Blissy y el acoso a la mujer en los videojuegos

Cuando una opinión recibe persecución como respuesta

El día de ayer tendría que haber sido un día de celebración. Los premios DeVuego salían por fin a la luz para premiar a aquellos compañeros de profesión e industria que han trabajado duramente a lo largo del 2017 y han sabido trasladar su mensaje o producto a los demás. Sin embargo el día se vio gravemente empañado por un nuevo escándalo, una nueva polémica que acabó en acoso hacia una compañera de la industria, tirando por tierra -al menos para mi persona- la idea de que como comunicadores y parte de la prensa española estamos dando pasos al frente, librándonos de una toxicidad que ni nos conviene ni nos debería representar. La compañera Marina, alias Blissy, una periodista que utiliza su puesto de comunicadora para tratar de trasladar la perspectiva femenina al mundo de los videojuegos, realizaba un comentario sobre una escena concreta de cierto juego, mostrando su incomodidad por el mensaje que se transmitía. Hasta ahí todo bien, una persona opinando, mostrando su desacuerdo sin poner en cuestión la calidad del juego ni la obra que representa. Sin embargo, no fue hasta que su mensaje comenzó a adquirir visibilidad cuando vinieron los problemas a través de cierta red social.

Abro un pequeño paréntesis y comparto con quienes leáis este texto un Kit Kat para dejar claro que mi interés no es reabrir la polémica y no voy a concretar más allá de lo necesario para evitar que haya distracciones en este artículo de opinión y denuncia. Simplemente pretendo abrir un marco de reflexión entre quienes, como divulgadores, nos dedicamos a informar sobre los videojuegos y la cultura popular, remarcando nuestra responsabilidad bajo esta posición ya que nuestras palabras suelen influir a  quienes nos leen.

 

Cuando el acoso viene desde la prensa

Ayer, esta compañera recibió mensajes discrepantes y respetuosos, comentarios de apoyo, y también faltas de respeto y ataques verbales por parte de aficionados a los videojuegos. Muchas de las críticas fueron vertidas por el hecho de ver a una mujer que opina sobre una serie incrustada fuertemente en la nostalgia de muchos -y repito, sin llegar a cuestionarla en ningún momento-, algo preocupante pero que lanzada desde las gradas de la afición suele ser, por desgracia, frecuente. Sin embargo lo peor viene cuando estas críticas comienzan a aflorar de manera violenta desde un sector muy diferente al del aficionado: compañeros de profesión con puestos de comunicador en una revista online lanzaron intencionadamente nocivos comentarios de acoso contra su persona.

No me estoy refiriendo a quienes no comprendieron su mensaje y discreparon respetuosamente. Tampoco a quienes, entendiendo su postura y crítica, no estuvieron de acuerdo con ella. Estas personas mostraron sus diferencias desde el respeto. A quien me refiero es a un individuo concreto que ha provocado mi más absoluto rechazo debido a su repugnante y cavernaria actitud, porque siendo comunicador y compañero ha acosado a otra persona y ha recurrido al ad baculum para dejarle claro que sobra en la industria, para presionarla, para que se calle. Su actitud, carente de empatía y repleta de odio, no ha sido diferente a la del matón que hace bullying a un compañero de clase y que espera a que este vuelva al colegio para recordarle lo cobarde que es. No conforme con esto, luego se jacta de haberlo hecho.

Estas actitudes son la moneda de cambio diaria en redes sociales desde el nivel de usuario, y también lo es en los canales más tóxicos de YouTube. El honor de una persona y su estabilidad emocional no valen nada en una comunidad donde el pseudocelebrity evangelista de turno tiene la verdad absoluta a costa de denigrar al enemigo, a la minoría que piensa diferente. Tras el cambio de rumbo de revistas españolas como Meristation, que ha dado pasos de gigante en cuanto a calidad de contenido y ha sumado a sus filas a nuevas y grandes promesas del periodismo, pensaba que la prensa española del videojuego estábamos a salvo del machismo, de la imposición del hombre sobre la mujer y del acoso en general hacia el prójimo. Pero tras ver lo que ayer ocurrió no puedo sino avergonzarme de una profesión que abraza la entrega de estatuillas mientras mira hacia otra parte cuando un comunicador acosa y busca hacer daño a una compañera por el simple hecho de opinar, obligándola a esconderse de nuevo bajo un candado mientras le impone que ella no tiene derecho a opinar. 20.000 seguidores para demostrar ser una persona despreciable. Felicidades, compañero, me repugnas.

 

Blissy no atacó a nadie, tampoco al videojuego del cual hablaba

Como periodistas y comunicadores hemos de ser conscientes y responsables de que nuestras palabras van dirigidas a un público que nos lee, nos escucha y que se ve influenciado por lo que decimos. Hemos de aprender a respetar la opinión de un compañero, y también, valga la redundancia, hemos de aprender a aprender. Aprender empatía, de la perspectiva y las preocupaciones de la mujer jugadora que se ve ante un producto que todavía sigue siendo en un alto porcentaje por y para hombres. Cuando las minorías muestran su denuncia lo hacen para avanzar, para poder jugar y disfrutar como el resto. Muchas veces apelar al contexto, a una situación sociocultural distinta, no justifica ni suaviza el machismo. Y señalar el machismo no es ni mucho menos echar por la borda la totalidad de la obra. La compañera Maribel Baena lo decía alto y claro en su reciente artículo sobre la popular serie Friends: se puede, y se debe criticar el machismo en series de épocas pasadas sin dejar de disfrutar de ellas, porque nos hace conscientes de errores y problemas que normalizábamos pero que no eran naturales. No es divertido hacer burla del colectivo homosexual porque este sigue sufriendo en las aulas el acoso y la agresión de la homofobia, como tampoco es divertido que el machismo siga trasladando estereotipos de que la mujer, la esposa, ha de ser siempre la princesa a rescatar, y cuando esta se rebela, quede retratada como una “mujer con carácter” o una marimacho. El compañero Manu Delgado también ha sido claro con su mensaje: “Cuando se señala un comentario machista en una obra de ficción no se está echando por tierra la obra entera. Tampoco se está criticando a la gente que disfruta con esa obra. Lo único que se intenta es poner de manifiesto que el machismo está presente en nuestra cultura“.

Recientemente han sido varias las divulgadoras que han tenido que anunciar su retirada o recluir su cuenta a la más absoluta privacidad para evitar una persecución. Ha pasado con Blissy, recientemente con Señorita Vivi -donde algunos aprovecharon un problema con una periodista de este mismo medio, Suzume Mizuno, para atacarlas a ambas desde diferentes frentes- y también con otras divulgadoras sobre cultura popular que buscan transmitir un mensaje desde su propio prisma. Considero una gran pérdida que aquellas mujeres que tienen algo que contar y algo que defender en industrias que no terminan de darles una cálida bienvenida deban marcharse temporal o definitivamente, pues desde el debate y la reflexión están aportando algo de interés con lo que puedas o no estar de acuerdo, pero que contribuye a una afición más diversa y justa. Por todo este acoso no me extraña que luego surjan propuestas acertadas y necesarias como Gaming Ladies, pequeños espacios de debate y charla donde las mujeres puedan entablar conversaciones sin el miedo a ser juzgadas mediante el ad hominem.

Fundador, redactor jefe y editor de Deculture.es. Jugón desde la vieja escuela, amante de JRPGs y SRPGs, a poder ser de estilo clásico. Lector de cómics, amante del manga clásico.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.