Reseña: ‘Un extraño en primavera’ #2 y ¿qué es ser “normal”?

Ahora recuerdo lo que sentí cuando lo conocí...

Un extraño en primavera sigue desarrollando la vida de Shun y Mio. Esta vez llegamos al período navideño y, en particular, como integrantes de una familia en la que ninguno de los hijos comparte sangre entre sí. En el proceso, Kanna Kii domina más y más el slice of life y logra entretener con situaciones que no dejan de arrancar sonrisas.

La familia (como no dejan de recordarnos los anuncios) es un tema que se trae en Navidad y, como no podía ser de otra forma, en esta obra también sucede. Aunque no sea de la manera más convencional posible.

El tomo anterior cerró con Fumi viendo cómo Shun hacía sexo oral con Mio. Traumatizado, empieza a rechazar a ambos, para horror de Mio y resignación de Shun. Es la escena típica, pero que tiene un encanto particular gracias a que Fumi no deja de ser un niño pequeño. La autora aprovecha para explorar la manera de intentar explicárselo de forma que le resulte aceptable y no chirríe demasiado. A pesar de que Shun, por muy escritor que sea, no tenga la mejor forma de expresarse, el desenlace es satisfactorio. No porque Fumi tenga una revelación y comprenda que los gays son gente corriente, que también, sino por cómo Kii lo une todo a la propia historia de Fumi, que va camino de desarrollarse más y más: el pequeño se identifica con sentirse apartado por no ser «normal» (es decir, porque es adoptado y no hijo natural). Se da cuenta del daño que le ha hecho a su hermanastro con su actitud y toma la resolución de pedir perdón por sus actos.

No parece que termine de comprender la relación de Mio y Shun, pero tampoco vuelve a apartarlos de su lado. Tampoco se le puede pedir un milagro y, por tanto, diría que es una conclusión temporal creíble y que trata con delicadeza los diferentes puntos de vista.

Pero no es el único tema que flota por el tomo que ronda a la familia. Mio se acomoda rápidamente a la casa de Shun, feliz de vivir en un ambiente donde en general se lo acepta, cuida bien y se le da de comer. Una actitud comprensible cuando vamos a la época en la que se había quedado huérfano y alguna vez pensó en el suicidio. Por suerte, Shun se interpuso en su camino y para él fue suficiente. Desde fuera puede parecer superficial, en especial porque se da entender que Shun se acercó a él por mero interés. Pero ¿podemos decir que eso fuera malo? Alguien se interesó por Mio. Alguien quiso hacerle sonreír, ser algo más feliz. Esto podría haber dado lugar a una relación muy tóxica, en especial porque Mio era menor de edad, pero el chico se dio su tiempo. Vimos que no pasó años simplemente esperando, sino que tuvo dudas, que se acercó a grupos de okamas y que meditó con seriedad cómo acercarse a un hombre. A la persona especial. Y tomó una decisión, con todas las consecuencias. No es de extrañar que sea indescriptiblemente feliz cuando vemos lo bajo que llegó a caer.

En cambio Shun, más mayor, más roto en otros aspectos, no está satisfecho con su vida. ¿Qué hace a su edad viviendo con su familia, sin un salario regular? Es algo difícil de llevar, unas dudas razonables con las que podrán empatizar en bastantes lectores —igual que a algunos quizás les sea más natural la tranquilidad de Mio, que tampoco tiene un trabajo regular pero es feliz con tener a Shun en particular—. Vivir con otras personas exige formar parte de un todo en el que cada uno ocupa un lugar. Con el padre de Shun intentando superar su depresión y volver al trabajo y su madre haciendo todas las tareas de la casa, a la vez que vive un bloqueo con su historia, Shun se siente desplazado. Por suerte, se da a entender que poco a poco se irá encontrando más y más en casa, pero da gusto que Kii no haga simplemente que Shun pueda ignorar años de distancia con su familia.

Aparte de todo esto, ¡está el tema del sexo!  El tratamiento de Mio como hetero sigue siendo algo confuso. Shun sufre durante el acto, siempre está incómodo y se queja en varias ocasiones de que le duele (para el profundo trauma de Mio). Se niega, además, a adoptar un papel más activo. Mio, en cambio, desea abiertamente a Shun y disfruta del sexo. No es mero amor platónico/romántico, sino también sexual. Así que ¿hasta qué punto es hetero? Lo cierto es que no deberíamos considerar importante su sexualidad de no ser por cómo se trae a colación una y otra vez, porque Shun sufre pensando que su novio podría ser «normal» de no ser por él. Y Mio insiste en que le gustan las mujeres, con la excepción de Shun. Es un punto un poco problemático, no demasiado y desde luego no es para llevarse las manos a la cabeza.

Resulta interesante que Mio no es capaz de decirle a Shun que es normal. Se habla siempre dentro de su esfera personal, donde Mio reconoce que Shun lo ha pasado mal y que no debe forzarlo a nada ante el resto del mundo (y él mismo tuvo alguna reticencia a mostrarse cariñoso en público), pero solo le importa que Shun esté con él y sea feliz. Pero antes de que nadie se forme la idea equivocada, Mio no tiene prejuicios, tal y como se muestra en sus amistades.

Es fascinante ver cómo chocan y se alimentan la una a la otra personalidades tan distintas. No siempre es de la forma más correcta y, por supuesto, tienen importantes problemas de comunicación. Sin embargo, podemos confiar en que Kii es consciente de ello. Desde el principio se nos ha planteado a un Shun sumiso en la cama, pero nunca demasiado activo en el sexo. Cuando nos enteramos de que es porque no disfruta, es Mio quien intenta dar el paso para mejorar. Y Shun se niega. Por su parte, Mio tampoco se abre y le cuenta sus secretos más privados sobre sus intentos de suicidio hasta bastante más adelante. Hay problemas, sí. Pero forman parte de la relación, porque nada puede ser ideal y hay que trabajarlo todo. Porque, aunque se resuelvan algunos detalles… Mio tiene todos los motivos del mundo para enfadarse cuando se entera de súbito del cumpleaños de Shun.

El tomo termina con Shun teniendo que sustituir a su madre en la jornada de puertas abiertas del colegio de Fumi. Como somos conscientes del trauma que tiene el pobre respecto a su viejo colegio, podemos frotarnos las manos, a ver qué ocurre en el siguiente volumen.

La edición de Milky Way es tan espléndida como de costumbre, en especial con la preciosa portada, que continua por la parte trasera del tomo. Eso sí, los diálogos siguen siendo un poco… desconectados. Parece más culpa de la edición original del manga, pero cuesta saber quién está hablando o el orden del diálogo, cuanto menos. Por suerte, no sucede siempre y tampoco entorpece demasiado la lectura.

En conclusión, Un extraño en primavera sigue mejorando más y más su calidad narrativa y trata con extremo cariño los detalles de una relación que llevará tiempo desarrollar. Con un tono resposado, que no olvida la comedia (quien no se ría con la cara del padre de Shun al ver las búsquedas de Mio en el ordenador no tiene corazón) y los momentos más complejos, se nota que es un momento de transición. Pero uno que no querríamos saltarnos.

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.

Lo mejor
  • El dibujo detallado y expresivo
  • La narrativa tranquila pero consistente
Lo peor
  • En ocasiones cuesta saber el orden de los diálogos



Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.