no debió esperar nunca nada más.

Y, a pesar de eso, la echa de menos. Se imagina que está con ella cuando Touga la deja sola. Algo sorprendente, porque ha pasado muchísimo tiempo desde que Anthy quiso a alguien. Anthy se encuentra deseando regresar con Utena, aunque eso rompería las normas del juego de Akio y los esquemas de su papel como Prometida de la Rosa.

¿Y qué hace para remediarlo? Quitarle los poderes a la espada de Touga. Facilitar la victoria de Utena en su duelo de revancha. Porque Anthy ve a Dios reflejado en Utena, y no puede evitar llorar. Recuerda lo que su hermano una vez fue. El hermano al que amó, que ayudaba a los necesitados y por el que sintió que merecía sacrificarse. Al ideal de príncipe. Quizás ella, después de todo, sí que pueda salvarla.

 

El arco de la Rosa Negra


Utena

En esta saga se puede intuir ya la profundidad del vínculo que tienen Utena y Anthy… aunque la primera todavía desconoce muchas cosas de la segunda, como por ejemplo el hecho de que tiene un hermano llamado Akio y que es el director de la academia. ¡Se ve el interés que siente por la vida de su amiga! Este arco no ahonda demasiado en la relación de nuestras protagonistas, al menos por parte de Utena, ya que está más enfocado en el resto de personajes y en desvelar poco a poco secretos de Anthy. Con todo, sí sucede algo muy importante para Utena y que define su futuro: empiezan las visitas regulares a Akio, con el que Utena va cogiendo confianza poco a poco… sin saber que está siendo manipulada por él.

 

Sí cabe comentar que Utena y Anthy han subido un nivel en su relación, representado con el hecho de que ahora la Prometida bendice la espada de Dios en los duelos, tocándola directamente con las manos. Ah… el simbolismo aquí juega un papel importante. Al mismo tiempo, Utena sigue preocupándose por la vida social de Anthy, convencida de que tiene que hacer más amigos… y, por supuesto, continúa con la idea de protegerla y cuidarla, actuando como un verdadero príncipe. Un error, Utena, un grave error.

Pero si el arco de la Rosa Negra destaca en algo es, sin duda, en su antagonista, Souji Mikage. Mikage —cuyo nombre significa «sombra» e incluso «espíritu» en según qué contextos— es el líder del seminario Mikage, que muestra interés en estudiantes especiales como Miki o la propia Utena. Pero sus verdaderas intenciones no son otras que convertir a su compañero Mamiya Chida en una Prometida de la Rosa. Así, la relación entre ambos establece un paralelismo con la de Utena y Anthy, siendo Mikage una Utena que quiere aprovecharse del poder de su Prometida. El anime nos muestra en ellos una especie de universo alterno, un «qué habría pasado» si Utena no hubiese sido un personaje noble ni heroico.

Mikage vive su propia ilusión, sin aceptar que el tiempo ha pasado y que aquello que más apreciaba se ha ido: se ha encerrado en su propia eternidad, donde todo sigue igual a como estaba hace años. Ha congelado la realidad a su alrededor para permanecer con Mamiya. En este sentido, Utena también vive en una ilusión al ver en Anthy solo a una chica pasiva y sumisa sin más. Se deja engatusar por el sistema de Akio (hasta que ella rechaza el sistema y viceversa) y permite que este vaya avanzando hacia ella poco a poco… como ha hecho con Mikage. Como hace con todos realmente.

La derrota de Mikage y su asimilación de la auténtica realidad que le rodea cierra este arco, con él graduándose y siendo progresivamente olvidado por los alumnos de la Academia. Es decir, es un foreshadowing del propio futuro de Utena. Además, se nos muestra también una bonita escena en la que, al despertarse Utena después de quedarse dormida sobre la mesa de su cuarto, descubre que Anthy tiene su mano agarrada, a lo que Utena corresponde aferrándose más a su compañera. El vínculo crece.

Pero todavía está lleno de mentiras:

Anthy

Si seguisteis el hilo que hicimos por Twitter, recordaréis que Ikuhara creó esta saga a partir de una frase que escuchó en televisión:

Sólo hay dos tipos de personas en este mundo: los que son elegidos y los que no. Y no ser elegido es morir.

Resulta curioso cómo el primer capítulo de la Rosa Negra coincide con la primera escena de Akio con Anthy frente a Utena. Porque ¿qué es Anthy sino la única persona a la que él no pudo elegir como princesa?

Más allá de este guiño, que vaticina la verdadera identidad de Anthy, la relación de ésta con Utena no muestra grandes cambios a simple vista. Hay bastante confianza entre ambas como para que Utena conozca a la familia de su amiga. A estas alturas de la historia, sólo podemos intuir que Akio es Dios, y Anthy le pide a Utena que no le cuente nada acerca de la Prometida de la Rosa ni de los duelos. Podría verse, en principio, como un intento de proteger a Utena de Akio, pero la serie prácticamente nos confirma que todo es obra de Anthy siguiendo las órdenes de su hermano. Tenemos que recordar que, con o sin esperanza de que Utena pueda salvarla, Anthy es una víctima de abuso de Akio, y las cicatrices que eso conlleva han desarrollado una fuerte dependencia hacia él. Dependencia y, sí, sumisión.

La presencia de Akio hace que Utena y Anthy se acerquen y se distancien a la vez.  Por una parte, Akio va ganando confianza con Utena, lo cual excluye a Anthy, pero se asegura de tener a Utena bien controlada mediante su hermana. Aún así, en el Coliseo de los Duelos, bajo los papeles de príncipe y princesa, aparecen más unidas que en el arco anterior. En la batalla contra Miki y Kozue, como ya hemos comentado, Anthy bendice la espada de Utena, lo cual permite que gane el duelo. Esto es muy importante porque, por primera vez, toma parte en la lucha.

Además, está el paralelismo con Mikage y Anthy, que va mucho más allá de lo que puede parecer a primera vista. Mamiya es prácticamente un genderbend de Anthy (de la misma manera en la que Mikage podría serlo de Utena), comparten la misma seiyuu e incluso su papel es el de Prometida de la Rosa, en femenino. Esto se debe a que Mamiya es Anthy.

Este arco juega mucho con la importancia de los recuerdos, además de con la eternidad. En el presente, Mamiya lleva mucho tiempo muerto, pero Anthy suplanta su identidad para manipular a Mikage, que ha quedado atrapado en el tiempo y en su propia mente atormentada. Por primera vez, el concepto de eternidad tiene un sentido negativo, y es Mamiya/Anthy quien se lo da.

Es curioso cómo en el papel de chico —incluso en un chico enfermizo y alejado de los roles patriarcales como es Mamiya—, Anthy muestra una violencia nunca antes vista. Mikage sigue siendo un personaje más activo que él, mientras que Mamiya se limita a cuidar de las rosas negras, pero es mucho menos pasivo que Anthy en su papel de Prometida. Con todo, Anthy manipula descaradamente a Mikage, lo cual nos sirve de reflejo para ver en un nuevo ángulo la relación de esta con Utena. La manipulación sigue ahí, solo que más escondida tras su pasividad femenina.

El arco de Akio Ohtori


Utena

Sin duda, esta es la saga donde vemos el gran avance en la relación de Utena y Anthy… y si no os lo creéis solo tenéis que ver el nuevo ending. Además, hay una serie de escenas y elementos que nos indican este cambio entre ellas, como por ejemplo el hecho de ascender juntas hasta el área de los Duelos en un ascensor, mientras que antes el recorrido era hecho en solitario por Utena.

Y, aún así, este arco es el más complicado para ambas.

El capítulo 25 nos presenta un gran cambio: Utena y Anthy se mudan de su dormitorio en el campus a la casa de Akio. El vínculo de confianza que se ha forjado entre el hermano de Anthy y Utena es grande, tanto como para cambiar de residencia y pasar a vivir con él. Akio ha empezado a seducir a Utena y ellas han empezado a dormir juntas, cara a cara. La escena en la que se van a descansar, donde se ve como se tumban entrecruzando sus siluetas, será el leitmotiv de esta saga, ya que en ese momento será donde hablen de lo que las preocupa o de lo que reflexionan, como un matrimonio. Además, se cogen de las manos con una gran confianza. Utena habla abiertamente con Anthy, se preocupa por ella y le asegura que la ayudará en lo que necesite siempre.

Quiero que seamos de esa clase de amigas.

Sin embargo, la injerencia de Akio no permite que el vínculo entre Utena y Anthy termine de culminar como debe. Este continúa avanzando hacia Utena… y –tal y como le pasó con Touga–, ella duda. Duda de su papel como príncipe. Duda de sus sentimientos. Porque, ante todo, Utena es humana, no un héroe inquebrantable de cuento –recordad que el príncipe no existe en realidad–. Es significativa una escena en la que Utena se sonroja por un comentario de Akio, pero, al mirar a Anthy, su expresión cambia al momento por una de culpabilidad. ¿Por qué Utena? Es evidente que siente que está traicionando a Anthy, pero… ¿cómo? ¿Por esos sentimientos inconscientes que han aflorado entre ellas? ¿Porque está dejando de ser su príncipe?

Pero Akio sabe bien lo que hace. Él controla la situación, manipula a Anthy para lograr sus fines… y su fin en este momento es Utena. Sabe bien lo que hace cuando la llama su “amiga especial” y no simplemente la amiga de su hermana. Utena está deslumbrada con Akio, pero al mismo tiempo su cabeza rebosa de dudas y culpabilidad por Anthy y por el príncipe que la salvó en su día.

Sin duda me pasa algo malo.

Entonces, en el capítulo 33, en el que Akio y Utena tienen una cita… que culmina con sexo en una habitación de hotel. Y, sin embargo, en la escena del monólogo de Utena, donde habla de comida, ella recuerda que por las noches, a esa misma hora, suele estar en casa preparando el almuerzo del día siguiente: dos raciones, para ella y para Anthy. A pesar de lo que ha sucedido con Akio, los pensamientos de Utena vuelan hacia Anthy. ¿Habrá guardado las cosas en la nevera? ¿Habrá hecho ella sola el almuerzo? La culpabilidad está latente…

Anthy

Hemos comentado que, en este arco, cuando se van a la cama, Anthy y Utena suelen tener conversaciones. Ya en el primer capítulo, mantienen una charla cogidas de la mano, una charla muy importante pues, de nuevo, vaticina el final de la serie:

Utena: Cuando [Akio] habla de las estrellas, los ojos le brillan intensamente con una expresión muy solitaria. Como si fuera alguien que ha perdido algo muy importante. Y, por algún motivo, me hace sentir cierta nostalgia.

Anthy: Con usted me pasa lo mismo a veces, señorita Utena. Es como si la hubiera conocido en el pasado.

Y, a continuación:

Utena: Oye, Himemiya, si tienes algún problema, cuéntamelo a mí primero, ¿vale? Soy tu mejor amiga. Siempre nos ayudaremos la una a la otra. Esta es la amistad que quiero tener contigo.

Además de por los sutiles guiños de Ikuhara, esta escena es muy importante por muchas razones. La primera, porque con ella Utena vuelve a encarnar el papel de Dios, del príncipe al que Anthy amó. La segunda, porque casi consigue que Anthy hable por fin de lo que le ocurre: de lo que significa ser la Prometida de la Rosa, de las violaciones y del odio de la humanidad, de todo lo que ha tenido que soportar y perder. La tercera, que será uno de los detonadores para que Anthy intente saltar del Coliseo de los Duelos pocos capítulos más tarde.

Esta es, con toda probabilidad, la primera vez que alguien trata con tanto aprecio a Anthy en muchísimo tiempo. Y eso hace que todo cambie. Pero no lo suficiente.

Cambia esta escena y cambian los duelos. La espada de Dios desaparece a medio combate contra Saionji y nadie sabe muy bien por qué excepto Anthy, que de inmediato se interpone entre Utena y Saionji para que peleen juntas. Acto seguido, Anthy extrae una espada del corazón de Utena.

Cuando Anthy otorgaba la espada de Dios a un duelista, vinculaba a éste con Akio. Anthy rompe ese vínculo con Utena en ese momento; no está conforme. No quiere que Utena tenga que estar unida a Akio. En su lugar, quiere que luche con su propio poder. Su propia espada.

La rebelión de Anthy no termina ahí. Esa misma noche, vacila a la hora de acostarse con Akio. Nunca lo había hecho antes. Y él debe utilizar su fuerza física para forzarla. Además, cuando le pregunta qué siente por Utena, no sabe muy bien qué contestar.

Sin embargo, está la «traición» de Utena, representada en el candelabro que sujeta Anthy. Tres velas que se van apagando a medida que Akio la seduce. Estas se asocian a que Utena empieza a pensar en sí misma como una princesa, como la chica que debería ser, pero ¿qué tiene eso que ver con Anthy?

Al ser manipulada por Akio, al traicionar sus ideales, Utena también traiciona a Anthy, porque abandona poco a poco su objetivo de convertirse en príncipe, en el príncipe que la salvará a ella. Por eso se asocia la imagen de las velas apagándose a la muerte: es la muerte de Anthy. Una vez más, nadie va a venir a salvarla.

El arco del Apocalipsis


Utena

Aunque Utena haya permitido a Akio llegar tan lejos con ella, no abandona su idea de ser un príncipe algún día… y sigue pendiente de Anthy. La escena que nos indica esto la tenemos ya en el primer capítulo de esta saga, donde Wakaba le enseña una serie de fotos de su clase para que escoja de cuales quiere copia, pero Utena solo se fija en que Anthy no sale en ninguna y decide pedirle a Akio que les saque una foto juntas a las dos. Y luego una con los tres. Además, se nos revela la auténtica historia de Akio y Anthy mediante una obra de teatro  El Cuento de la Rosa. Las piezas van encajando en su sitio cuando también vemos el trasfondo de Utena, pero que no logra recordar: el sufrimiento de Anthy y el deseo de querer salvarla es lo que la llevó a querer convertirse en un príncipe.

Pero, entonces, ve a Anthy desnuda con Akio. Ahí, Utena se quita el anillo sintiendo que Anthy la ha traicionado.

Utena: ¿Qué significa ser femenina?

Anthy: Al final todas las mujeres son como la Prometida de la Rosa.

Juri y Miki le ofrecen consejo a Utena puesto que se han dado cuenta de que todo lo que hace es por Anthy. Incluso Juri le pregunta directamente si ama a Himemiya, algo a lo que Utena no sabe muy bien como responder. Su confusión, su incapacidad de decidirse se reflejan cuando habla con Anthy en otra escena sobre el futuro, sobre reír y tomar el té juntas dentro de 10 años como están haciendo en ese momento, mientras permanecen cogidas de la mano.

Acto seguido, Anthy trata de suicidarse y Utena la rescata acusándola de querer huir. Es ahí cuando realmente se confiesan lo que piensan en realidad, cómo una se sentía traicionada por la otra. Una conversación que será definitiva a la hora del enfrentamiento con Akio.

Decidida a llegar al final, Utena vuelve a ponerse su anillo y se dirige al encuentro, acompañada por Anthy, de aquel que se hace llamar el Fin del Mundo… para encontrarse con Akio. Aunque Utena ya lo sospechaba, se siente engañada y encolerizada al comprender la manipulación a la que ha sometido a todos el director de la academia.

Akio pretende ser el príncipe y convertir a Utena en una princesa, cosa que ella no acepta bajo ningún concepto. No está dispuesta a que Anthy siga sufriendo por culpa de su hermano como hasta ahora… y recuerda. Recuerda lo que vio de pequeña. Recuerda las espadas de odio de toda la humanidad atravesando el cuerpo de Anthy. Comprende que decidió ser un príncipe sólo para salvarla a ella. En definitiva, ser el príncipe de Anthy. Se enfrenta a Akio con todas sus fuerzas hasta que Anthy apuñala a Utena.

 

Y, a pesar de todo, malherida de gravedad y con sus fuerzas al límite, Utena reacciona al volver a ver el sufrimiento de Anthy. Se arrastra tras ella, no para ser un príncipe, sino porque con ella es con quien ha sido más feliz. Utena ya ha dejado de lado el debo protegerla. Ahora es un quiero protegerla porque se ha dado cuenta de sus sentimientos por ella. Se ha dado cuenta de que la quiere.

Al darle la mano a Utena desde dentro de su ataúd, Anthy cae al vacío y Utena queda a merced de las espadas, pidiéndole perdón a Himemiya por haber pretendido ser un príncipe.

Finalmente, Utena ha abandonado la academia y muchos estudiantes se han olvidado de ella o la recuerdan vagamente, porque Utena ha cumplido su propósito: ha traído la Revolución. Ha abandonado los roles de género, ha luchado por ser un príncipe que no existía, ha rechazado ser una princesa con final feliz y ha amado a otra mujer a la que fue unida hace muchos años. Utena se ha graduado y se ha marchado, porque nadie desea vivir encerrado en una ilusión eternamente.

Anthy

El Cuento de la Rosa narra la historia de un príncipe que perdió sus poderes a manos de su malvada hermana bruja. Nada más lejos de la verdad, aunque ¿qué se puede esperar de algo que tiene lugar dentro de Ohtori, donde Akio manda sobre todas las cosas?

Comprendemos de una vez por todas que Anthy es una bruja. Utena lo recuerda todo de repente: ¿qué le impide salvarla ahora? Ha ganado el último duelo contra Touga y pronto obtendrá el poder para revolucionar el mundo. Sólo le queda cruzar una puerta.

 

Pero hay que recordar que Anthy conoce las intenciones de Akio, que son convertir a Utena en su princesa. Y en el final feliz del príncipe y la princesa no hay sitio para la bruja. Entonces ¿qué ocurrirá —según Anthy— cuando Utena consiga el poder de los milagros? Ya la ha traicionado una vez al elegir a Akio, al besarle y al acostarse con él, de modo que no debería dudar en hacerlo una segunda vez. Eso significaría que Anthy volvería a ser condenada a seguir sufriendo. Tanto Akio como Utena, las personas a las que amaba, la dejarían atrás. Y no puede soportar esa idea. La muerte es preferible.

Vemos esa idea en dos ocasiones: cuando menciona el veneno cantarella —una metáfora de cómo ambas han envenenado su relación— y cuando intenta suicidarse (un acto que habla de su desesperación, porque el verdadeor cuerpo de Anthy está en un ataúd. Es decir, no habría servido de mucho) saltando de la plataforma del Coliseo. Es Utena quien frustra su plan, y ambas se sinceran por fin. Anthy se siente una mala persona por haberse aprovechado de la inocencia y la bondad de Utena, que entró en el mundo de la Prometida de la Rosa por pura casualidad. Confiesa que la ha utilizado y la ha manipulado para que ella la rechace y se marche de la academia. Todavía está a tiempo, aún no ha cruzado las puertas del Fin del Mundo. Pero Utena se queda con Anthy. Utena elige a Anthy, a pesar de sus ruegos porque se marche y tenga una vida libre.

Eso nos lleva al último duelo, y a la puñalada de Anthy a Utena.

Es difícil decir por qué lo hizo, pero podemos deducir por su expresión que Anthy sabía que Utena iba a perder la lucha contra Akio. Al fin y al cabo, sus duelos no han sido más que juegos; ella es una chica y Akio un príncipe. Pero cuando la determinación de Utena destruye la ilusión de Akio, el miedo regresa. Si Utena ganara, eso querría decir que ella también es un príncipe. Arrebataría el poder a Akio y sucedería a Dios. Y, entonces, Anthy tendría que sacrificarse de nuevo por Utena, que también terminaría al borde de la muerte tras cumplir sus obligaciones de príncipe. Y ella volvería a sufrir de nuevo, atravesada por todas esas espadas.

A pesar de que su relación ha evolucionado tanto, Anthy decide apuñalar a Utena porque es mejor seguir en su situación actual que repetir la historia de nuevo. Es mejor quedarse con su hermano, que la tiene manipulada hasta el punto de creer que la quiere.

¿La excusa que le pone Anthy? Que Utena nunca podrá ser su príncipe porque es una chica. Una mentira; como ya sabemos, los príncipes no existen, pero quizás esto logre hacer comprender a Utena de que lo mejor para ella es huir de la academia cuanto antes y que olvide a Anthy. Si la convence, todo se habrá acabado.

A pesar de las súplicas de Utena, Anthy avanza para ocupar su lugar: el de morir atravesada por todas las espadas del odio humano mientras Akio intenta abrir las Puertas de la Rosa una vez más.

Pero, hasta el último momento, Anthy lo hace todo por el bien de Utena. Es en parte por eso que vacila a la hora de darle la mano desde dentro del ataúd, porque sabe que en cuanto lo haga, las espadas se volverán contra Utena. Pero además, es porque vuelve a dudar. Le falta confianza. La de Anthy es una reacción muy realista: ha sufrido demasiado y demasiadas veces como para creer sin más que todo va a salir bien. Tarda un segundo crucial en arriesgarse. Y ni siquiera cuando extiende el brazo y coge la mano de Utena, ella no tiene la fuerza suficiente: el ataúd cae, y Utena muere atravesada.

¿O no?

Utena no consigue convertirse en príncipe, al final, pero sí que revoluciona el mundo. El mundo de Anthy. Rompe su cascarón —abre su ataúd— y le da la fuerza suficiente como para poder alejarse de su rol de Prometida de la Rosa y marcharse de la academia —del mundo de Akio—. Utena ya lo ha hecho. Anthy sólo tiene que encontrarla.

La Revolución es un acto que marca el cambio del mundo… de las dos.

¡Gracias a @HellyonWhite por la portada!




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.