Reseña: ‘Kuroko no Basket’ #1, de Tadatoshi Fujimaki

¡Pasen y conozcan al Jugador Fantasma!

Kuroko no Basket, de Tadatoshi Fujimaki, es una serie cerrada de 30 tomos que Ivrea trajo a España a finales del año 2015. Se hizo muy conocida en su día gracias a su adaptación animada y fue esta fama la que provocó que Ivrea accediera a las peticiones de sus fans, que querían ver el manga publicado en castellano. En España, empezó a publicarse mensualmente, pero ya hace meses que la periodicidad pasó a ser bimestral.

Kuroko no Basket es un  spokon (manga de deportes) protagonizado por Tetsuya Kuroko, un chaval nada memorable que empieza su primer curso como alumno de instituto en Seirin, un centro nuevo que abrió sus puertas hace apenas un año. Kuroko se apunta al club de baloncesto, donde conoce a Taiga Kagami, otro alumno de primero que quiere llegar a ser el número 1 de Japón. Hasta aquí, la historia es bastante normalita. Por un lado, tenemos a un protagonista que no es ninguna maravilla jugando a su deporte favorito pero que le pone mucha pasión (a su manera, que el pobre no es un ser nada expresivo) y, por otro lado, a un aspirante a convertirse el mejor jugador de todo el país. Ahí es nada.

¿Qué es lo que diferencia este spokon del resto de mangas de baloncesto? La respuesta es sencilla. La Generación de los Milagros. Se trata de un equipo de educación secundaria compuesto por cinco jugadores excepcionales que ganaron todos los partidos que jugaron a lo largo de sus tres años en el colegio de secundaria Teiko. Insisto en lo de excepcionales y en lo literal de la parte de Milagros, como ya sabrán aquellos que estén familiarizados con esta serie. Lo que hacen esos cinco jugadores no es normal ni lo va a ver nadie en una pista en el mundo real. Por suerte para la competencia, cuando llegó el momento de empezar el instituto, decidieron ir cada uno a un equipo diferente para ver quién llegaba a lo más alto. Y ¿qué tiene que ver esta Generación de los Milagros con el equipo protagonista, el Seirin? Ellos cuentan con la leyenda de ese famoso equipo, con el Sexto Jugador Fantasma, aquel cuya identidad nunca trascendió y que usaba como arma su falta de presencia en el campo. Por si alguien no lo veía venir, me refiero a Kuroko, el protagonista del manga.

En este primer tomo se presenta a Kuroko como el Sexto Hombre de la Generación de los Milagros y a Kagami como un jugador con un potencial para vencer al antiguo equipo del protagonista. Kuroko explica que su estilo de juego, al que llaman Misdirection, es como el de una sombra. Nadie le ve, nadie le aprecia y su misión es hacer que su luz (en este caso Kagami) brille con intensidad. Por si fuera poco, hace su aparición el primer gran rival, Ryota Kise, nueva estrella del Instituto Kaijo y antiguo miembro del Teiko de la Generación de los Milagros.

Lo cierto es que hay mucha información en este tomo y lleva un ritmo algo frenético. Es una muy buena lectura para pasar un rato, aunque le falte realismo por los cuatro costados, cosa que ya se anticipa con la técnica de Kuroko y que se irá haciendo más patente según avance la historia y se conozca a más personajes.

En cuanto al dibujo, hay que decir que el estilo de Fujimaki es bastante correcto, con cabezas muy redondas y ojos muy característicos. Los de Kuroko, en especial, son muy ovalados. Las partes de los partidos están hechas de forma muy dinámica y se hace muy fácil entender en todo el momento el trayecto del balón, que suele ser lo más complicado de lograr en este tipo de manga.

Sin duda, Kuroko no Basket es una buena serie para quien quiera disfrutar del deporte de otra manera. Quien busque algo realista, eso sí, quedará decepcionado. Este manga está siendo publicado por Ivrea con periodicidad bimestral.

Me fui en noviembre, pero aquí sigo.

Lo mejor
  • Buen ritmo
  • Buena calidad del dibujo
Lo peor
  • Falta de realismo



“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.