Análisis: ‘Chaos;Child’ para PlayStation 4 y PS Vita

Otra visual novel de 5pb que llega a occidente

Durante el mes de octubre del año pasado llegó a nuestras tierras un nuevo título de 5pb, Chaos;Child. Estamos antes la secuela inmediata de Chaos;Head, juego que jamás pisó occidente pero que, por otra parte, no es necesario para comprender la visual novel que analizamos en esta ocasión.

Se trata de la cuarta parte de la serie de novelas visuales de corte ciencia ficción de la compañía japonesa que muchos conocerán por el aclamado Steins;Gate. A pesar de esto, Chaos;Child es un juego muy diferente a Steins;Gate, con otros personajes, otro estilo en cuanto a apartado gráfico y otra forma de avanzar en las diferentes rutas que ofrece la historia. Por esto no conviene usar un título para comparar el otro.

Tenemos un misterio entre manos

Esta visual novel es bastante más escalofriante que su hermana Steins;Gate desde el primer instante. Resulta que la historia va acerca de una serie de asesinatos que comparten ciertas similitudes entre sí. El jugador se mete en la piel de Takuru Miyashiro, el presidente del club de periodismo de un instituto de Shibuya, que está decidido a desentrañar el misterio que hay tras los asesinatos que ocurren en la ciudad. Y es que las víctimas siguen un patrón muy similar a una serie de crímenes que se cometieron en el pasado y que fueron igual de repugnantes o brutales. Así pues, Takuru empieza a unir cabos y a darse cuenta de que hay una serie de elementos que no se llegan a poder predecir del todo pero que sí permiten establecer teorías.

En principio, los compañeros de Takuru están entusiasmados con la investigación hasta que se va revelando, por supuesto, que la situación es peor de lo que podían imaginar. Takuru y su compañera Serika empiezan a tener vagos recuerdos de la época anterior a cierto cataclismo que definió la vida de los habitantes de Shibuya y que están relacionados con experimentos humanos. A ello se suma que sus amigos, como Nono Kurusu, están en contra de meterse en asuntos de adultos y el peligro de que acaben metidos en algo de lo que no podrán escapar.

Sin embargo, la historia debe avanzar y, un poco a la fuerza, nuestros protagonistas casi acabarán forzados a investigar, un poco por curiosidad, un poco por dignidad y también porque las circunstancias les obligan.

Y eso nos lleva a hablar de los personajes. El apartado gráfico es, cuanto menos, decepcionante. Los personajes masculinos tienen diseños más normales y estilizados, mientras que todas las mujeres parecen salidas de un juego de idols, con ojos enormes, cabezas gigantes y cuerpos diminutos (excepto los senos, claro), además de estar en general infantilizadas. La desesperación del juego por inclinarse hacia lo harén, porque por supuesto la relación de Takuru con las posibles waifu define la historia, hace que el argumento tropiece consigo mismo y la suspensión de la incredulidad. Lo cual es una pena porque los personajes, una vez se quita toda la morralla y logramos olvidar algo del dibujo, están bastante bien caracterizados y tienen miedos y motivaciones más o menos creíbles.

El mismo Takuru evoluciona bastante en las primeras horas y se deja muy claro que la actitud que tiene hacia el resto del mundo es incorrecta y tóxica. Sin embargo, todo buen mensaje se pierde cuando encontramos que las mujeres (que son mayoría en esta historia) no dejan de responder a estereotipos bastante planos, como el caso de Kazuki, que no dice ni una palabra y se expresa mediante hmmms. Tiene un trasfondo de bullying, pero lo importante es presentar primero a una chica muda y bonita que pueda gustar al jugador promedio.

Por otra parte y a pesar del desperdicio de los diseños, se nota que hay un gran trabajo visual. No solo tenemos varios planos de los personajes (incluso de espaldas) dependiendo de lo cerca o lejos que estén, sino que sus labios se mueven para que se refuerce la impresión de mantener una conversación con ellos. La atención al detalle está ahí, pero el producto insiste en ponerse solo la zancadilla.

¿Es esto real o es fantasía?

Como en cualquier visual novel, el jugador tiene que tomar una serie de decisiones que le llevarán a leer una u otra ruta. En este caso hay un total de seis rutas a las que se accede por medio de alucinaciones. Llegado a ciertos puntos de la historia, podemos elegir si queremos que Takuru tenga una alucinación positiva, negativa o que directamente no la tenga.

Para llegar al final real (true end) hay que haber completado el resto de rutas, porque dependiendo de si eliges unas alucinaciones u otras la relación con los personajes cambiará y confiarán más o menos en Takuru. También hay diferentes puntos de vista que aclararán en cierta medida las actitud de los personajes. Es decir, el juego te obliga a pasar fácilmente 60 horas para desentrañar el misterio tras el que van los miembros del club de periodismo. Esto puede hacer que a veces ciertas cosas se hagan repetitivas o resulte lento a ratos, pero si se toma con calma se puede disfrutar cada ruta por separado. Cuidado con la impaciencia y el ansia por saber el final, que puede jugar malas pasadas en las visual novel multi-ruta.

También hay que comentar que, aunque se pueda comprender que Takuru es un adolescente hormonado, las alucinaciones tienen una repugnante dosis de fanservice. Takuru fantasea o bien con acostarse con sus compañeras (llegando a imaginar drogarlas), en el caso de las rutas buenas, o muertes y finales dignos de películas de Serie B. Como ya se ha comentado en el diseño, donde es evidente que el estilo infantil y sesgado en cuanto a sexos no tiene demasiada carisma ni fuerza, es evidente que se han incluido este tipo de imágenes para atraer a un público muy definido y que desde luego no tiene por qué ser fan de los asesinatos.

Dejando esto de lado, aunque es un bache muy gordo para cualquiera que pretenda leer una historia por lo demás bastante digna en cuanto a crecimiento de personajes, está en tema de lo paranormal. Por la historia rondan una serie de stickers que son casi la marca de Chaos;Child y que provocan unas reacciones anormales en los protagonistas. Poco a poco y a partir de estas extrañas caras, que parecen de luchadores de sumo, se va revelando la idea de que puede haber gente con poderes y que, por supuesto, nuestros protagonistas tendrán una importante relación con estos.

Es una idea que choca bastante con el inicio de Chaos;Child, tan enfocado en el empleo de la tecnología y el realismo del mundo de internet para que Takuru y el resto del grupo avancen en sus investigaciones. Había una gran credibilidad en la importancia de las redes y la opinión de masas, en la fácil transmisión de la información así como la dependencia de los móviles. La paranoia era una idea interesante cuando se describía desde el nivel más social, hasta el punto de que los creadores metieron una generación traumatizada por el cataclismo que casi destruyó Shibuya y que reaccionaba, por tanto, de una forma diferente al resto del mundo: esa generación son los niños con el síndrome de Chaos Child. Lo que empezó con un enfoque interesante y que podría haberse desarrollado en una ciencia ficción más trabajada, sin embargo, poco a poco se desplaza a un terreno que muchos de los que aprecien las primeras 15 horas quizás no encuentren muy agradable.

 Hay mucho por leer

El juego es largo. Son unas 60 horas de texto, texto, texto y más texto. ¿Eso es malo? No necesariamente. Al estar narrado en primera persona, accedemos a los pensamientos de un protagonista neurótico, prepotente y arrogante, pero muy inseguro. Puede recordar vagamente al protagonista de Steins;Gate, sin su encanto, y mucho más adolescente e insoportable. Takuru mezcla una jerga de internet con un comportamiento elitista, de persona leída y culta que mira por encima a los demás, a quienes considera inferiores. Muy pronto aprendemos, claro, que lo que sucede es que no se siente cómodo en grupos y es el rarito de clase, por lo que en vez de intentar llevarse con el resto de la gente, reacciona de una forma muy agresiva.

Aunque siempre para sus adentros. Eso significa que tenemos una gran cantidad de pensamientos dedicados a obviedades, insultos, explicaciones y humor que pretende que nos riamos de cómo es Takuru. El problema no es tanto esto, ya que permite conocer bien a personaje y a los que le rodean o el mundo en el que se desarrolla, sino el ritmo. La mayor parte de las VN son repetitivas, pero Chaos;Child lo lleva al extremo. Si tenemos largos diálogos en los que ya de por sí se describe de forma poco natural una situación, el texto se asegurará de repetirnos lo que acabamos de leer como si deseara fervientemente que sus lectores no se pierdan. Pero solo logra que una situación interesante, tensa o que pretende aterrorizar, se pierda en medio de las descripciones.

Chaos;Child ha llegado a nuestra tierra con voces originales en japonés y texto en inglés. La traducción de PQube es buena, lo cual es imprescindible para llegar al final de la historia sin dolores de cabeza añadidos para los que no suelan leer en ese idioma. Lo malo es lo dicho, solo ha llegado traducido al inglés, lo cual requiere un dominio extenso del idioma. Hay mucho texto, una trama densa y no conviene estar mirando un diccionario cada dos líneas si se quiere disfrutar el juego.

Como 60 horas son bastantes, es de agradecer el buen apartado gráfico y de sonido del título. Si bien el estilo no es tan particular como el de Steins;Gate, el dibujo es limpio y agradable a la vista. La OST del juego no es especialmente memorable, pero tampoco es aburrida. Acompaña bien al texto, cuanto menos.

Descubrir la verdad está en tus manos

Chaos;Child tiene una historia larga, cosa que hace que el precio que se paga por ella compense por las horas de juego, aunque si se pretende hacer todas las rutas del tirón seguramente resulte algo agotador.

Sin llegar a ser una historia tan única como nos pueden hacer creer, tiene elementos bien pensados, un trabajo importante detrás de sus personajes algo ocultado por culpa del fanservice barato, de los elementos más sexistas y un giro de guion que a muchos puede no hacerles demasiada gracia. Por otra parte, hay un elenco variado de personajes, asesinatos brutales, trabajo de investigación, crítica social y la historia sabe que es de este tiempo y lo importante que es para los jóvenes moverse por internet. No captura como lo puede hacer Steins;Gate, pero aun así es posible que recompense a bastantes jugadores.

Chaos;Child está ya disponible para PS4 y PSVita.

Me fui en noviembre, pero aquí sigo.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.